El desconcierto

La degradación anunciada de Casado

El anuncio de la degradación de Pablo Casado fue formulada hace pocos días por Aznar, pese a que hace un año le avaló como líder del Partido Popular, cuando manifestó que los galones siempre hay que ganárselos. Doce meses de gestión han bastado para que su primer optimismo haya devenido en pesimismo. El PP navega sin rumbo, dando bandazos a babor y estribor, a punto de encallar en la pandemia que intenta instrumentalizar en Madrid ese Casado con faldas que es Ayuso. La ceremonia de la degradación se celebrará en el pleno del Congreso de los Diputados, cuando se debata la moción de censura de Vox que será como una patada a Casado en el culo de Sánchez.

Desde que el juez García Castellón, sentando en el banquillo de los acusados de la Kitchen a la precedente cúpula del Partido Popular, acabó por rematar este otoño al PP, herido en primavera al no haber derrotado a Sánchez con el arma de la pandemia,Pablo Casado no levanta cabeza. Su degradación de iure por Aznar no ha hecho más que dar carta oficial a su degradación de facto por su incapacidad política. De hecho, Pablo Casado es hoy como el fantasma de Hernández Mancha en espera de que su sustituto le entierre políticamente. Hasta que no suceda, el PP es un cascarón vacío sin estrategia, táctica, aliado ni programa. En consecuencia, España carece hoy, cuando más lo necesita, de una alternativa de Gobierno.

La degradación de Casado evoca la de Manuel Fraga. Ahora como entonces, el PSOE, ayer con González,  hoy con Sánchez, reina en el escenario político y nadie le hace sombra, ni por la izquierda ni por la derecha.  Más aún, su situación actual es incluso mucho mejor que la que tuvo González con una Izquierda Unida que estuvo a punto de derrotarle en la consulta sobre la Otan, y que le derrotó, con la ayuda del PP, en la huelga general del 14-D de 1988. Pedro Sánchez, por el contrario, cuenta con la adhesión inquebrantable de Iglesias y el aplauso unánime de Podemos. Mientras que Pablo Casado se enfrenta a un Vox en ascenso imparable que le denuncia sistemáticamente como la derechita cobarde.

Declararse testamentario del Partido Popular es la voluntad que subyace en la moción de censura que Abascal dice presentar contra Sánchez. Las encuestas indican que Vox aspira a reemplazar la hegemonía del PP o, por lo menos, a condicionar la orientación de Génova. Tanto que Casado es el eco de Vox y Ayuso la Pilar Primo de Rivera del decreto de unificación de las dos derechas, porque la tercera ha huido ya del trío de Colón en dirección a la Moncloa. Movimiento centrífugo que se traduce electoralmente en que unos marchan prietas las filas con los de Vox y los otros redescubren en Ciudadanos el alma centrista que se refugió en el Partido Popular tras el descalabro de Suárez.

Solo si el Partido Popular se decidiera hoy a efectuar una declaración de herederos de la herencia de Casado, podría, tal vez, afrontar su futuro con perspectiva menos oscura. Asombra que este partido, con una amplia cantera de altos funcionarios del Estado, se encuentre hoy en manos de un líder en imparable descenso, y  en peligro ante la arremetida, también imparable, de Vox. Puede comprenderse que el torpedo judicial del juez García Castellón los haya dejado tocados, pero no se entiende que los haya hundido. Otro partido como el PSOE sufrió torpedos análogos en su día dirigidos por el juez Garzón y no tardaron en remontar a superficie. Al fin y al cabo, la derecha sociológica continúa moviéndose mayoritariamente en la moderación.

Por lógica, el Partido Popular no debería competir por la derecha con Vox sino por el centro con Ciudadanos. Solo una alternativa de centro derecha podrá mañana ser alternativa al gobierno de centro izquierda surgido de la aprobación de los Presupuestos tras la ampliación de la actual mayoría gubernamental. El PP no necesita hoy refundarse, lo que debería hacer es reorientarse hacia sus propios postulados abandonando la atracción fatal que  siente por Vox. Del mismo modo que los socialistas son el eje del centro izquierda, los populares pueden volver a ser el eje del centro derecha.  De esta manera se recuperaría el imprescindible equilibrio del sistema democrático, desnortado desde hace un quinquenio, y se encerraría en un callejón sin salida el peligro de involución.