El desconcierto

La trampa saducea de Vox

Vox no desaprovechó el debate sobre la moción de censura, pese a que hoy saldrá derrotado del Congreso de los Diputados. El altavox de la involución– ilegalización del nacionalismo, superación de las autonomías y expulsión de la inmigración ilegal–, fue presentado ayer mismo por todo lo alto en medio del desconcierto que vive el electorado de derecha. Claro destinatario del discurso de Santiago Abascal, puesto que no es Pedro Sánchez sino Pablo Casado el objeto de la iniciativa parlamentaria de Vox. Tanto para acelerar el trasvase de voto del PP, que indican todos los sondeos, como para marcarle el paso a sus indecisos dirigentes que no saben si ir al centro derecha o hacia la derecha extrema.

La moción de censura es  una trampa saducea tendida por Vox al Partido Popular. Sea cual sea la respuesta que le de Casado, gana Abascal. Si vota en contra, el líder del PP será tachado de cómplice de la Moncloa, si  se abstiene, le llamarán la derechita cobarde y si su voto es favorable, se someterá a la política de Vox.  Si Jesucristo supo y pudo salir airoso de las preguntas capciosas de los saduceos, como narran los Evangelios, no parece que ocurra hoy lo mismo. Precisamente por ser mucho más fariseo que saduceo, Casado continuará dándole vueltas a las tres respuestas hasta la misma hora de la votación, y aún así, cuando haya votado, se preguntará si no hubiera sido mejor optar por una de las dos restantes.

Con habilidad, Abascal presentó una moción de censura a medias. O sea, nada de censura constructiva, con un programa de gobierno alternativo, sino censura a Sánchez sin más programa que abrir las urnas. Cuando cumplimos nueve meses de acoso a la Moncloa, la propuesta de Vox va dirigida a emplazar al acosador para que se sume a una votación contra el gobierno. No hacerlo tiene muy difícil venta para un electorado como el del PP, ansioso porque Casado acompase sus palabras con sus hechos. Carece de sentido pues, argumentar como Abascal, moverse como Vox y votar como Ciudadanos. Con razón, Sánchez le aconseja romper con Abascal si quiere que el PP sobreviva como partido de Estado.

La duda se le hace más insoportable a Casado, sobre todo porque el nacional populismo de Vox empieza a evidenciarse también como un movimiento sociopolítico que se mueve a gusto en la crisis social de la pandemia como otros populismos lo hicieron en la crisis del 15–M.  Vox aspira a recoger el voto del cabreo, abandonado por los que lo tuvieron hace un quinquenio , que no para de crecer ante el creciente pavoroso escenario sociológico que genera el coronavirus. En esa dirección, Vox no solo persigue orientar a un PP desnortado sino que pretende penetrar también en terreno social hasta ahora reservado a la izquierda. Clases medias axfisiadas y clases populares depauperadas, son ahora su objetivo.

Pero lo más inquietante para el Partido Popular es que Vox no oculta que va contra el mal llamado Régimen del 78, al que acusa de poner en riesgo tanto la unidad del Estado como a la Corona que la encarna.   ¿Puede el PP, uno de los dos grandes partidos sobre los que descansa la Monarquía Constitucional,  ignorar a que juega su aliado Vox ? El problema de Pablo Casado, como también lo sería de su sustituto, consiste en combinar su interés como  partido de Estado con los intereses de su propio electorado al que han volcado hacia la derecha extrema. Solo una personalidad con los mismos atributos de  don Manuel Fraga podría resolver hoy esta grave contradicción que amenaza al PP, la democracia y la Monarquía constitucional.

No estamos, pues, ante un ruido de ratones como dijera Besteiro a los que alertaban sobre los peligros que corría la II República, ni tampoco ante una patochada, como señalan  hoy sus herederos. El drama del Partido Popular es también el drama del sistema democrático, y es que, conviene no olvidarlo, si la derecha es la mitad del mapa electoral del país,  el PP es mucho más de la mitad de ese amplio espacio político.  De no resolverse positivamente,  la involución defendida ayer a cara descubierta por Vox encontraría la base social que busca Abascal. Hace dos años, antes del primer gobierno de Sánchez, Vox no tenía un solo diputado, ahora, con el segundo gobierno de Pedro Sánchez, cuenta con 52.  ¿Cuántos habrá en las próximas urnas? Todo dependerá de si Sánchez sabe o puede articular una respuesta democrática que incluya a la derecha.