Opinion · El desconcierto

La apuesta frentepopulista de Casado y Rivera

 En estas mismas páginas de Publico, Juan Tortosa se preguntaba: ¿qué están tramando las derechas ante la  próxima investidura de Pedro Sánchez como presidente de Gobierno? Tras observar con lucidez como Pablo Casado apremia al PSOE a pactar con Podemos y Albert Rivera hace mutis por el foro, cuando hasta hace unas semanas rivalizaban con el profeta Jeremías– en denunciar el apocalipsis que sería lo que calificaban como nuevo Frente Popular–, se interroga sobre el por qué las derechas, a la que habría que añadir la que se expresa en  la línea informativa del diario monárquico conservador La Vanguardia, parecen apostar ahora por el gobierno de coalición de Sánchez con Iglesias, en lugar de apoyar el gobierno de cooperación del PSOE con Podemos.

Es bastante sorprendente que las derechas, tanto políticas como mediáticas, intervengan en la controversia de las dos izquierdas, y lo es por partida doble cuando lo hacen dando la razón a la minoría contra la mayoría de las izquierdas. Como solía repetir el prestigioso dirigente histórico de la socialdemocracia alemana, Bebel, algo debe hacer muy mal un líder de la izquierda cuando es aplaudido, apoyado y apremiado por la derecha. Porque, es obvio, nadie piensa que esos políticos de las tres derechas, más un diario con fuerte presencia de La Caixa, se hayan reconvertido al Frente Popular, inmediatamente después de que el Frente Impopular con el que se han presentado a las elecciones, las tres derechas del 155, haya sido derrotada en las urnas.

Esta firme apuesta frentepopulista contra natura intenta darle la vuelta a la soberanía del pueblo español. Si la  amplia mayoría de la sociedad ha votado una opción de progreso, liderada por Sánchez y el resto de las fuerzas progresistas, nada mejor que tratar de romperla convirtiendo en antagónicas algunas de las contradicciones internas de la izquierda. Justo cuando la derecha lo tenía todo perdido, la crisis de los sillones, algo inédito en la historia de la izquierda, le ofrece la oportunidad de soñar hoy con la reedición del regalo del Ayuntamiento de Madrid en la Moncloa. A la vez que les proporciona una  excelente oportunidad de recuperar el electorado de centro, refugiado en el PSOE, ante las amistades peligrosas de Casado y Rivera con Abascal.

Este ¡Viva el Frente Popular!  de los históricos enemigos políticos y mediáticos de la izquierda persigue, además, reabrir algunas viejas heridas del PSOE cerradas, aunque todavía no cicatrizadas, por Pedro Sánchez. Si la anterior crisis socialista giró en torno al gobierno de coalición con el PP o Ciudadanos y con el no es no de Sánchez, ahora se busca reeditarla con la propuesta de un gobierno de coalición con Podemos, en la esperanza de que algún barón reedite igualmente aquella negativa del ahora presidente de gobierno en funciones. Así no solo se impediría hoy la investidura de Pedro Sánchez por el Congreso de los Diputados sino desautorizarle como secretario general ante el Comité Federal del PSOE.

Al coincidir la triple intervención de las tres derechas y un grupo de presión mediático en un claro apoyo al gobierno de coalición en lugar de cooperación, se buscaría contrastar la supuesta firmeza de Casado y Rivera ante Vox con la actitud de Sánchez ante Podemos. Se acusaría al PSOE de ceder al populismo morado, el sillón de  Pablo Iglesias, lo que la derecha niega al nacionalpopulismo de Abascal. Lo que al mismo tiempo dificultaría a la extrema derecha protestar contra su exclusión en la misma medida que obstaculizaría la operación «vayamos al Frente Popular» de las tres derechas. Nada mejor que un enorme espantapájaros, el frente populismo, para poder espantar a las clases medias ya espantadas por el neoliberalismo.

Finalmente, por orden que no por importancia, la sólida apuesta frentepopulista de los Casado, Rivera, Abascal y el conde de Godó contribuye a no discutir sobre un programa social concreto que es lo que les inquieta. Reventar bien en el embrión, gestación o parto, el gobierno progresista de Sánchez es hoy la preocupación número uno de los que vienen gobernando desde 1939. Quebrar el horizonte de un gobierno de colaboración de la izquierda, el primero tras la guerra civil, con ayuda de los demonios familiares de la propia izquierda es la tarea prioritaria del PP, Cs, Vox y  La Vanguardia. Pese a que el diablo como la derecha niega siempre su existencia, como sostenía Simone de Beauvoir, el olor a azufre de Pablo Casado, Albert Rivera, Santiago Abascal y el conde de Godó es insoportable.