Opinion · El desconcierto

El pulso de Junqueras

¿Se arriesgará Oriol Junqueras a votar junto a Casado, Arrimadas y Abascal contra la investidura de Pedro Sánchez? Es la pregunta que se hacen en Madrid los constitucionalistas. ¿Está dispuesto Sánchez a arriesgar la Moncloa?, se preguntan hoy también en Barcelona los soberanistas. Un pulso muy parecido al de este verano. ¿Se decidirá Iglesias a votar junto al PP, Cs y Vox?, ¿se atreverá el PSOE a perder el poder? Ahora, en noviembre, como ocurrió en julio con Podemos, la respuesta a estas dos primeras interrogantes, determinará si hoy Esquerra Republicana acordará con el PSOE su abstención en la inminente votación sobre la continuidad o no del actual presidente en funciones. La  anunciada consulta a los militantes de ERC , algo más que un aviso de Junqueras, exige una respuesta sobre si la Moncloa acepta una mesa de diálogo sin vetos ni exclusiones.

Junqueras recurre a la doctrina Iglesias, recién patentada por el líder morado durante la crisis de los sillones, a la hora de presionar a Sánchez. El éxito de la presión de la izquierda populista, a la hora de convertir a su líder vetado en vicepresidente in pectore, anima a la izquierda soberanista a la hora de lograr que sus exigencias sean igualmente aceptadas. Sentado el precedente de que presionando a Sánchez con nuevas elecciones cabe que acepte lo que ayer negaba, ERC calcula que por qué no va conseguir lo que consiguió Podemos. No es retórica. Probablemente, la consulta interna busca elevar el coste de la abstención que se negocia hoy discretamente. ¿Por qué la subida de precio?

Hoy menos que nunca puede Pedro Sánchez aceptar unas terceras elecciones que jamas aceptaría como tampoco las aceptó el día después de las de noviembre, cuando firmó el pre-acuerdo con Podemos. La sentencia sobre los ERES, la primera de una larga ristra de sentencias, es demoledora para Sánchez, ajeno por completo al viejo socialismo que derrotó en las primarias, como para todo el PSOE. Baste señalar que si se hubiese hecho pública justo antes del 11 de noviembre, ya no seguiría en las mismas manos la Moncloa. Sin una catarsis en la federación andaluza, que barra toda la amplia y podrida estructura sobre la que asienta el PSOE andaluz, sería una insensatez acudir a las urnas. O Sánchez aborda el pacto con ERC o se suicida.

Los ERES se llevan también por delante la posibilidad, esbozada la pasada semana por Núñez Feijóo, de que el PP pudiera abstenerse en la investidura de Sánchez si ERC se enrocara. Ni puede seguir con esta oferta, ni tampoco quiere. La mera perspectiva de unas terceras elecciones, en las que se beneficiaría tanto de la corrupción del viejo PSOE como de la evaporación de Ciudadanos, le volvería a convertir en una alternativa de gobierno si se abriesen nuevas urnas. Ni Casado puede permitirse pensar siquiera esta opción por muchas presiones que reciba de los que intentan obligarle a echar una mano política a Pedro Sánchez si se cumple el ultimátum de Junqueras. O la Moncloa aborda ya el pacto con ERC o no puede retroceder, ni habrá quien la ayude.

Tras la insensata maniobra de Zapatero, que engañó en su día al entonces dirigente republicano Carod Rovira, llueve sobre mojado sobre quien como Junqueras, además, dirige el diálogo desde una celda de Lledoners. No cabe esperar que exista ahora, por lo tanto, ni la más mínima confianza mutua entre la izquierda soberanista y las dos izquierdas españolas. Sin unas garantías política muy precisas , parece complicado y harto difícil que ERC se abstenga por mucho que ese sea el evidente deseo de Oriol Junqueras, Tardá y Rufián. Al fin y al cabo, Esquerra Republicana tiene que estar tan atenta a la derecha catalana como el PSOE y Podemos lo están a la derecha española. Desde aquel setiembre negro de 2017, no existe ni un solo interlocutor válido en Madrid.

La única, frágil, débil y tenue esperanza de que se llegue hoy a un acuerdo es que Sánchez y Junqueras traten de evitar que se cumpla el temor expresado por Rufián en julio, durante la larga crisis de los sillones en el Congreso de los Diputados, cuando pronosticaba que todos se arrepentirían si no se pactaba una salida democrática. Pero no se detecta por ningún lado, ni por ninguno de los actuales actores, el examen de conciencia y el firme propósito de enmienda que debe acompañar siempre, según los dos  catecismos de los padres Astete y Ripalda, a todo arrepentido. Hoy por hoy no se observa más que el deja vu del pulso de Junqueras  sobre Sánchez en espera de ver si la Moncloa cede como cedió con el pulso de Iglesias.