Opinion · El desconcierto

La primera rebaja de Iglesias

Ya estamos en el último minuto de una investidura fracasada y Sánchez, contra lo que preveían los asesores aúlicos de Iglesias, a no confundir con el actual eficiente secretario de Comunicación de Podemos, repite una y otra vez programa, programa y programa. Pero voluntaristas y subjetivistas de pura cepa, aprovechan ahora los sesenta segundos para presentar las propuestas imaginativas para, dicen, evitar las elecciones generales. La nueva ocurrencia, no se puede calificar de otro modo esta disparatada propuesta, radica en un gobierno de coalición de un año que, tras la previa aprobación de los Presupuestos Generales del Estado, sea evaluado y si la cata resulta negativa, los ministros morados abandonarían los ministerios.

Ministros, aunque sea por un año, es la rebaja de otoño que se ofrece tras haber asegurado que a Sánchez no le quedaría más remedio que aceptarlos por cuatro años.  Algo así como una fórmula mixta que salve la cara de todos los negociadores. Un gobierno de coalición durante doce meses, un programa progresista común los treinta y seis meses restantes. O sea, no pierde Podemos, tampoco pierde el PSOE. Es decir, sin ninguna de las ventajas de las dos opciones de gobierno y con todas las desventajas de una coalición limitada y un programa sin credibilidad alguna tras un largo año gubernamental fallido. Nada desprestigiaría políticamente más al PSOE y UP que este cambalache.

El pretexto, como no no podía ser de otro modo, es el miedo a las urnas. Mucho mejor una mala coalición, se viene a sugerir, que la convocatoria electoral. Aunque es cierto que las elecciones irritan a la ciudadanía, que acaba de votar, olvidan que la  urgente necesidad de estabilidad es bastante superior a la irritación provocada por la nueva clase política . No deja de ser curioso, por otra parte, que todos los que podrían evitarla no adoptan las decisiones pertinentes sino que, erre que erre, persisten en no corregir todo aquello que conduce a la senda electoral.  Tanto que, incluso, se presenta el  doble ejemplo de Italia e Inglaterra  -donde las elecciones no se convocan por el previsible triunfo de Salvini y Johnson–, como si España o Portugal, que acude a las elecciones el próximo 6 de octubre, pudiesen correr algún riesgo votando, cuando en Madrid y Lisboa no hay ninguna opción contraria a la Unión Europea.

No sé si es puro azar o no, pero la respuesta negativa de Pedro Sánchez casi calca la que daba el dirigente del Bloco de Esquerda lusitano, Francisco Louça,  en una entrevista publicada estos mismo días en Contexto:  «La izquierda no quiso participar en el gobierno  (del socialdemócrata Antonio Costa) y el Partido Socialista tampoco lo quería. La izquierda no lo puso como condición porque entrar en el gobierno exige mucha más homogeneidad, mucha más confianza, mucha más convergencia y mucho más trabajo.» Cuatro condiciones  políticas que la Moncloa repite  como un mantra: confianza, cohesión, homogeneidad y dirección. Lógico, por otra parte, dado que Sánchez sigue la estela de Costa.

Desde ayer estamos en tiempo de descuento. Tras la visita de la presidenta Meritxell a Felipe VI se abre el periodo de consultas a los líderes de los partidos políticos que terminará el próximo martes.  Hasta entonces aún cabe la posibilidad de un pacto entre el PSOE y Unidas Podemos, sobre la base de un programa común de las fuerzas progresistas, que continúe la satisfactoria experiencia de colaboración gubernamental iniciada tras la moción de censura contra Rajoy. Puede que haya sido bastante insuficiente e incompleta, pero no por ello hay que interrumpirla. Es legítimo plantearse su superación, aunque si no se consigue   romperla no es la mejor política progresista.

Terminados los últimos sesenta segundos de Pablo Iglesias la convocatoria electoral es inminente, salvo que en una segunda rebaja Podemos vuelva a reinstalarse en la realidad del programa común.  Si septiembre mantiene la imprudencia de los políticos, se impondrá la prudencia de las urnas de otoño. Portugal que vota el 6 de octubre, España que probablemente votará el 10 de noviembre , son ahora mismo las dos principales experiencias progresistas en toda una Unión Europea azotada por el populismo, el aventurerismo y el subjetivismo. No puede ser casual que sea en Lisboa y Madrid donde se combate a la imprudencia política en las elecciones generales, mientras que en Roma y Londres tienen que cerrarse  hasta las urnas para que las fuerzas imprudentes no triunfen electoralmente. Nada ayuda más a la sensatez, moderación, cautela y prudencia de una sociedad que el haber pasado largas décadas bajo la dictadura de Franco y Salazar.