Opinion · El desconcierto

La Vox de Franco

Franco, a punto de salir del Valle de los Caídos, tras el aval del Tribunal Supremo a la decisión del gobierno de Sánchez, regresa de la mano hábil de Santiago Abascal como se acaba de ver en el reciente mitin multitudinario de Vistalegre. Cuando se daba por muerta a Vox, vuelve a resurgir en el inestable mapa político español. Ahí están los sondeos que señalan que las urnas del próximo 10 de noviembre podrían otorgarle alrededor de 28 escaños. Cuatro más de los que había conseguido el pasado 28 de abril. Con un discurso neofranquista, que recoge los ejes ideológicos del dictador, empieza a penetrar en el amplio espacio de una derecha que hoy no es franquista, pero sí lo fue ayer.

Así se explica que la presidenta de Madrid hable del incendio de iglesias en Madrid, y que su vicepresidente, el ciudadano Aguado, se sume a esta recuperación del peor franquismo. Declaraciones que ni Pablo Casado, ni Albert Rivera, todavía no han rectificado. O que guarden igualmente silencio cuando uno de sus socios, con el que gobiernan en Madrid y Andalucía, vuelve a llevar al paredón moral a las 13 Rosas asesinadas al final de la guerra civil. Por no hablar del ex-ministro Fernández Díaz apoyando al prior que fue falangista antes que fraile. Vox tiene  hoy bula del PP y Cs, porque no son pocos los sectores sociales de la derecha disgustados por el traslado de los restos del dictador al cementerio del Pardo, lo que les hace bastante sensibles a la Vox de Franco justo cuando van a abrirse las urnas del 10 de noviembre.

No es fácil para Casado integrar en Génova a Ana Pastor, de la facción Rajoy, tras ponerle un bozal a Cayetana Alvarez de Toledo, de la facción Aznar, a la vez que mantiene a raya a Santiago Abascal. Mucho menos lo es para Albert Rivera tras perdonar la vida a Pedro Sánchez. Ni uno ni otro pueden chocar con Vox, puesto que gobierna con ellos en la comunidad andaluza y en la madrileña. La interrogante es peliaguda para el Partido Popular y Ciudadanos. ¿Cómo es posible enfrentarse al neofranquismo si se gobierna con el neofranquismo y, además, una parte de su electorado se siente atraído por el discurso de Abascal? Al fin y al cabo, Vox es hoy la Fuerza Nueva de ayer. Sólo que mucho más potente.

Si parece indudable que Pedro Sánchez salga victorioso de las urnas del 10 de noviembre, la pregunta sobre la que cabalga Vox es: ¿para qué votar al PP que no va a gobernar, si cabe sustituir este voto inútil por un voto popular que rechace la exhumación de Franco? Reflexión que puede encontrar hoy muchos oídos atentos en una derecha desnortada por los continuos giros del Partido Popular y Ciudadanos. Casado llegó ayer de la mano de Aznar, hoy quiere mantenerse de la mano de Rajoy, y vaya usted a saber si no querrá mantenerse mañana de la de Pedro Sánchez. En cuanto a Albert Rivera, ha demostrado ser la encarnación de una veleta política que gira sin cesar. Ninguno de estos dos líderes dispone de autoridad, mucho menos de credibilidad.

Politiquería y politicastros, agitación catalana y el problema de Gibraltar, las tres coordenadas ideológicas del franquismo, se perfilan hoy en esta campaña electoral. El impresentable vodevil político de este verano recupera la denuncia de la partitocracia, la sentencia del Tribunal Supremo reaviva la histórica cuestión catalana y el Brexit plantea la soberanía de Gibraltar. En una sociedad como la nuestra, tan intensamente trabajada por la ideología de la dictadura a lo largo de cuarenta años, no es nada extraño que el discurso de Vox encuentre campo abonado. Sobre todo en una derecha como la española que siempre, al contrario de la europea, se ha negado a condenar la dictadura de Franco como se condenó las de Hitler y Mussolini.

Vox aparece tentado por las experiencias de Le Pen en Francia y Salvini en Italia. Hay que recordar que solo cuando ambas fuerzas políticas se separaron del resto de la derecha francesa e italiana, encontraron  su propia personalidad. Ese giro es el que ha empezado a dar Santiago Abascal, consciente del precio pagado por ir de la mano de Casado y Rivera. Que hoy Vox aparezca en las encuestas por delante de Ciudadanos es bastante sintomático de este coste, puesto que Rivera, ahora en caída, es el que vetaba a Abascal, ahora en ascenso. Una vez cerradas las urnas del  próximo 10 de noviembre, Ciudadanos empezará a recorrer el camino del UPyD de Rosa Díez, a la vez que el Partido Popular constatará como la Vox de Franco ha contribuido a frenar su subida.