El desconcierto

Nadar en Madrid y guardar la ropa en Barcelona

Si Rufián impuso la Mesa de Diálogo cuando Pedro Sánchez anunció su aplazamiento, Torra ha impuesto la fecha del 26 de febrero cuando Sánchez había anunciado ya la del 24 de febrero para la primera cita del Gobierno con el Govern. Dos anécdotas, al fin y al cabo, que revelan sin embargo la pugna entre Esquerra Republicana y Junts per Catalunya en vísperas de la convocatoria de elecciones catalanas, mientras el interés de la Moncloa está centrado en la aprobación de los Presupuestos Generales del Estado, sin la que el presidente de Gobierno se vería obligado a repetir por tercera vez elecciones generales justo al cumplirse el año de las urnas del 11 de noviembre.

Esquerra Republicana busca que el Partido Socialista le proporcione hoy los acuerdos necesarios para  poder vender en Cataluña su voto favorable en el próximo debate presupuestario. Junts per Catalunya está interesada en visualizar la negativa de Madrid a las reivindicaciones catalanas, y la Moncloa en pagar el menor precio posible a su socio republicano. Ninguno puede abandonar la silla, ninguno puede firmar lo inasumible y, por lo tanto, ninguno puede ir más allá de proclamas electorales de cara a la sociedad catalana. Lo que acabamos de presenciar con la polémica sobre si la fecha era el lunes o el miércoles volverá a reeditarse con creces con las anunciadas controversias sobre la figura del relator o mediador y el temario de la reunión.

El único acuerdo posible e incluso probable es que se oficialice el pacto real del PSOE con ERC. Es decir, que se pueda dar un paso adelante al que los republicanos dieron con su voto favorable a la investidura de Pedro Sánchez en el Congreso de los Diputados. Es lo coherente, porque de lo contrario no se entendería. ¿Por qué negarle hoy lo que se le dio ayer mismo ? Socialistas y republicanos llevan hablando intensamente desde el mes de noviembre y han  logrado sortear los numerosos obstáculos que han encontrado a lo largo de este último trimestre. Si todo está hablado y sellado, como así parece, lo lógico es terminar con este vodevil de la Mesa de Diálogo sin ningún diálogo a la vista.

Probablemente, la tardanza radique en afinar el concepto de la consulta a los catalanes que han acordado sin entrar en los detalles, a fin de impedir que el convidado de piedra judicial lo afine a su modo. Pero la cuestión se agrava porque, sea cual sea la interpretación con la que ERC y el PSOE la revistan, no va a pasar de ningún modo el nihil obstat de la Generalitat. No es un problema de interpretación sino de voluntad política. Aunque Rufián se comiera una a una aquellas 155 monedas de plata, con las que impidió que Puigdemont convocara urnas catalanas en octubre de 2017, no va a lograr que el president Torra rubrique hoy lo pactado en la mesa separada de ERC con el PSOE.

El sábado 29, tres días después de la primera reunión de la mesa de diálogo, Carles Puigdemont le aclarará a Pedro Sánchez que su pacto con Gabriel Rufián no supone pacto alguno del Govern con el Gobierno central. El mitin de Junts per Catalunya en Perpignan va a ser el recordatorio detallado de las reivindicaciones soberanistas, sin las que no se sumarán a los acuerdos de ERC con el PSOE, que denunciarán en la campaña electoral en la que dos millones de catalanes independentistas tendrán que ratificar o rectificar lo decidido por las dos fuerzas nacionalistas catalanas. No hay síntesis posible entre Quim Torra y Gabriel Rufián, como no lo hubo cuando el 1 de octubre de 2017.

Todo depende, pues, de que Esquerra Republicana supere la indecisión en la que se mueve. Quiere y puede ir con el Gobierno de Pedro Sánchez, pero un temblor de piernas electoral, pese a que todos los sondeos sitúan a ERC por encima de Junts per Catalunya, le impide dar el paso que tanto ansía dar. Nada le puede ser más perjudicial que parecer arrepentirse de haber votado la investidura de  Sánchez cuando no es así en absoluto. Aunque es probable que espere a ver si sus socios le ayudan a vestir el muñeco. Cuando compruebe que no va a sacar más de lo que ha sacado tendrá que votar los Presupuestos Generales del Estado que desea votar. Porque no se puede nadar en Madrid y guardar la ropa en Barcelona.