El desconcierto

La cortina rasgada de Casado

En plena confrontación del Partido Popular con el Ibex, agravada por la decisión de Pablo Casado de romper la negociación sobre la renovación del Poder Judicial, empieza a descorrerse la cortina de Casado que oculta la utilización del Estado para destruir las pruebas de la financiación ilegal del PP en el sumario de la Gürtel. Las declaraciones de quien fuera secretario de Estado, Francisco Martínez, con el ministro Jorge Fernández Díaz no son, probablemente, más que el introito de una larga misa negra para el primer partido de la oposición. De hecho, equivalen a una segunda moción de censura implícita presentada contra el gobierno Rajoy por sus propias manos sucias.

De lo investigado por el juez García Castellón se desprende que el ministerio de Interior no solo intervenía sobre Euskadi, Cataluña,  PCE, IU y UP sino también en el  mismo interior, valga la redundancia, del propio partido gubernamental. Es decir, mientras se tapaban las pruebas reales de la corrupción del PP se fabricaban pruebas virtuales sobre partidos democráticos que cuestionaban la política de la Moncloa.  Falta aún por saber si esta práctica se limitaba solo a Interior o, por el contrario, también a Defensa, entonces bajo Cospedal, o incluso al CNI, controlado en aquella época por la descrita como la pequeñita en las conversaciones grabadas.

Cabe formularse la misma pregunta sobre Génova, porque no parece lógico que desde el Gobierno se utilizara hasta el aparato de Estado sin que, simultáneamente, el propio aparato del partido gubernamental estuviera con las  manos cruzadas mientras avanzaba la seria investigación sobre su corrupción. Quienes fueron colaboradores tanto de Aznar como de Rajoy no podían desconocer lo que se tejía y destejía en los despachos de Génova, al fin y al cabo desde ahí trincaba Bárcenas, por mucho que mirasen para otro lado por patriotismo de partido. Tal vez no fueran cómplices, pero sí conocedores, por mucho que hoy se laven las manos como Pilatos para eludir su responsabilidad.

Derrotado políticamente en su reciente tentativa de servirse del coronavirus para derribar al gobierno de Pedro Sánchez, desahuciado por el Ibex como alternativa gubernamental viable, aislado en el Congreso de los Diputados, el sumario de la operación Kitchen empeora el escenario de  Pablo Casado. Emplazado judicialmente, tiene muy difícil meter el bisturí en Génova, en el caso de que optara por la cirugía, dado que el caso Martínez indica que nadie le va a regalar su cabeza para que salve la suya. Cuando se rasga una cortina todo queda a la intemperie y no tardará Génova en reproducir los ajustes de cuentas dada la ausencia de autoridad política de Casado.

Ni que decir tiene que  a la vez tanto el centro derecha de Ciudadanos como la extrema derecha de Vox pueden ser los dos grandes beneficiarios de este desgaste políticomoral del Partido Popular. La miseria del PP nada tiene que ver con el hecho de ser de derechas, sino en haber caído de lleno en la  mala tentación de la corrupción mientras ocupaba la Moncloa. Ni Inés Arrimadas ni Santiago Abascal, en las antípodas de una misma derecha, tropiezan hoy con la herencia corrupta de Pablo Casado. Tampoco tropezarían Núñez Feijóo o Moreno Bonilla si estuviesen al frente del PP, puesto que nunca han trabajado políticamente en Génova sino en Santiago y Sevilla, mientras que Pablo Casado, para su desgracia, es puro marketing genovés.

No se puede olvidar que Madrid es el epicentro de la corrupción del Partido Popular. La tela de araña tejida entre  la sede de Génova y la Puerta del Sol -desde aquellos tiempos del tamayazo de Aguirre, el "chino" González y Granados– no es nada fácil de desmontar. Aunque, conviene señalarlo, por culpa de la izquierda, tanto en la presidencia de la Comunidad como en el Ayuntamiento madrileño. Sin las luchas internas por las poltronas del PSOE, Más Madrid y Podemos, que contribuyeron a la caída de Rafael Simancas y Manuela Carmena, el mapa de la corrupción se limitaría tan solo a Génova. No es así, y por tanto la limpieza necesaria no será inmediata. Esperar a que Pablo Casado maneje la escoba es ilusorio. Lo cierto es que ni sabría, ni podría, en el caso de que quisiera.