Opinion · El desconcierto

El primer anticipo del 10 de noviembre

A casi un mes de que se abran las urnas del 10 de noviembre ya hay indicios más que suficientes que indican que sus resultados no serán un mero calco de los habidos el 28 de abril. Quienes han repetido desde el verano que las nuevas elecciones eran tan innecesarias como ásperas y tristes, justo los mismos que mantuvieron el  total bloqueo a la formación de un gobierno progresista, empiezan a ver que estos tres adjetivos funerarios solo reflejan su propia frustración por no haber torcido el pulso de Pedro Sánchez que daban por retorcido en sus sueños de  verano. Con razón escribía Lawrence de Arabia que los peores sueños eran los que se soñaban despiertos por la imposibilidad de despertarse.

El mapa político no va a ser el mismo antes que después del 10 de noviembre. No podía ser de otro modo dada la enorme frivolidad e irresponsabilidad con la que actuaron los que bloquearon a la fuerza política que había vencido el 28 de abril. Ese espectáculo representado a lo largo de cinco meses, en los que brillaba por su ausencia la más mínima controversia política, empieza hoy a pasar factura a quienes entraban y salían a escena, una y otra vez, lanzando desafíos, amenazas o chantajes. Ha bastado la convocatoria electoral para que en octubre, sin necesidad de esperar a que se cierren las urnas, pueda presentarse ya el primer anticipo del 10 de noviembre. No pueden ser más desalentadores para los jeremías que deseaban una copia del 28 de abril.

La derecha que se peleaba ayer por ver quien le daba la mayor bofetada a Pedro Sánchez se pelea hoy por ver quien le besa más y mejor. Pablo Casado rehabilita al marianismo al incorporar a su staff a Ana Pastor, Rajoy al lado de González pide un gobierno de coalición PP-PSOE para evitar un gobierno progresista olvidando que hoy Felipe no es nadie en el nuevo PSOE; la veleta de Albert Rivera, de tanto girar, no sabe donde está situada y el propio líder de Vox, Santiago Abascal, recupera la identidad neofranquista abandonando aquel populismo de derecha de Steve Bannon. Será después del 10 de noviembre, cuando probablemente se inicie la recomposición política de toda una derecha desnortada por la corrupción, el juego de tronos del Ibex y la devoción por el Caudillo.

Es, sin embargo, en la izquierda social donde la orografía política va a registrar mayores cambios. La  irrupción de Iñigo Errejón, todavía no registrada rigurosamente por  las encuestas, empieza a quebrar ya la  anterior correlación de fuerzas entre la izquierda socialista y la izquierda no socialista. Unidas Podemos acelera su ritmo de caída en los sondeos electorales al  mismo tiempo que el PSOE disminuye su subida. Electoralmente, pero no políticamente, porque Más País casi reproduce hoy en España las posiciones del Bloco portugués sobre la elaboración de un pacto programático para poder formar un gobierno progresista. El pulso entre Sánchez e Iglesias ya no es únicamente una confrontación política entre el PSOE y Unidas Podemos sino, sobre todo, un debate interno de la familia morada de la que se reclaman tanto Iñigo Errejón como Pablo Iglesias.

Estamos solo ante el primer adelanto del 10 de noviembre. Antes de que se abran las urnas conoceremos nuevos anticipos acelerados por la publicación de las encuestas que reflejen que el mapa de ayer no es el de hoy ni será el de mañana.Tanto en la derecha, de vuelta al marianismo-rajoyismo, como en la izquierda mal partida por la mitad, impulsarán, con seguridad, las nuevas tendencias nacidas al calor del fracaso de los que bloquearon durante cinco meses la formación de un gobierno progresista. Y nada más que termine la próxima campaña electoral, en la que aún subsistirá el numantinismo de algún que otro Viriato, la recomposición de la izquierda cobrará la misma dimensión de la que ya se empieza a evidenciar en toda la derecha.

El fin de una ilusión se convierte, inevitablemente, en una fuente de desilusión. La que hoy mismo planea sobre los espacios electorales machacados continuamente por la doble ilusión en la derecha, el pacto de Sánchez e Iglesias, y en la izquierda, el pacto de Sánchez con Rivera. Unos ansiaban tanto el acuerdo PSOE-UP como los otros el acuerdo PSOE-Cs. Sería la prueba del frentepopulismo a presentar a los electores de la derecha, sería la prueba de la traición socialista a presentar a los electores de la izquierda. Esas simultáneas e idénticas ilusiones de quienes bloquearon es la doble desilusión que hoy acecha a través de las urnas. En este otoño, el 10 de noviembre, recogerán la mala cosecha de lo que sembraron en el verano. Lo que recogen hoy no es más que un anticipo.