El desconcierto

La correlación de fuerzas de los pactos de la Moncloa

 ¿Cuenta el gobierno de Pedro Sánchez con las fuerzas necesarias para poder imprimir una orientación progresista a la peor crisis económica que ha vivido el sistema democrático desde la transición? ¿Cuenta la oposición de Pablo Casado con las fuerzas necesarias para poder imprimir en 2020 una orientación conservadora a la caída de un 8% en el PIB y casi un 21% de paro según el Fondo Monetario Internacional? La respuesta se encuentra en la misma correlación de fuerzas que obliga hoy a los dos bloques sociales, centro izquierda y centro derecha, a intentar un pacto que evoca aquel de 1977, por análogas, aunque diferentes, circunstancias críticas que se vivieron entonces. La extraordinaria gravedad se superpone necesariamente a las dos Españas a garrotazos dibujada por Goya.

Lo que fue posible con Adolfo Suárez, y puede volver a serlo con Pedro Sánchez, nace de la propuesta formulada por el Partido Comunista en 1956 como política de Reconciliación Nacional. Los dos bandos de la guerra civil no podían seguir dividiendo a los españoles, así como tampoco marcar la salida de la dictadura de Franco. No es nada extraño que un político intuitivo como Sánchez la hiciera suya en cuanto le fue revelada. En la cuarta gran crisis que vive España, tras la primera protagonizada por la guerra civil, no cabe plantear su superación sin descongelar ahora las malas relaciones entre los dos bloques sociales que sólo beneficiarían a Vox como ya lo hicieron a Franco.

Si el PCE planteó la reconciliación con las fuerzas que sostenían a quienes los perseguían, torturaban y fusilaban– hasta 1966  solo ser militante comunista era penado con veinte años y un día de cárcel–, no se entiende que hoy parezca imposible. Sánchez, Casado, Arrimadas e Iglesias pueden reeditar hoy aquella foto de Suárez, González, Tierno Galván y Santiago Carrillo firmando los pactos que abrieron el camino a la Constitución de 1978. No son mayores las dificultades, los problemas e insultos que en 1956 o 1977 y, sin embargo, todos los líderes políticos supieron estar a la altura de las graves circunstancias por las que atravesaban. Santiago Carrillo y Adolfo Suárez lo estuvieron y parece que Pedro Sánchez aspira a estarlo.

¿Puede la oposición de Pablo Casado exigir un cambio de gobierno como condición sine qua non? Si en 1977 nadie se lo exigió a Adolfo Suarez sería inexplicable, salvo que corriera el riesgo de negarse al pacto, tal exigencia contra natura. Los pactos nacen para sumar e incluso multiplicar la eficacia política del Gobierno, que interesa a todos los ciudadanos, no para restar y mucho menos dividir al gobierno de turno. Las urnas ya hablaron en 2019 y volverán a hacerlo en 2023, si se mantiene esta muy complicada legislatura. Mientras tanto, los ministros de hoy de Sánchez deben ser tan intocables como lo fueron los de Suárez durante la transición. Unicamente Santiago Carrillo intentó que los pactos se blindaran con un gobierno de concentración para poder mejor aplicarlos porque intuía que la comisión de seguimiento sería insuficiente, como acabó siéndolo.

¿Puede el Gobierno de Pedro Sánchez exigir un programa progresista como condición sine qua non? Tras la invasión del Coronavirus, del programa con el que se presentó a las elecciones ya no quedan ni las raspas. Ni sería hoy conveniente recuperarlo dado el grave desastre laboral, social, económico y político generado por  los efectos de una pandemia que nos acompañará hasta que se encuentre una vacuna. Gobierno y oposición, junto a los restantes partidos, gobiernos autonómicos y agentes sociales, deben elaborar un nuevo programa consensuado entre los distintos enfoques y visiones. Sin una buena síntesis que potencie el papel del Estado y el gasto público, además de defender la soberanía del Estado como hace el presidente Macron en Francia, vamos abocados al abismo.

Sólo desde ese pacto Moncloa 2020, el Gobierno de Sánchez podrá tener la fuerza indispensable para que la señora Merkel no los vea como una banda de pedigüeños, como describía Aznar a González cuando obtuvo de Helmut Kohl los fondos europeos. La sombra de los hombres de negro se cierne sobre la economía española una vez que se derrote vacuna en mano al Coronavirus. La ambigüedad que acompaña las tres decisiones del Eurogrupo aumenta con la inmediata perspectiva, junio próximo, del semestre alemán en la presidencia de la Unión Europea. ¿Cómo puede ser Alemania juez y parte en la diferente interpretación de un conflicto que enfrenta a España e Italia contra Alemania y Holanda?