El desconcierto

Presupuesto e indulto, un binomio inútil

Ayer fue noticia por unas horas que el Gobierno preparaba el indulto a los presos catalanes a cambio de que los diputados soberanistas votasen a favor de los Presupuestos. Desde el doble entorno del Partido Popular y de la minoría catalana de Esquerra  Republicana se criticaba muy duramente o se elogiaba displicentemente a Pedro Sánchez por liberar a los condenados por el Tribunal Supremo o por liberarlos de tapadillo. Ambas intoxicaciones llevaron incluso al diario catalán La Vanguardia a sugerir que gracias a estos indultos la mayoría que votó la investidura del Gobierno Sánchez será también la que votará en el parlamento las cuentas del Estado que va a presentar la ministra Montero.

Tan peculiar pronóstico , que reflejaba solo el subconsciente de quien lo realizaba  , se vino abajo pocas horas después cuando el ministro Juan Carlos Campo aclaraba que la tramitación obligada de los indultos era ajena al debate presupuestario. Tanto que el citado comentario era incluso levantado de las páginas del citado diario nada más confirmarse el  claro desmentido del ministro de Justicia. Esta anécdota periodística refleja la intensa lucha entre bastidores que se lleva a cabo entre los partidarios de una mayoría ampliada del actual Gobierno y los que ven con horror todo lo que sea salirse de la ajustada mayoría con la que fuera investido el presidente Sánchez.

Discusión bizantina. Esquerra, como todo el soberanismo catalán, exige la amnistía y rechaza el indulto. Es una exigencia política tan firme como la reivindicación del derecho de autodeterminación. De hecho, la demanda de amnistía y estatut de autonomía, que recoja el derecho a decidir, está hoy tan presente en más de la mitad de la sociedad catalana como lo estuvieron en los tiempos de la transición. Nadie como los propios socialistas que negociaron con los delegados de Esquerra, durante el largo invierno pasado, lo saben bien. Ni el Gobierno, ni los dirigentes soberanistas, por otra parte, aceptarían hoy mezclar churros con merinas. Presupuesto e indulto es un binomio inútil.

Bien lo sabe el Partido Popular cuando pone el grito en el cielo dando por hecho el indulto. El espantapájaro catalán le viene como anillo al dedo tras la inteligente visita de Sánchez a la Comunidad de Madrid que ha roto los cálculos frentistas de Casado y Errejón. Dado que la pandemia ya no puede ser utilizada ni por el PP, como se vio este primer semestre del año en curso, ni por Más Madrid,  intentando presentar una moción de censura contra la presidenta Ayuso en este áspero comienzo de otoño, nada mejor que volver a agitar la cuestión catalana. Con el indulto, el Consejo General del Poder Judicial y la entrega de unos despachos judiciales hoy en Zaragoza, vuelven a sonar los tambores del Bruch en Madrid.

Quien se lleva ahora todas las bofetadas en esta polémica artificial, desde Barcelona y Madrid, es Ciudadanos. La posibilidad de que Inés Arrimada eche una mano a Sánchez irrita tanto a Casado como a Junqueras. El PP no quiere verse solo con Vox, Esquerra no quiere votar junto a Ciudadanos. Luego, remover la cuestión de los presos puede llevar agua electoral al molino del independentismo y de la sacrosanta derecha madrileña. Todo lo que sea poner palos bajo las ruedas de una gran mayoría del gobierno Sánchez, miel sobre hojuelas. Cuanto más minoritario sea el gobierno, mejor les irá en los tres largos años de legislatura que restan y en consecuencia pintan bastos catalanes para intentar quebrar la negociación de  Pedro Sánchez con Arrimadas sobre los Presupuestos.

¿Por qué dicen indulto cuando quieren decir Presupuesto? Nadie se engaña. El eje de la coyuntura política no es la concesión de un indulto, inútil por otra parte, sino quien va a votar o vetar el próximo proyecto de Presupuesto. Lo que va a determinar, paradójicamente,  el contenido de las cuentas del Estado. Precisamente por ello apenas se proporciona información sobre su desarrollo y, por lo tanto, aparece sustituida por intoxicaciones como la que comentamos, que andan muy lejos de  todo lo que se negocia en las bambalinas. Porque la cuestión de las cuestiones que agita a todo el escenario político es la respuesta a la pregunta que determinará la estabilidad de los tres años que restan de legislatura, o, continuará la inestabilidad de sus primeros nueve meses. ¿Mayoría amplia o mayoría reducida del gobierno Sánchez?