Opinion · El desconcierto

Las bofetadas a Rufián

Gabriel Rufián evoca la triste figura del payaso que recibe todas las bofetadas de la novela de Andreiev. Desde que los trece escaños de Esquerra Republicana son condición sine qua non para la próxima investidura de Sánchez, los adversarios del preacuerdo del PSOE con Unidas Podemos le han colocado en el punto de mira. Sería lógico si ERC se hubiera negado a reeditar complementando dicho pacto, de la izquierda socialdemócrata con la izquierda populista, con uno nuevo que puede surgir de las dos izquierdas históricas española y catalana; pero no es así si nos atenemos al inicio ayer mismo de las históricas conversaciones entre los dos primeros partidos de España y Cataluña que permita en diciembre investir al hoy presidente en funciones.

Quienes abofetean a Rufián saben mejor que nadie que la postura de ERC es claramente abierta al diálogo político con el mínimo de exigencias posibles que faciliten el reencuentro entre Cataluña y España. Las acusaciones sobre separatismo, sacadas del baúl de los estereotipos franquistas de la derecha, son sencillamente ridículas. ERC es hoy el mejor y más eficaz aliado de las fuerzas democráticas para encauzar un conflicto histórico reflotado por la insensatez de Zapatero y la  indolencia de Rajoy. No desconocen la responsabilidad de Rufián porque las probables cesiones de ERC se convertirían en votos para Torra tras las próximas urnas catalanas y la Generalitat  se mantendría en manos de JxCat, que rectificaría al alza el compromiso de diálogo entre los gobiernos que alcanzaran PSOE y ERC .

Las bofetadas que recibe Rufián van dirigidas a Pablo Iglesias. No es ERC sino Unidas Podemos la única destinataria política de todas estas invectivas. Cataluña no es más que el pretexto para intentar que no cuaje el preacuerdo de Sánchez e Iglesias. No es la cuestión territorial el primer problema– ningún soberanista catalán imita hoy a Puigdemont–, sino la cuestión social ante la recesión que avanza con botas prusianas de siete leguas. Nada les alarma más que la retórica populista de Unidas Podemos, a pesar de que,  muy al contrario del discurso de clase del PCE de Santiago Carrillo, no tiene la influencia en el mundo del trabajo ni en el sindicalismo que tuvieron entonces los comunistas ¿Quién puede controlar la reacción de los trabajadores a la crónica de nuevos recortes sociales anunciados dictados por Berlín vía Bruselas ?

Ante la imposibilidad de que Sánchez e Iglesias se divorcien antes de casarse, no les queda más opción política que la de agitar bien el espantapájaros catalán para intentar impedir que se consume dicha unión. Al serles imposible la división de los diez millones de votos que apoyan a las dos izquierdas españolas se recurre, una vez más, a la separación de la izquierda catalana de las españolas a través de las históricas contradicciones territoriales sobre las que también trabaja electoralmente JxCat. La reciente votación en el Congreso de los Diputados sobre el decreto ley de Sánchez -PSOE por el sí, UP por la abstención y ERC por el no- marca hoy el rumbo político de todos los que buscan hundir antes de que pueda flotar, o una vez flotado, el nuevo gobierno de Sánchez.

Es una necesidad vital para todos los adversarios de la unidad de la izquierda socialdemócrata con la nueva izquierda populista, que la izquierda soberanista quiebre ahora mismo las patas de la mesa del diálogo. Necesitan que se cree el clima propicio para que el PSOE pueda separarse de Unidas Podemos al mismo tiempo que el Partido Popular se separa de Vox para confluir en un  espacio  distante de UP y distinto de Vox que haga frente a la doble cuestión territorial y  cuestión social desde posiciones alejadas de ambas siglas. Ese 2 x 1 es el que explica que Rufián reciba las bofetadas que todavía no puede recibir Pablo Iglesias mientras ERC pueda apuntalar a  Pedro Sánchez. En vez de saludar el espíritu dialogante de ERC, necesitan que en Barcelona compitan con JxCat en el maximalismo soberanista.

No es hoy el soberanismo catalán, sino la soberanía popular de los españoles, consagrada en el artículo segundo de la Constitución, la que inquieta a los que abofetean a Iglesias en la cara de Rufián. Dado que las urnas del pasado 10 de noviembre han desembocado en el actual preacuerdo del PSOE con Unidas Podemos, se intenta darle la vuelta al voto mayoritario de la sociedad española justo en unos momentos en que se aproximan serios recortes sociales que van a golpear mañana a las clases medias y trabajadoras. Es por ello que hoy dicen Rufián cuando quieren decir Iglesias. Porque esperan que con la presión in crescendo se acabe presentando un ultimátum a ERC que deje sin turrón de la Moncloa a Unidas Podemos.