El desconcierto

El primer acuerdo de Sánchez con Casado

¡Marchemos y yo el primero  por la senda constitucional !, dijo Fernando VII cuando comprobó que todavía no disponía de fuerza para implantar el absolutismo; ¡marchemos y yo el primero por la senda constitucional de los pactos  ! pudo decir ayer  Casado  tras llegar a un acuerdo con Sánchez. Es la primera de las derrotas de Aznar, que en esta ocasión, representa el papel de Calomarde, el siniestro ministro del peor de todos los Borbones. Ha logrado, eso sí, modificar el primer escenario del pacto, el palacio de la Carrera de San Jerónimo sustituye al de la Moncloa, a cambio de negociar el pacto propuesto por Pedro Sánchez. No le quedaba otra. La derecha económica no está por el enfrentamiento entre españoles. Roma locuta est, causa finita est.

El giro de Casado es bastante evidente. Se reúne con Sánchez, inicia la negociación, no veta a ningún partido o líder político, acepta hablar con la totalidad de los partidos nacionalistas y no limita el posible acuerdo a los Presupuestos del Estado como pedía la FAES. Es la primera buena noticia política desde que la invasión del coronavirus obligó a decretar el estado de alarma, y abre un nuevo compás de espera sobre si se despejará o no el negro horizonte político de la sociedad española una vez que la vacuna termine con la pandemia. El aviso del Banco de España, que viene a corroborar los anteriores análisis del Fondo Monetario Internacional, empieza a encontrar una respuesta política pertinente con los nuevos pactos de la Carrera de San Jerónimo.

Pero sería un error echar las campanas al vuelo. Pedro Sánchez solo ha salido indemne de la primera batalla sobre los pactos. Hasta el verano quedan no pocas por librar y algunas de ellas, como el contenido de los acuerdos, decisivas. Esos 100.000 hijos de San Luis de la FAES esperan, como ocurrió con Fernando VII, poder orientar mañana  un nuevo viraje de Pablo Casado que, desde que fuese elegido, no ha parado de encender una vela a Rajoy y otra a Aznar. Al fin y al cabo, entrar en una negociación no supone que se vaya a negociar sino únicamente que se va a intentarlo. Aunque la derecha económica, que se juega mucho en este envite, no se lo va a poner fácil si intentara deshacer la senda constitucional.

Lo decisivo del  acuerdo de ayer entre Sánchez y Casado es que evidencia una voluntad de pactar. Es decir, de hacerse concesiones mutuas en aras de un objetivo económico social común. Lo que traducido a la política supone que ni el Gobierno va a imponer su programa, muy barrido por el vendaval del coronavirus, ni tampoco la oposición el suyo. Ahí hay un amplio margen de negociación que puede desembocar en la reconstrucción  que hoy propone la presidencia del Gobierno. Basta con que Sánchez, Casado, Arrimadas e Iglesias retomen el espíritu de diálogo que mantuvieron Suárez, González,Fraga, Tierno Galván y Carrillo para que el primer paso de ayer pueda consolidarse mañana con otros nuevos que conduzcan al pacto.

El formato propuesto por Casado, para los pactos que propone Sánchez, puede ayudar a no caer en el error de los rubricados en 1978. Puesto que el control sobre su aplicación real ya no se remitiría a una comisión ajena al Congreso de los Diputados. Quedaría en el mismo seno de la comisión que los negocie, e impediría así el incumplimiento de algunos de sus acuerdos como ocurrió durante la transición. Tan importante como lo que se pacte, si es que finalmente se logra concretar esta iniciativa de Pedro Sánchez, es que se controle lo pactado desde el mismo parlamento que lo acordó, dado que podría contar con el probable apoyo de la mayoría de los grupos parlamentarios.

"Dejad de un lado lo que os pueda separar y colocad en primer lugar lo que os une a todos: la lucha para la liquidación definitiva del franquismo." Estas palabras de Julián Grimau, pronunciadas en la tarde del 17 de abril de 1963 delante de todos los presos políticos demócratas en Carabanchel antes de ser fusilado - ayer, 20 de abril, se cumplieron 57 años de su fusilamiento– son hoy de plena actualidad. Porque  la tarea prioritaria de todos los demócratas es cerrar el paso a los que proponen volver hacia la senda preconstitucional. Es decir, derrotar hoy a  todos los neofranquistas que proponen como Aznar  la involución. Ello exige que se firmen los pactos que se empiezan a negociar. Hace unos días el presidente francés Macron, claro exponente de la derecha civilizada, lo resumía muy bien al  advertir sobre el peligro de que en España, Francia e Italia pueda vencer la derecha asilvestrada.