El desconcierto

¡Bienvenida frau Merkel!

España recuerda hoy, ante la anunciada ayuda de la Comisión Europea, el mismo ambiente que se vivió en 1953 tras los acuerdos del presidente Eisenhower con el general Franco que iban a permitir, como se decía, atar los perros con longanizas. Al final, como en la maravillosa película de Berlanga Bienvenido mister Marshall, la caravana pasó de largo por el pueblo del que era alcalde Pepe Isbert y sólo dejaron las bases con bombarderos atómicos. Igual sucederá hoy con la emisión en los medios de comunicación de la serie oficial Bienvenida frau Merkel y de la lluvia de millones cantados por los publicistas oficiales solo nos quedará el lastre de una deuda impagable.

Los 1,6 billones de euros propuestos por la Comisión Europea para toda la UE son análogos a los 1,5 billones de euros que hoy propone el  Banco de España, pero, eso sí, allí donde el texto español habla solo de una deuda perpetua, el documento bruselense la devalúa a una deuda a largo plazo parcialmente reembolsable. No hablamos de eurobonos, que ya han sido suprimidos por voluntad de Berlín que maneja la manivela de la Unión Europea, sino de una ayuda extraordinaria motivada por la pandemia del coronavirus que también se apuntarían a cargo de los estados y no de la misma Unión Europea. La negativa de Holanda a la mutualización de los bonos y de las deudas solo es posible por el nihil obstat de frau Merkel.

No deja de ser una ironía de la historia que España, que en la Conferencia de Londres de 1953 condonó parte de la deuda alemana y aplazó el pago de la restante hasta 1991, se vea hoy conminada por Alemania a pagar aquí y ahora su deuda. Ocurrió en 2010 y vuelve a ocurrir en 2020. Con la agravante de que, mientras tanto, nos han obligado a cambiar la Constitución, reforma del 135 impuesta por el diktat de Berlín a Zapatero, para establecer como primera obligación constitucional el pago de su deuda. Tampoco parecen recordar los alemanes la decisiva ayuda de Felipe González a la brutal absorción política de la República Democrática Alemana por la República Federal Alemana en 1991, que veían con justificados recelos los históricos Francois Mitterrand y Margaret Thatcher.

No se ayuda a la construcción de la Unión Europea aceptando las directrices alemanes. En este caso su rechazo a los eurobonos. Si Sánchez hubiera formado un muro latino junto con Conte y Macron en una firme defensa de la mutualización de la deuda, quizás se podría estar hoy en mejores condiciones para presionar a Berlín. Los países de la Europa del Sur debieran estudiar las lecciones de la Europa de Este, bien agrupados en la cumbre de Visegrado en su lucha contra la hegemonía alemana. A veces se tiene la sensación de que con España e Italia se está viendo en 2020 un déjà vu de la Grecia en 2010. Porque el argumento, meramente justificativo, de que con la propuesta de la UE se abre camino para futuros eurobonos está ya desgastado de tanto usarlo.

Llueve sobre mojado. En 1936 Francia e Inglaterra montaron un comité de no intervención en la guerra civil mientras Alemania e Italia se ponían las botas de intervenir. De 1945 a 1975 todos los países europeos menos los del Este sostuvieron la dictadura de Franco y en 1975 Francia y Alemania impidieron que se formara en España un gobierno provisional democrático como ocurrió en todos los pueblos europeos tras la entrada del Ejército Rojo en Berlín. Es una constante histórica que, a lo largo del último siglo y medio, los intereses de las grandes potencias se han cruzado con los del estado español y que ello continúa ocurriendo bajo la carcasa de la Unión Europea. No sucede hoy nada nuevo en relación con lo sucedido ayer.

Justo porque no puede haber pacto europeo, solo hay imposición alemana, es más urgente que nunca el pacto que desde la Moncloa propone Sánchez y que Casado enmarca en el Congreso de los Diputados. Gobierno y oposición no pueden abordar en solitario la tarea de reconstruir el tejido socioeconómico y se necesitan mutuamente. No hay alternativa al pacto. Es una exigencia de la inmensa mayoría de la sociedad española, como indican todos los sondeos, que exige una urgente respuesta y no el vuelva usted mañana de no pocos políticos incómodos con un pacto que no esperaban. Quienes atendían el gratis total ya saben que la ayuda de hoy de la Unión Europea solo es más deuda para mañana. Toca arremangarse entre todos o se reeditará el drama social de las dos Españas que algunos buscan.