El desconcierto

Sánchez arrincona a los profesionales de la bronca

Justo en vísperas de que el gobierno Sánchez se dispusiera a sumarse a la veintena de países europeos, aprobando el ingreso mínimo vital, quizás con la intención de oscurecer este avance social, los profesionales de la bronca montaban un sainete de la España cañí.  Una escena typical spanish, con una marquesa sacada de las viejas estampas populistas, un grupúsculo extremista irrelevante en la  lucha antifranquista, plagado de infiltrados de la Brigada Política Social, como símbolo del antifranquismo, y unos acharolados tricornios a punto de la insubordinación para tapar o aprovechar el craso error de un ministro que para más inri es juez en excedencia .En conclusión, una España parlamentaria del siglo XIX en las antípodas de la España real del siglo XXI.

Tres mujeres ministras, las mejores del Gobierno de Pedro Sánchez, han respondido a estas broncas desde sus respectivos ministerios. Margarita Robles, desde Defensa, ha recordado lo obvio al señalar que no existe ningún riesgo de insubordinación de una Benemérita que como bien demuestra su extensa historia ha sido siempre leal al Estado, con independencia de la forma concreta que adoptara en cada época. Yolanda Díaz, desde Trabajo, ha vuelto a retomar el diálogo social con Garamendi, de la CEOE, Sordo, de CCOO, y Alvarez de UGT, borrando así la palabra integral de la derogación de la reforma laboral. Y, por último,  Nadia Calviño, desde Economía, ha recordado y reiterado los ejes sobre los que debe girar el pacto de Reconstrucción Nacional.

Simultáneamente, el gobierno Sánchez no solo ha consolidado la mayoría parlamentaria con la que logró ayer su investidura, sino que además la va a ampliar con el voto favorable de Inés Arrimadas a la prórroga del Estado de Alarma. El gobierno, basado en los socialdemócratas del PSOE, los populistas de Unidas Podemos y los nacionalistas de Esquerra Republicana, cuenta hoy también con el apoyo de dos fuerzas de centro como son Ciudadanos y el PNV. A nadie escapa que este aumento sustancial cuantitativo supone un importante salto cualitativo que refuerza la hasta ahora precaria estabilidad del presidente Pedro Sánchez.  Si nunca fue un gobierno de izquierda contra toda la derecha, mucho menos lo es a partir de este miércoles.

Desde la oposición, toman buena nota de la triple respuesta de Sánchez a los profesionales de la bronca, como muy bien acaba de manifestarlo el propio presidente gallego Feijóo en las vísperas mismas de reeditar su  mayoría absoluta en las elecciones del 12 de Julio. Casado, escoltado o vigilado por los cizañeros de la FAES, no puede ignorar la repercusión que tiene en el Partido Popular el previsible triunfo de los populares gallegos con un discurso, un estilo y unas propuestas encaminadas a potenciar al diálogo con el PSOE. La política de acoso, cerco y derribo funcionó contra González, tras más de catorce años en la Moncloa, también contra un Zapatero, ciego ante una crisis económica de la envergadura de la del  2008, pero ya no puede funcionar con la pandemia del coronavirus que carece de filiación política y no cabe imputarla a gobierno alguno.

Pero Pedro Sánchez no puede todavía cantar victoria, sobre todo antes de ganar  esa madre de todas las batallas que va a darse en la comisión del pacto de reconstrucción nacional. De momento ha logrado que Patxi López, probablemente llamado al orden, haya dado un puñetazo en la mesa apelando al diálogo de todas las fuerzas políticas y sociales. Le toca ahora a Nadia Calviño jugar el papel que cumplió el profesor Fuentes Quintana durante los pactos de la Moncloa: lograr el consenso social sobre un programa común que aplique el gobierno de Sánchez, y teniendo siempre muy en cuenta que la ayuda europea vendrá bastante condicionada por la apretada agenda de los ajustes fiscales y las reformas estructurales supervisadas por los llamados semestres europeos de Bruselas. Previsiblemente, a finales de julio o septiembre,  podremos saber si los profesionales de la bronca han sido finalmente arrinconados.

¿Qué hubiese sido de España si durante la transición González y Carrillo hubiesen recordado a Fraga su condición de ministro de Franco, el mejor por cierto de la dictadura, o si Fraga o Suárez hubieran arremetido contra el socialcomunismo?  Todo lo contrario. González elogió a Fraga al reconocer que cabía el Estado en su cabeza y Fraga presentó a Carrillo en el Club Siglo XXI. Esa búsqueda del consenso es lo que hoy tratan de impedir los profesionales de la bronca, pese a que han vivido envueltos entre algodones sin conocer ni de lejos, por suerte para ellos, la tragedia de la guerra civil seguida de una implacable dictadura. Entonces era difícil el pacto entre la derecha y la izquierda, ahora no lo es si todos los partidos democráticos saben arrinconar a los profesionales de la bronca. Aquella voluntad de pactar, que significa en definitiva organizar la moderación, es la que Pedro Sánchez debe promover.