El desconcierto

La irresistible ascensión de Calviño

Terminada la batalla sobre la brutal utilización política de los muertos del coronavirus, con una más que merecida derrota de la torpe e insensata oposición de Pablo Casado, comienzan los primeros escarceos de la lucha por la orientación de los Presupuestos. Sus inicios vienen a coincidir con la irresistible ascensión política de Nadia Calviño, como vicepresidenta primera, ministra de Economía y probable presidenta del Eurogrupo, en el seno mismo del gobierno progresista. Ascensión de tanto relieve que, aunque no fuera elegida en la elección del organismo europeo, es ya el eje  esencial sobre el que van a girar gobierno y oposición. Independiente, sin partido y tecnócrata, es hoy el as que la Moncloa guarda bajo la bocamanga de Sánchez.

Antes de formar gobierno, incluso durante la última campaña electoral, Pedro Sánchez anunció que Nadia Calviño sería su ministra de Economía durante un debate televisivo. Nadie puede, pues, quejarse ni llamarse a engaño alguno. Por si hubiese duda sobre si la Moncloa veía o no con buenos ojos su promoción política, el mismo presidente de Gobierno lo acaba de aclarar cuando dijo que la "veía con muy buenos ojos", a la vez que calificaba su posible nombramiento en el Eurogrupo como un honor para España. Aquella elección del último otoño, con la que Pedro Sánchez se blindaba, es la principal carta del Gobierno de cara al próximo otoño e invierno, en el que intentará consolidar su actual mayoría aritmética ampliándola social y políticamente.

En la presente coyuntura económica y ante el escenario político de hoy mismo, presidido por la incertidumbre, Calviño es el aval de Sánchez ante Bruselas. Por su perfil tecnocrático y su condición de alta funcionaria europea, es la garantía que el Gobierno español presenta a la Unión Europea para superar las  muchas reticencias políticas de algunos de los países miembros, cuando no la abierta hostilidad de los halcones del norte de Europa. González pudo ayer prescindir de Boyer, estaba Solchaga, y Zapatero quitó a Solbes pese a que no podía. Pedro Sánchez no podría aunque quisiera, que no es el caso. Tan es así que ya ha anunciado que si fuese elegida  Nadia Calviño podría simultanear la presidencia del Eurogrupo con la vicepresidencia primera y con la cartera de Economía.

La alianza de los halcones europeos con los carroñeros españoles, la gaviota se alimenta de la carroña, ha retomado la visión de Aznar de los  españoles pedigüeños  para endurecer todavía mucho más la condicionalidad de la ayuda europea. Nada mejor que la profesionalidad de  Nadia Calviño para defender la honorabilidad cuestionada de España y garantizar el rigor de los compromisos del Gobierno. Las insidias sobre Sánchez, que FAES vierte sobre el parlamento e instituciones europeas, chocan con la clara trayectoria profesional de esta alta funcionaria europea que cuenta, además, con la inapreciable ayuda de una derecha económica española enfrentada hoy a la esperpéntica dirección del Partido Popular.

Basta ver la cumbre de la CEOE, que ha empezado ayer, para constatar la separación abismal entre  el PP y  los principales empresarios del país, convocados por Antonio Garamendi. Habrá que esperar a que termine esta larga cita empresarial, de unos diez días de duración, para conocer bien sus propuestas sobre los proyectos de reconstrucción nacional; pero por el contenido de la reunión, el programa de sus debates y el estilo sereno de las intervenciones, se puede decir que se sitúan en las antípodas de ese Aznar resucitado que es Casado. No están en la confrontación con el Gobierno, sino en la negociación. Su objetivo no ha sido derribar al gobierno, sino pactar con Sánchez.

Nadia Calviño se configura como el mejor hilo conductor de Sánchez para intentar lograr un acuerdo político del Gobierno con la derecha económica, el centro derecha de Ciudadanos y PNV, y los sectores moderados del propio Partido Popular. El común denominador bien podría ser la elaboración de unos Presupuestos de todos y para todos sobre la base de las ineludibles directrices de la Unión Europea. Parece bastante claro que no va a ser en la comisión del Congreso de los Diputados, protagonizada por los profesionales de la bronca, donde se articulen los acuerdos sobre la reconstrucción nacional, sino en las negociaciones presupuestarias en las que las lentejas contadas se toman o se dejan.