El desconcierto

El mensaje centrista de las urnas del 12-J

Dos espectaculares vencedores, Urkullu y Feijóo, dos claros derrotados sin paliativos, Casado e Iglesias, sintetizan los votos de las urnas del 12 de julio en Euskadi y Galicia. Si los vascos y los gallegos prefiguran hoy la tendencia electoral de la sociedad española, y así parece ser, las dos grandes opciones del escenario político español van a ser si ya no lo son, el centro izquierda, que ha triunfado en Vitoria con el PNV, y el centro derecha que  también ha triunfado en Santiago contra el PP madrileño bajo la bandera de menos Aznar y más Rajoy. El mensaje unívoco de ambos pueblos es un rotundo apoyo mayoritario a una política de pactos entre el Gobierno y la oposición.  Estas elecciones abren el ciclo electoral de esta legislatura con la valoración ciudadana sobre la gestión del gobierno y oposición que, tras pasar este otoño por el próximo examen catalán, concluirá con las elecciones generales. De ahí la singular importancia de estos resultados.

Centro derecha o centro izquierda, pero centro al fin y al cabo, es el mensaje ciudadano que desmiente a todos los que apuestan por la confrontación de los españoles, desde premisas muy ajenas a toda derecha e izquierda que se mueva en un marco constitucional. La mayoría de los vascos lo demuestra renovando su voto al gobierno de coalición entre el nacionalismo vasco y el socialismo, la mayoría de los gallegos reforzando asimismo a la Xunta en su sistemática rectificación de la disparatada política de la todavía dirección del Partido Popular, pese a haber sido ridiculizada en Euskadi con la estrepitosa caída electoral del último discípulo de Mayor Oreja y de sus estrategas de café de la FAES.

El gobierno de coalición de Pedro Sánchez sale malherido electoralmente hablando -el PSOE se estanca, al tiempo que Podemos se hunde en Euskadi y desaparece en Galicia- pero gana amplios y sólidos apoyos para su pacto de reconstrucción. Además, de la mano de un PNV revigorizado y un Ciudadanos centrado, hay que sumar ahora la más que probable renovación democrática de un Partido Popular con un buen político proclive al pacto como es Feijóo. Su espectacular e histórico triunfo en Galicia, sumado a todas las presiones de una derecha económica harta de la interferencia neofranquista de Aznar, no tardará mucho en reflejarse en el rumbo del Partido Popular.

La Moncloa sufre especialmente por la imparable sangría de su socio, pero el hundimiento de Podemos era la crónica de una agonía anunciada desde que optó por tener sillones en el gobierno sin poder dejar de estar al mismo tiempo en la oposición. Así, ni contentaba a los partidarios de apoltronarse en la Moncloa, dado sus continuos guiños críticos a todos los restantes ministros socialistas, ni tampoco a los reticentes a  gobernar, dada la imposibilidad de ejercer una crítica profunda a  aquellas decisiones de Sánchez que tragaban malgre lui.  Era demasiado pedir cabalgar contradicciones a un partido que todavía no es un partido, acostumbrado a la retórica radical, pasar, en sólo cinco años, de una oposición frontal sin condiciones a la incondicionalidad con el gobierno. Cabe darlo tan rápido desde una mera visión personal de los que se encaraman al poder, pero nunca desde la visión social de todo un colectivo de electores.

Cierto que este fracaso electoral no es el problema del PSOE, es la única fuerza política que lo es en todos los territorios de España, pero sí lo es porque, por vez primera en su historia, no han funcionado los vasos comunicantes en la izquierda española, ya que que lo mucho perdido por la izquierda populista no ha sido recogido por la izquierda socialdemócrata.  Aún así y todo, el PSOE continúa como primera fuerza en toda España a la vez que como tercera en Cataluña, Euskadi y Galicia; mientras que el PP apenas existe en Cataluña y País Vasco, y Podemos se ha desvanecido en Galicia y Euskadi, en espera de ver que puede ocurrir con los Comunes en la próximas elecciones catalanas. Y, sobre todo, porque el PSOE coincide con las fuerzas hegemónicas del PNV y PP gallego en pactar este otoño la respuesta a la crisis económica.

El mensaje centrista de las urnas del 12 de julio es un importante balón de oxigeno para Pedro Sánchez justo cuando el próximo viernes va a afrontar la difícil negociación en la Unión Europea sobre la ayuda europea. El doble mensaje de estabilidad y diálogo que subyace en las urnas vascas y gallegas le ayudará, sin duda, en su tarea de conseguir el máximo apoyo viable para sacar adelante el mejor acuerdo posible para  España. Porque es bastante probable que, después de los resultados del 12 de julio, los Presupuestos del Estado sean aprobados con una amplia mayoría política parlamentaria en septiembre que complemente la simple mayoría aritmética de enero con la que fue investido como presidente Sánchez. Sería tanto como una segunda investidura o, si se quiere, como una votación de confianza.