El desconcierto

Casado vence pero no convence

La equidistante posición de Casado sobre el estado de alarma, entre el Gobierno de Sánchez y la oposición de Vox, empieza a suscitar serias dudas sobre el alcance de su discurso apenas setenta y dos horas después de su intervención en la moción de censura. Quienes se apresuraron a calificarlo como punto de inflexión observan hoy que quizás no era para tanto y que sus palabras no fueron más que un fuego fatuo de otoño.  Y no digamos de los que le describieron como un brillante estadista, copiando aquella definición de  Felipe González sobre Manuel Fraga,  un hombre al que le cabe el Estado en la cabeza. No es el caso. Que más quisiera el Partido Popular que fuese así.

Tan claro como que Casado venció en la moción de censura de la que fue objeto, por la persona interpuesta de  Pedro Sánchez, es que, tal y como empezamos a ver con su actitud sobre la pandemia, no convenció ni a los suyos ni a los contrarios. Denunciar teóricamente la misma política que viene practicando desde ahora hace un año, sin la más mínima explicación, confunde tanto a la derecha como desorienta a la izquierda. Máxime cuando, hoy como ayer, utiliza el coronavirus como instrumento político contra la Moncloa. Es decir, cuestiona indirectamente lo que Vox cuestiona directamente. Si en la primera ocasión golpea a la cabeza de Sánchez, ¿para qué y por qué atacó a Abascal?

La pregunta es pertinente por cuanto el desenlace de la moción aún no se conoce. Ganar en el parlamento no significa haber ganado también en la calle. Solo desde el cretinismo parlamentario, creer que la realidad sólo reside en el hemiciclo del Congreso de los Diputados, se puede dar por sentenciada la batalla entre el PP y Vox, cuando no ha hecho más que empezar. Por mucho que los medios de comunicación lo señalen, como también señalaron la muerte prematura de Sánchez a manos de Susana Díaz, puede ocurrir probablemente lo contrario. Quien siga con atención esta incipiente guerra civil en la derecha, sabe bien que Vox no es ninguna flor caduca sino perenne y que  Pablo Casado puede reinar solo por un día.

De momento, lo que se vio en el Congreso de los Diputados es una lucha por ver quien dirige a la derecha. Casado dio un puñetazo en la mesa frente la moción de censura que le presentó Vox mediante Sánchez. Pero no hubo más, ni tampoco parece que vaya a haber más ahora o más tarde. La saña con que Pablo Casado respondió a Abascal evidenciaba el rencor que el líder del PP alberga hacia el dirigente de Vox por negarse a ser un mero mayordomo del Partido Popular, y disputarle ahora la hegemonía de  la derecha. Ese hasta aquí hemos llegado es hoy la única línea roja que separa a las dos derechas que, además, no es infranqueable porque si lo fuera ninguna de las dos podría llegar a la Moncloa.

Si se precisa, se podría hablar de un nuevo intento centrista del PP, un viaje al centro desde los tiempos en que Guerra se reía y lo calificaba de eterno viaje. Pero de darse sería al estilo de Calvo Sotelo, no de Adolfo Suárez. Salvo Rivera, que despilfarró esa gran oportunidad por su insaciable ambición, tan característica de su generación, nadie desde la derecha puede hoy instalarse en el espacio de centro porque lo tiene bastante  bien ocupado el centro izquierda bien representado en el Gobierno. Ni siquiera la misma Inés Arrimadas, ya que Ciudadanos no puede ir más allá de unas concretas zonas limítrofes. Y, desde luego, el chico del maletín del presidente Aznar, tal como definió Abascal a Casado, aún menos que otros dirigentes del Partido Popular como Feijóo.

Únicamente los diez minutos en los que Abascal sugirió una analogía entre la ocupación alemana de Europa por Hitler con la de Merkel,  ahí tropezó Vox, explican que los medios de comunicación hayan revestido a Casado con la V. de Winston Churchill.  La paciencia con la que la derecha económica viene soportando un PP sosias de Vox estalló en una súbita impaciencia por retomar las riendas políticas de un Partido Popular independiente de esa formación. El problema no es que sea tarde, en política las manecillas del reloj nunca existen, sino que Casado es el hombre menos indicado para semejante tarea política. Quien fue ventrílocuo de Aznar y eco de Abascal no tiene más voz que la de Vox.