El desconcierto

La pregunta de Margarita Robles

En su día, casi simultáneamente, Sánchez e Iglesias ofrecieron a Margarita Robles sumarse a sus proyectos respectivos, PSOE y Podemos . La actual ministra de Defensa, en línea con su trayectoria política socialdemócrata e independiente, optó por el Partido Socialista. Conviene  recordarlo ahora, cuando fuego amigo dispara contra su persona, porque algunos medios de comunicación de centro derecha la presentan como sustituta de Pedro Sánchez y reacia a la formación morada. Ni lo uno ni lo otro es cierto. Pese a que  Robles ha manifestado que es absurdo que la definan como alternativa a Sánchez, ya que su lealtad al presidente del Gobierno está más que demostrada, vuelve a ser acusada de astuta y taimada, no siéndolo.

La cuestión esencial es por qué se suscita esta especulación política al margen de los más finos psicólogos de cuarta plana, como bien reclamaba Manuel Azaña a la hora de analizar el escenario político. Quien defendió como Robles el no es no de Sánchez a Rajoy, junto con Abalos y Lastra, no encaja en ninguna conspiración de la derecha. Es paradójico que ella que denunció la defenestración del líder socialista se vea acusada por los que intentaron, dentro y fuera del socialismo, beneficiarse del  apuñalamiento de Sánchez. Llama la atención también que los mismos medios que inciden y ponen el acento en Robles, ignoren la reciente declaración del socialista Javier Lambán, "salvar la vida de los aragoneses está muy por delante de salvar a Pedro Sanchez." 

Hoy por hoy, el eje de la coyuntura política es la difícil gestación de los nuevos pactos de la Moncloa. Se observa en Casado, arrastrado al acuerdo a la fuerza por la derecha económica, se observa en la apatía de Sánchez, que ha perdido el entusiasmo inicial, que todavía continúa manteniendo Robles. Profesionales progresistas, asiduos al staf de la Moncloa, describen un cierto ensimismamiento del Presidente del Gobierno, y al olfato político del Euzkadi Buru Batzar del PNV tampoco se le escapa. Nadie niega la urgente necesidad de pactar, pero en todos los partidos políticos se discute tanto el continente como, sobre todo, el contenido. Ese es el problema. Una vez más, le toca al PSOE, a Pedro Sánchez, segar el trigo en verde.

No parece sensato que hoy , por temor a que alguien se descuelgue de un probable pacto, el PSOE y el PP, que encabezan los dos grandes bloques sociales, asuman las graves consecuencias que provocaría un fracaso de la negociación en curso. Nada preocupa más a los agentes sociales, empresarios y sindicatos, que la lentitud de los agentes políticos a la hora de poder negociar un acuerdo. No es tan complicado si hay voluntad política. La oposición no puede usarlo para derribar a un gobierno salido de las urnas, como no lo fue el de Suárez, ni el Gobierno utilizarlo tampoco para imponer un programa anterior a la devastación socioeconómica. No hay más salida política que el pacto, o bien la confrontación de los dos bloques sociales que se llevaría por delante a todo el sistema democrático.

En este muy grave contexto, no es de extrañar que desde los ambientes económicos se haya lanzado el nombre de Margarita Robles para que contribuya a desbloquear la negociación sobre los pactos de la Moncloa. Su perfil es idoneo para intentar tender puentes entre la oposición y el Gobierno: Magistrada del Tibunal Supremo, con una muy dilatada experiencia política, creyente, independiente de los partidos pero leal a Pedro Sánchez. Si a ello unimos una  imagen excelente en la opinión pública, corroborada por las encuestas, y una empatía con todo el abanico político parlamentario, es fácil entender porque su nombre suena en los círculos políticos y mediáticos. En definitiva, de lo que se trata es que  dos partidos de la envergadura del PSOE y el PP, que representan de alguna manera los bloques sociales que dirigen, no se impongan el uno sobre el otro. ¿Adónde nos llevaría este conflicto?

España rueda otra vez al abismo de su miseria. Antes de que la amplia vastedad del estrago y la profundidad de la desventura sea percibida en sus auténticas dimensiones, el programa del pacto debería estar firmado por todas las fuerzas políticas y sociales para poder ser aplicado por el Gobierno de Sánchez. Si al comenzar el verano no se ha rubricado, nos espera un otoño caliente y un invierno infernal. O se detiene ya esta carrera política hacia el precipicio o lo acabará pagando todavía mucho mas caro la sociedad española. Si durante la transición, Fraga y Carrillo consiguieron entenderse, y Suárez no tuvo que gobernar con Alianza Popular, pese a que era posible, no tendría hoy explicación alguna que Sánchez y Casado no logren pactar, o peor, que Casado planee gobernar con Vox. Seguramente, esta es la pregunta que se hace Robles, la misma que millones de españoles de derechas y de izquierdas.