El desconcierto

Presupuestos: ¿perestroika sin glásnost?

No hay perestroika viable sin glásnost que la evidencie. No hace falta ser Gorbachov para comprender que no hay reconstrucción sin transparencia que la muestre. Precisamente por ello,  no se acaba de entender bien como la Perestroika de Sánchez, los Presupuestos de la Reconstrucción, no vayan  de la mano de la glásnost, la transparencia informativa de la Moncloa, a juzgar por la desinformación sobre las primeras reuniones para su elaboración. Es toda una paradoja. Cuanta más demanda existe por parte de los agentes sociales, menos oferta se proporciona a  la sociedad sobre un asunto crucial para la vida de los españoles. Gorbachov no vacilaría en dar un cero Redondo, nunca mejor empleado el adjetivo, a la política de comunicación de la Moncloa.

Que el Gobierno mantenga una doble negociación con algunos partidos, en aras de lograr el mayor consenso posible, no delimita la información a la mera comunicación de las reuniones. Justamente porque busca negociar  con negociadores que se dicen antagónicos, la información esencial debe referirse al contenido de lo que se negocia. No hay forma de entender lo que ocurre, lo que está en juego, ni saber cuál es la diferencia real que separa a la negociación oficial, encabezada por la vicepresidenta primera, de la negociación paraoficial, a cargo del vicepresidente segundo. ¿Cuál es la línea roja, si es que existe, entre ambas negociaciones? Conocerla con luz, taquígrafos y, sobre todo, números es imprescindible.

Urgente también superar ese déficit informativo de la Moncloa para neutralizar mentiras como la de Pablo Casado que busca socializar su propia ruina política en la Kitchen de Génova 13. Negar que la recepción de los 140.000 millones de euros, que corresponden a España del fondo europeo, depende de la aprobación inmediata de los Presupuestos equivale a intentar -como el  Sansón que no es, ni fue, ni será– que todas las columnas del Congreso de los Diputados se derrumben sobre la cabeza de todos los españoles. Que duda cabe pues, que la escasa, por no decir nula, información de la Moncloa, contribuye a alimentar dicho embuste político, en la medida que se discute sobre si ladran galgos o podencos.

Esa oscuridad informativa, por otra parte, abre el camino a los peores juicios de intenciones del PP hundido en su propia miseria. ¿A qué viene mezclar el diálogo sobre Cataluña o la salida de presos vascos con los Presupuestos? Ambas cuestiones, independientemente de la concreta cuestión presupuestaria, forman parte de la agenda de este u otro gobierno, que deben abordarse conforme  a la Constitución y al más estricto cumplimiento de la legislación penitenciaria. Pero si la Moncloa no ofrece una información completa de lo que se negocia con todos los partidos, la especulación interesada en romper el consenso democrático sustituye rápidamente la información que no se da por la desinformación que sí se da.

El riesgo más serio que puede desprenderse de esta ausencia de política informativa de la Moncloa es reducir una cuestión económica, los números del Estado, a una mera cuestión política, el mantener un tipo de mayoría o conseguir una mucha más amplia. No uno u otro gobierno, no una u otra mayoría alternativa, sino el control de la misma mayoría. Como si lo realmente importante hoy fuera quienes la forman y no cuantos la forman. Porque a la vista del cuadro dramático en el que nos movemos, y sobre todo nos vamos a mover, no se perfila bien un horizonte distinto, si se tiene en cuenta que Keynes vuelve a ser el referente intelectual en el  mundo de la economía.

Puesto que ya hoy mismo la Moncloa dispone de dos modelos informativos alternativos, resultado de las dos propuestas que negocia, para informar sobre la que finalmente opte el presidente Sánchez, podría desde ahora mismo darlos a conocer y así los agentes sociales podrían valorarlos. No hay mucho tiempo para hacerlo. Ayer se conocía que la deuda pública española estaba raspando los 90.000 millones de euros– un 110 del PIB–, mientras continúa la danza de los siete velos presupuestarios de la que desconocemos todos los pasos. Pedro Sánchez debe imprimir un giro en su política informativa haciendo que la glásnost acompañe a su perestroika. González puede recordarle lo que le dijera Gorbachov en mayo de 1986 en el Kremlin: "la historia castiga siempre al que llega tarde".