El desconcierto

Dolores Delgado, la punta del iceberg

¿Qué ha hecho Dolores Delgado para merecer el varapalo que le acaba de dar el Consejo General del Poder Judicial? Siete votos en contra de nombrarla como Fiscal General, ninguna referencia a su idoneidad para el citado cargo, más los próximos votos particulares y concurrentes que si referirán como se han referido sobre los cuatro fiscales nombrados con anterioridad bajo el mandato de Carlos Lesmes. Nada indica que esta jurista sea más o menos independiente que los vocales del Consejo, ni mucho menos de su presidente que lleva casi un cuarto de siglo rotando en puestos judiciales nombrados por el PP. Ni nadie ignora que esta bofetada en el rostro de la nueva Fiscal General va dirigida por poderes a la cara del presidente Pedro Sánchez por quienes vienen preparando el empapelamiento  del presidente del Gobierno. Dolores Delgado no es más que la punta del iceberg.

Quienes ayer empapelaron a Carles Puigdemont y Oriol Junqueras, reconvirtiendo un delito de desobediencia en rebelión, se  plantean hoy reeditar el procesamiento del presidente de la Generalitat con el presidente del Gobierno. Ya anunció Pablo Casado que podría presentar una denuncia por prevaricación, aunque por el momento bien es verdad que no la ha presentado esperando, probablemente, que el conflicto de poderes alcance su punto de ebullición. En la lógica preconstitucional tan delincuente es el separatista como quien no lo combate con el derecho penal. Del baúl de los recuerdos familiares sacan estos togados el léxico rojoseparatista que usan a la hora de proscribir la política democrática.

Celestinos de Aznar, alcahuetes de Casado y correvediles de Abascal esperan a Sánchez a la vuelta de la Mesa de Diálogo con los soberanistas catalanes. El fino fru-fru de los redichos togados patriotas se remueve excitado ante el sueño de empurar a Pedro Sánchez como camino de liquidar por la vía civil el gobierno socialista del PSOE. Su dilema es sencillo: si  Pedro Sánchez no pacta con los republicanos será Esquerra Republicana quien lo hará caer, si pacta, será el Partido Popular quien lo derribará judicialmente. La brigada de la carcoma togada está a pleno rendimiento mientras aguarda con impaciencia que los soberanistas se pongan ellos mismos la soga judicial al cuello.

Les corre prisa calentar Cataluña después de haber comprobado como Sánchez ha cerrado el otro frente con el que intentaban completar su cerco y derribo. La mano invisible del mercado no va a abofetear a la Moncloa tras comprobar el diseño del nuevo gobierno e incluso es bastante probable que pueda acariciarlo. Así que la batería del frentepopulismo es pólvora mojada y no tienen hoy más opción que la de enfrentar al Estado contra el Gobierno socialista. Para lo que es imprescindible utilizar el amplio equipo jurídico habitual del PP que, por casualidad, se encuentra bien instalado en el Tribunal Supremo  a su vez elegido por el Consejo General del Poder Judicial.

Como ya no estamos en los tiempos de Spengler ya no es un pelotón de soldados sobre el que descansa hoy la sociedad, sino sobre un pelotón de puñetas judiciales. Que puede interpretar pro domo sua de Casado cualquier acuerdo político sobre una consulta legal a los catalanes como violación de la Constitución. La cuestión no reside en el derecho de autodeterminación, que como señala Aitor Esteban no es admitido ahora en la sociedad española, sino en una más que probable interpretación torticera, a la que tan aficionados son los leguleyos, que pueda hacerse de una consulta democrática. Servirse del Estado de Derecho para que la derecha termine con la soberanía popular.

Desde el 11 de noviembre el insomnio ha cambiado de bando. Ya no reside en Ferraz sino en Génova. Quien hoy duerme cada vez menos es Pablo Casado. La derecha económica le pone los cuernos políticos, la derecha social se fuga progresivamente hacia Santiago Abascal. E incluso la brutal demagogia contra Cataluña es un bumerán para el Partido Popular ya que la rentabiliza muy bien Vox. Empieza a encontrarse como se encontró Manuel Fraga tras la primera victoria de González. En muy poco tiempo Antonio Hernández Mancha le dio el pase de la muerte política. O asalta la Moncloa con la rebelión togada o los cien días de gracia de Sánchez, que no los tiene ni los va a tener, acabarán siendo los cien de desgracia de Casado.