Opinion · El desconcierto

La última esperanza de Casado

Las encuestas no se equivocan en las tendencias que marcan aunque puedan equivocarse en los escaños. La tendencia en la que se refiere a los resultados electorales del 10 de noviembre deja claro que Sánchez gana pese al avance de Casado que recoge junto con Abascal el hundimiento de Rivera. A partir de estas urnas legislativas no queda otra opción de gobierno posible que no sea la de los partidos progresistas. A Pablo Casado solo le resta la esperanza de que, desde las fuerzas progresistas, se vuelva a repetir el gravísimo error  de creer más importante la propia presencia  en el Consejo de Ministros que el programa de gobierno. Si en este septiembre se le ha dado al Partido Popular la posibilidad de corregir el pasado del  28 de abril, ¿ por qué no se la van a volver a dar para rectificar el  10 de noviembre? Es la última esperanza que comparte con Santiago Abascal.

Casado avanza, pero no lo suficiente. Lo que le quita a Rivera se lo roba Abascal.  Ni su postura con los restos del dictador Franco, ni con la movilizaciones de la mitad de la sociedad catalana, suscitan unanimidad entre sus electores. Una buena parte de ellos observa irritado que no afronta con beligerancia la cuestión de la exhumación, otra le ve algo tibio con Cataluña y no faltan quienes escuchan con agrado a los  que sugieren, entre otros González y Rajoy, un acuerdo con Pedro Sánchez. Así quienes buscan hoy una alternativa, bien sea de derecha o de centro derecha, no la encuentran.  Llegado de la mano de Aznar,  pretende consolidarse de la mano de Rajoy, mientras ni aplica la política del primero ni tampoco la del segundo.

No cabe intentar ser Aznar revestido de Rajoy, como intenta Casado cuando, sobre todo, carece del liderazgo del primero y la solvencia del segundo. El eje de estas elecciones no es, como cree el actual líder del PP, una  mera cuestión de orden sino el dilema entre democracia y autoritarismo. El líder del PP nunca se atreve a elegir, a la vez que mantiene un pie en una y otra opción esperando que el tiempo, como  solía decir el dictador Franco, decida por él. Pedro Sánchez encabeza hoy una alternativa democrática, Pablo Casado oscila entre una mala traducción conservadora de la firme postura del PSOE y un discurso atiplado de Vox, como si diera la razón a Abascal cuando le califica como la derecha cobardita.

A unos pocos días del comienzo de la campaña electoral da toda la sensación, ante la crónica anunciada del éxito de Sánchez, que lo que va a dirimirse el 10 de noviembre son unas primarias de la derecha española. Vox es una voz potente y se presenta como esa derecha sin complejos que siempre ha pedido Aznar, Pablo Casado ni con barba se atreve a presentar una derecha anclada en el centro derecha. Tampoco podría si quisiera, dado que gobierna con la extrema derecha de Vox en Andalucía y en Madrid. No existe hoy ninguna fuerza política de derecha en toda la Unión Europea que vaya aliada con una formación contraria a la Constitución. ¿ Cómo piensa que una parte de la sociedad española, que acaba de expulsar del Valle de los Caídos a Franco, va a votar su vuelta encumbrando o a un PP que camina con Vox ?

Alberto Garzón, que acaba de declarar en el diario El País que «estamos condenados a entendernos con el PSOE pese a todo lo que decimos», e Iñigo Errejón, que apuesta por su contribución a un gobierno progresista subordinando el sillón al programa, reducen la última esperanza de Pablo Casado a sus  mínimas proporciones. Tras los resultados del 10 de noviembre, sean los que sean, no parece nada fácil que alguien se atreva a cuestionar la unidad progresista en torno a un gobierno de Sánchez. Otoño borrará aquella vergonzosa imagen del pasado verano en que se perdió la posibilidad de continuar en la senda votada por la mayoría del pueblo español el pasado 28 de abril. De este error es obligado extraer las lecciones pertinentes.

Derrotar en las urnas esa nostalgia preconstitucional de  Casado es una necesidad vital para la buena salud democrática de la sociedad española. Cuando se pretende reducir el Estado de las Autonomías a los Coros y Danzas de Franco, aprovechando el conflicto catalán, se está dando el primer paso para mañana recortar otras libertades, si la derecha lograse que volviéramos al crudo invierno de 1975–1976 cuando lo intentaron bajo el gobierno de  Arias Navarro. Entonces fueron derrotados con una amplia  movilización social que obligó al Rey Juan Carlos a liquidar esta primera tentativa preconstitucional , ahora son las urnas de este próximo 10 de noviembre las llamadas a barrer el nuevo autoritarismo e involución encarnado por Casado que anida el huevo de la serpiente de Vox.