El desconcierto

¿Por qué Sánchez se lleva la bofetada dirigida a Xi Jinping?

Barcelona no puede celebrar el Mobile World Congress por el coronavirus, mientras que Amsterdan, Singapur, París, Ginebra y Jerusalen sí celebran otros congresos internacionales en las mismas fechas que la capital condal se ha visto obligado a cancelarlo. Pese a que las vicepresidentas política y económica del Gobierno y el ministro de Sanidad han desmentido toda duda sobre la excelente sanidad pública española, alguien poderoso, por razones e intereses desconocidos, parece interesado en retomar la afirmación de que Africa empieza en los Pirineos. No se sabe el motivo por el que España debe ser la excepción de la regla válida en Holanda, Singapur, Francia, Suiza e Israel.

¿Por qué Sánchez se lleva la bofetada del Mobile World Congress dirigida al presidente chino Xi Jinping? Es la interrogante precisa que se hacen no pocos observadores internacionales, ateniéndose a la lucha por los mercados de las empresas estadounidenses con las empresas chinas en la que Huawei va por delante de las californianas. No es más que una hipótesis, por supuesto, pero los que conocen bien las entrañas de esta dura competencia, empresarial a la vez que estatal, sospechan que el coronavirus ha sido el pretexto idóneo para poder suspender un Congreso en el que se volvería a evidenciar que China va muy por delante de los Estados Unidos. El propio Xi Jinping ha denunciado que algunos países aprovechan la epidemia para desatar rumores infundados que desemboquen en un bloqueo a China. Basta con leer los  principales diarios neoyorkinos, alemanes e ingleses.

Algunos datos abonan esta hipótesis. No provienen de estadísticas chinas, siempre miradas con lupa de aumento por las agencias occidentales, sino de la Organización Mundial de la Salud. La tasa de mortalidad del coronavirus es en China de un 2%, cifra inferior al 17% de la gripe que brotó en los Estados Unidos en 2009 y muchísimo menor que el 40 % del ébola y que el 34%  del síndrome respiratorio de Oriente Medio. El número de  víctimas chinas es muy inferior a las de una gripe estacional en Norteamérica y el porcentaje de los contagiados fuera de China no alcanza ni el 1% del total de infectados. El mismo director general de la OMS, por otra parte, ha puesto al gobierno de Xi Jinping como ejemplo de lucha contra la epidemia.

Si es así y así parece que es, se comprende que los ecos de los intereses estadounidenses, tan potentes en España desde los acuerdos de Franco con Eisenhower en 1953, multipliquen el alarmismo. Es su oficio y su beneficio. Pero cuando esta propaganda de intereses ajenos pasa por encima del interés del Estado español, como es el caso en Cataluña, el gobierno socialista debería ir más allá de insinuaciones que no se atreven a decir hoy alto y claro lo que piensan y, probablemente, saben. Porque el descaro y la impunidad con la que actúan a la hora de abofetear públicamente al presidente Pedro Sánchez refleja que somos una soberanía limitada. Mucho más limitada que soberana.

Al mismo tiempo que  el presidente Trump pega una patada a Xi Jiping en el culo de Sánchez, amenaza con imponer aranceles a los productos españoles y el Jefe del Estado, menos mal que no el presidente del Gobierno, anuncia una segunda visita a la Casa Blanca para el mes de abril. Por si fuera poco, además, se acepta que se amplíen los dispositivos bélicos en una base  militar estratégica como la de Rota, que es un auténtico portaaviones natural que apunta directamente contra todos los pueblos de Oriente Medio que tratan de liberarse de las siete hermanas petrolíferas muy vinculadas con el Pentágono. Es decir, se renuncia de antemano  a intentar presionar a quienes nos lesionan dañando la exportación de nuestros productos agrícolas a la vez que Cataluña pierde 490 millones de euros y 14.000 puestos de trabajo.

Peor que el coronavirus, es el virus de la sumisión a las grandes potencias vigente en España desde el siglo XIX. En un mundo tan multipolar como el que vivimos, el Estado español no debería seguir subordinado a ninguno de los grandes estados. Ni los Estados Unidos, ni Alemania, que tanto ayudaron en su día a la dictadura de Francisco Franco e intervinieron en la transición, deberían hoy continuar condicionando los intereses españoles. El presidente Donald Trump con la probable cancelación del Mobile World Congress y la canciller Merkel junto con el presidente Macron, optando por el  ultra polaco Mateusz Morawiecki en vez del presidente Sánchez como socio preferente en la Unión Europea, vienen a recordar, como dicen los chinos, que la mano que te puede ayudar es la que  empieza donde termina tu brazo. ¿Cuántas bofetadas más debe recibir hoy Sánchez para reciclarse geopolíticamente?