El desconcierto

La estrategia venezolana de Carlos Lesmes

Tanto desde el Gobierno como desde la oposición, incluso desde entidades económicas y de la misma sociedad civil, son numerosos los indicios que apuntan a una respuesta democrática en defensa del Estado Constitucional. Tras la última semana de septiembre y primera de octubre, protagonizada por una operación reaccionaria de claro signo involucionista contra el Jefe del Estado y el presidente del Gobierno, se anuncia la visita conjunta de ambos a Barcelona el próximo viernes. A la vez Ciudadanos coincide con el gobierno Sánchez en el confinamiento de la Comunidad de Madrid, al  tiempo que continúa sus negociaciones con la Moncloa sobre los Presupuestos.

La maniobra es clara. Se trata de enfrentar a las instituciones del Estado entre sí, de dividir a los demócratas, y romper de facto la Constitución de 1978. Se busca ir hacia un conflicto de competencias,  unos poderes del Estado contra otros, o unas comunidades autonómicas contra la Moncloa, en una estrategia a la venezolana para doblar el poder constitucional del Gobierno con un poder extraconstitucional basado en la okupación del Consejo General del Poder Judicial. Margarita Robles, una ministra que siempre habla alto y claro en el gobierno de Sánchez, no se ha mordido la lengua al denunciar ayer mismo al presidente del CGPJ en funciones: "cuando Lesmes le da publicidad a una llamada privada,  intenta enfrentar a la monarquía contra este Gobierno".

Carlos Lesmes, líder de una derecha togada que marca el rumbo a la derecha política desnortada del Partido Popular, cuenta con un aliado objetivo en Cataluña para intentar radicalizar la relación del Poder Judicial con el Poder Ejecutivo. Al mismo tiempo que sus jueces desbordan al Gobierno de Sánchez mediante una defensa numantina de la Corona, los soberanistas catalanes lo desbordan con una ofensiva republicana retórica con un idéntico objetivo: acosar y cercar al Gobierno de Sánchez como primer paso político hacia la superación de la Constitución de 1978. La retroalimentación entre ambos movimientos nacionales de España y Cataluña descansan sobre un interés común.

Simultáneamente, Esquerra Republicana de Catalunya intenta retrasar los Presupuestos del Estado hasta la mitad de febrero del 2021, vetando que Ciudadanos puede sumarse a la mayoría parlamentaria que lo apruebe. Su argumentación no puede ser más falaz. Demandan al Gobierno que haga lo que predican, no pactar con una derecha como Cs, pero no lo que hacen ellos mismos, en el pasado, presente y futuro, gobernando con la derecha catalana de Junts per Catalunya. Pese a que la derecha española con Rajoy fue expulsada de la Moncloa a través de una moción de censura presentada por Pedro Sánchez, la derecha catalana, pese a Pujol, continúa en el Palau de San Jaume sin haber sido objeto de ninguna moción de censura por parte de Esquerra Republicana de Catalunya. Ni siquiera imitan ahora a la izquierda abertzale, Bildu, en su lógica distancia del PNV. Son, pues, una sigla sui generis.

No es casual que Esquerra insista en su rechazo a Ciudadanos, precisamente cuando este partido gira al centro y  se aleja de las malas compañías a las que le arrastró la ambición desaforada, una mal endémico en la nueva clase política, de Albert Rivera. ¿A quién ayuda la crítica sin paliativos contra Inés Arrimadas justo en un momento en que sobre Madrid, en la comisión sobre Kitchen o en los Presupuestos,  la líder de Ciudadanos ha echado una mano o está a punto de echársela a Sánchez? La contradicción principal aquí y ahora, sobre todo teniendo como horizonte negro la pandemia del coronavirus con sus devastadores efectos, no reside entre derecha o izquierda sino entre demócratas e involucionistas. Cortar la mano de Ciudadanos, significa debilitar al gobierno de Sánchez.

Precisamente por ello, la respuesta democrática será contundente cuando el Gobierno de Sánchez amplíe  su mayoría de investidura sumando nuevos grupos parlamentarios sin perder, por supuesto , ninguno de ellos.  Sin la aprobación de los Presupuestos por esa nueva mayoría ampliada, la Moncloa no habrá logrado derrotar a estas evidentes maniobras involucionistas que intentan enfrentarnos, una vez más, a los españoles. Si el gobierno de Sánchez busca la estabilidad de la legislatura, debe  primero conseguir una sólida estabilidad presupuestaria. De lo contrario, se volverán a repetir maniobras como las que comentamos para mayor gloria y beneficio de la gran fuerza antisistema, Vox.