El desconcierto

La contraofensiva constitucional

Desde el verano de 1976, que impulsó el viaje de ida desde la dictadura a la Monarquía constitucional, nunca habíamos vivido un estío como el de 2020, que frena el viaje de vuelta a la Monarquía preconstitucional. Son numerosos indicios los que así lo indican, tanto en la Corona, el gobierno, la oposición o el Ibex. Tras la amplia derrota de la ofensiva involucionista contra Pedro Sánchez, desarrollada en el primer semestre de este año, se perfila la contraofensiva constitucional, a desarrollarse en este último trimestre, contra los que intentan retrotraernos a  los tiempos pretéritos de la primera Corona preconstitucional, ese limbo, entre noviembre de 1975  y junio de 1977, en el que la dictadura ya no estaba, y la democracia aún no había llegado.

El eje de esta contraofensiva es el respeto más riguroso a la Constitución de 1978 en todas sus vertientes– estatal, política, territorial y económica–, suscrita entonces por Suárez, Fraga, González y Carrillo. Sin el destierro de Juan Carlos Borbón, ni siquiera hubiera sido posible plantearla, como tampoco habría sido viable la operación de la transición sin el cese encubierto de Arias Navarro, tan añorado hoy por los estrategas de la FAES con Aznar al frente. Por esta razón, Sánchez ha sido bastante claro al afirmar que su gobierno está con la Corona, conforme  a lo que fue acordado entre la derecha y la izquierda en el pacto constitucional. El dilema de hoy para la Moncloa no es Monarquía o República, sino Monarquía constitucional o Monarquía preconstitucional.

La destitución de Cayetana Alvárez de Toledo como portavoz del Partido Popular es un primer guiño político de Pablo Casado a toda la plana mayor del Ibex, que acompañaba ayer a Pedro Sánchez y sus ministros en la Casa de América. De esta forma, la derecha económica advierte al todavía dirigente del PP que la derecha debe moverse en un horizonte constitucional desechando atajos preconstitucionales con los que todavía algunos sueñan en Génova. Sin una alternancia democrática y con una alternativa vinculada a Vox, sería tanto como despejar el camino hacia la involución. El problema de Vox no es que sea de extrema derecha, que gobierna en varios países europeos, sino que se mueve contra o al margen de la Constitución del 78.

La buena relación entre el Gobierno Sánchez y Ciudadanos evidencia lo obvio para cualquier demócrata: una oposición al Gobierno nunca debe ser una oposición al Estado. Inés Arrimadas y Edmundo Bal juegan hoy, y van a jugar mucho más mañana, un papel importante en los necesarios acuerdos transversales exigidos ante las devastadoras consecuencias económico-sociales de la pandemia. Ciudadanos la logrado el diálogo con Pedro Sánchez, que no pudo lograr en marzo de 2016, tanto por su propia culpa como por ajena. Además, han sabido rentabilizar bastante bien el crónico infantilismo político de Esquerra Republicana y robarles la cartera de socio preferente del Gobierno de Sánchez.

De ahí, la muy acerada crítica de estos días del lehendakari Iñigo Urkullu, hombre ponderado por naturaleza, a la política de Carles Puigdemont que marca el paso independentista radical a Oriol Junquera. Que duda cabe que el PNV ve con enorme preocupación la repercusión negativa de la política catalana sobre el escenario del Congreso de los Diputados. Que los líderes vascos, que no firmaron el acuerdo constitucional, le recuerden a todos los catalanes, que sí lo rubricaron, la necesidad de no sobrepasarlo sin consenso dice mucho de la inteligencia política de los burukides nacionalistas. Nada les espanta más que la resurrección del espectro del Plan Ibarretxe en Cataluña.

Por último, por orden que no por importancia, resaltar el apoyo del Ibex al gobierno de Pedro Sánchez en vísperas de la crucial negociación sobre los Presupuestos del Estado, que este año deberán serlo más que nunca dada la gravedad de la crisis motivada por el coronavirus. De ahí la responsable apelación a la unidad de las fuerzas políticas y sociales, formulada ayer por el propio presidente del Gobierno, para que puedan ser aprobados en las Cortes con la mayoría de votos o abstenciones posibles. Que todos los máximos exponentes del Ibex arropen la intervención de Pedro Sánchez, por vez primera en unos cuarenta años, refleja la común necesidad de todas las clases sociales de que se consiga una tregua social ante los duros tiempos que se avecinan. No será fácil, pero tampoco muy difícil dada la simbiosis del Gobierno con el Ibex y la Corona.