Opinion · El desconcierto

Una buena cosecha progresista

Antes de que decida hoy responder definitivamente a las 370 propuestas presentadas ayer por Pedro Sánchez, Pablo Iglesias debería tener presente una acertada reflexión del chambelán de Carlos V, monsieur de Bercel, que aconsejaba así al emperador: Dios da a cada hombre una buena cosecha en su vida, que si no sabe recogerla corre el riesgo de no volver a ver otra. No se puede definir mejor el amplio paquete de medidas elaboradas desde la Moncloa, que se suman a las planteadas por Unidas Podemos y a las recogidas de los diversos colectivos sociales durante este agosto, y que implican a pensionistas, trabajadores, mujeres, jóvenes, así como a todos los profesionales de la Sanidad y la Enseñanza Pública. Una excelente cosecha de objetivos que pueden beneficiar a la inmensa mayoría de la sociedad.

Tanto es así que el propio líder de Podemos reconoce que le suena bien la música, antes de relativizarlas y catalogarlas de promesas, como si las suyas, o las de cualquier grupo político, pudieran ser algo más que eso, promesas; o como si la biografía de los morados incluyera el currículum de Carrillo, Anguita o Frutos para poder ejercer hoy como avalistas. Se hubieran dado con un canto en los dientes, tanto el histórico dirigente comunista como los dos candidatos de Izquierda Unida, si González les hubiese propuesto en su día la mitad de lo que hoy ofrece Sánchez a Iglesias. Porque no es sólo cuestión de música, sino de partitura. Cabe, por supuesto, mejorarlas, pero no rechazarlas, porque no se tiene asiento en la orquesta de la Moncloa.

La penúltima lección política del profesor Boaventura de Sousa Santos, referente intelectual de Podemos junto con Ernesto Laclau, es meridiana: el maximalismo de pelear por estar en el Gobierno no tienen ningún sentido. Tiene sentido, por el contrario, luchar por programas comunes defendidos en el Parlamento. La izquierda, tanto nacional como internacional, es completamente ajena a la cultura del profesor Jesús Fueyo, ideólogo del Movimiento Nacional, que alentaba a los jóvenes profesores ambiciosos de seguir el camino del profesor Fraga, joven ministro de Franco, con su irónico, «ministro, aunque sea de marina». Ni tampoco está nada claro, sino todo lo contrario, la rentabilidad política de tal obsesión.

Todas las fuerzas progresistas españolas tienen un buen punto de partida, las 370 propuestas de Pedro Sánchez, que abren un amplio abanico de posibilidades. En la medida que vayan concretándose podrán superar, tal vez, el pésimo clima político existente entre las dos principales fuerzas de izquierda. Por grande que sea el mutuo recelo, vale la pena intentar el riesgo de recorrerlo. A nadie, desde una perspectiva de progreso, le interesa lo contrario. Ni tampoco tratar de resolver la desconfianza con un gobierno inestable formado al grito, no votemos que es peor. Ese sería el camino más rápido, como no tardará en verse en Italia, para caer en el peligro que se trata de evitar.

Las relaciones entre el PSOE y Podemos, heredadas de la ruptura prematura habida en el socialismo español con las 21 condiciones de Lenin, nunca pueden ser enfocadas desde el subjetivismo e infantilismo como si se tratara de un combate de boxeo, una serie de juego de tronos o un cinematográfico duelo al sol. Responden a profundas coordenadas sociológicas, políticas e ideológicas con casi un siglo de vigencia que pronto se cumplirán en 2020. Ni Podemos va a dar el sorpasso, ni el PSOE a monopolizar toda la izquierda. Las contradicciones de hoy no son superiores a las de 1975, 1936, 1931, 1924 o 1917, y las diferencias de entonces no impidieron un programa común democrático apoyado por toda la izquierda.

Tampoco las impedirán hoy. Si políticamente alguien comete el error de no recoger esta buena cosecha, no puede caber duda alguna de que sociológicamente será recogida más tarde a través de las urnas. Gorbachov, días antes de entrevistarse con Reagan, señaló: voy a hacerle el peor regalo, dejarle sin enemigo. Algo análogo acaba de hacerle Sánchez a Iglesias con sus 370 propuestas sociales. Seguro que serán insuficientes e incompletas; pero son las que hoy demandan la mayoría de los españoles. No están todas las que son, pero sí son todas las que están. La conclusión es aplastante. O estas propuestas configuran un programa común progresista, suscrito por el PSOE con Podemos, para sacar adelante la investidura de Pedro Sánchez, o serán la base del programa electoral del PSOE para las elecciones del 10 de noviembre.