El desconcierto

El desastre de 2021

Casi cien años después del desastre de Annual, donde Ab-del-Krim derrotó implacablemente al general Silvestre, la sociedad española se encuentra en vísperas del desastre de 2021, provocado por los devastadores efectos  de la pandemia. La fuga hacia delante del general derrotado, creyendo que tomaría Alhucemas, es similar a la escapada de Pablo Casado, votando la abstención en la votación sobre el estado de alarma, creyendo que de esa forma entrará en la Moncloa. Ni el militar tomó la ciudad marroquí, porque encontró la muerte, ni  el segundo entrará en la sede del Gobierno, porque es bastante probable que encuentre su muerte política con su insensata aventura. Tras el desastre de 1921 llegó la dictablanda de Primo de Rivera, tras el desastre de  2021, se vislumbra igualmente  una posible salida autoritaria.

Mientras que la derecha europea apuesta por medidas rigurosas para hacer frente a la amenaza creciente del coronavirus, cerrando filas con  toda la izquierda, la española parece apostar por el desastre de 2021. Después de su derrota política en la pasada primavera, en la que su ofensiva para derribar al gobierno de Pedro Sánchez fracasó, apuesta en otoño por una nueva escalada de la tensión. Casado no escucha a Merkel, ni tampoco a Macron. No tiene más oídos que para Aznar y Abascal cuando contraponen demagógicamente la libertad a la lucha contra la pandemia. España es hoy el único país de la Unión Europea en que se combate al virus desde una Torre de Babel. Emulando a Franco, Casado consagra otra vez el Spain is different.

El Partido Popular, dado que ningún dirigente parece desmarcarse del aventurerismo de su líder, ha optado claramente por la estrategia de la desestabilización social, apelando a la calle contra las decisiones de la Moncloa aprobadas por el Congreso de los Diputados. Alineados siempre con la eficaz agitación a pie de obra de los activistas nacionalpopulistas de Vox, que recupera los eslóganes del anterior populismo del 15–M,  cuestionan la gestión de Salvador Illa desde una fácil demagogia. Se trata de crear un doble poder. El oficial del Gobierno y el real de la sociedad, para bien instrumentalizar así la pandemia con una ideologizada política de comunicación que desborda a los desideologizados publicistas de la Moncloa.

Cuentan de antemano con lo que los expertos denominan la fatiga de la pandemia, bien visible en el hartazgo social por el coronavirus y por la incapacidad de toda la clase política de aunar sus esfuerzos en aras de combatirlo. La impotencia del Gobierno Sánchez por hacerle frente, la misma que  la de los demás países europeos, aparece multiplicada por esta estrategia desestabilizadora de un Partido Popular que continúa por la senda de Vox sin más diferencia que la competencia por el liderazgo de la derecha. El lógico hastío de la política, más en un país sin tradición democrática como España, se extiende a lo largo y a lo ancho de una sociedad encabronada con todos sus políticos.

De cara a un 2021,  donde las consecuencias económicosociales de la pandemia van a superar a los efectos del mismo virus, la explosión social que ya ha estallado en Italia corre el riesgo de extenderse por el territorio español. Que duda cabe que, si es así y así lo parece, los estrategas de la desestabilización van a trabajar con el viento de cola a su favor para intentar crear una situación crítica que sitúe al Gobierno de Sánchez entre la espada de la movilización social y la pared de una Alemania revestida de Unión Europea, que impuso el desarme agrario e industrial  de España en aras de convertirnos en la Florida de Europa.Salvo que Tierno Galván tuviera razón cuando afirmaba que Dios siempre ayuda a un buen marxista, enviando el Espíritu Santo en forma de vacuna, el 2021 va a ser un 2020 triplemente empeorado.

La cita conjunta de todas las contradicciones no resueltas junto a los efectos de la pandemia puede generar que el 2021 provoque el mismo escenario crítico de 1921. Aunque ahora, por supuesto, sin riesgo alguno de dictablanda, pero sí con la perspectiva de una posible salida autoritaria, hoy peligrosamente subestimada, sobre todo si el Gobierno de Sánchez no quiere, sabe o puede articular una respuesta eficaz a la lucha contra la pandemia, a la cuestión catalana, agravada con las nuevas redadas policiales justo antes de las urnas, a la renovación  pactada del Poder Judicial, a unos Presupuestos transversales, a la imparable crisis económica  y al pavoroso problema social. Dicho de otro modo, articular una salida democrática que impida la salida autoritaria de quienes calculan rentabilizar electoralmente el desastre de 2021.