El desconcierto

El rebote del gato muerto

Los analistas económicos suelen emplear una expresión fúnebre para referirse a las reacciones en las que no confían. Llaman rebote del gato muerto a la subida coyuntural de una empresa tras desplomarse. Después de un subidón puntual, las bajadas vuelven. Lógicamente, hoy ha vuelto a utilizarse después del rebote de casi un 17% del PIB de España en este tercer trimestre del año, posterior a la relajación de los confinamientos impuestos por la necesidad de combatir la pandemia del coronavirus. Máxime cuando nada mas publicarse estas cifras se esfumaron a mucho más velocidad de lo que habían tardado en aparecer. Si este gato como todos tiene siete vidas, también tiene siete muertes.

Qué más quisiera hoy Pedro Sánchez que poder afirmar lo que González dijo en su día, no importa que el gato sea negro o blanco, lo importante es que cace ratones. Ahora no hay quien cace al bicho de la pandemia ni al roedor de la economía. Pese a los publicistas de guardia que proclaman tout va bien madame la marquise, alabando la hazaña del rebote del PIB, la realidad agarbanzada señala que en tiempos del coronavirus ese guarismo apenas es un parche de un día. La pandemia es como una montaña rusa en la que el infierno de primavera precede al fuego fatuo del verano que, a su vez, antecede a la nueva caída infernal de otoño. Así es y será hasta que dispongamos de una vacuna.

Este otoño pagamos las alegrías del verano, cuando todos, gobierno y oposición, celebraban la victoria sobre la pandemia. Ni un solo partido, ni tampoco ningún líder, se atrevió a advertir que aquello era pan para hoy y epidemia para mañana. Al igual que no se supo ver la gravedad de la amenaza del coronavirus en marzo, no se supo leer en julio la crónica anunciada de su segunda ofensiva. Ahora nos toca, en noviembre, pagar los platos rotos del verano. Nadie se preocupó de que ahí continuaba el coronavirus, preparando su potente ofensiva de otoño, mientras la preocupación permanecía centrada en la Corona, como si la pandemia fuese un mero episodio de la primavera.

El resultado de tal frivolidad política es más pandemia y menos economía. Mucho más confinamiento, mucho menos trabajo. La cima del verano nos lleva al pozo negro del invierno. Aún así, continúa la lucha política en medio del desconcierto ciudadano. PSOE y PP, los dos grandes partidos, seguidos por los dos pequeños, UP y Cs, se atizan de lo lindo sin parecer entender que o se salvan todos, o perecen todos junto con la democracia. Si todavía en primavera se intentaba llegar a un cierto acuerdo desde la Moncloa, pronto se demostró imposible por las zancadillas propias y las ajenas; es poco más que una quimera que en otoño el gato muerto de la pandemia pueda rebotar.

¡ Feliz 2022! es el mensaje que circula para entrar en el 2021. Refleja bien el desánimo de la sociedad y el escepticismo sobre toda la clase política que gestiona la lucha contra la pandemia. Se da por perdido el próximo año y se desea que la ansiada vacuna llegue al menos en el 22. Por si fuera poco, la violenta explosión social agrava el pesimismo ciudadano porque, más allá de los agitadores, lo que inquieta son las causas económicas y sociales que lo generan. Añadir, además, un problema de orden público al coronavirus y a la crisis económica evidencia un horizonte insoportable. Y lo más inquietante es que haya cogido de improvisto a las Fuerzas y Cuerpos de la Seguridad del Estado.

Pese a todo, el Congreso aún se divierte. Obsesionado con sus trifulcas partidistas y objetivos burocráticos, olvida la imperiosa necesidad de encontrar un acuerdo transversal a la hora de encarar la lucha contra el virus. Habrá que esperar a la tramitación de los Presupuestos para despejar si, en el último momento, es viable una probable votación favorable de Ciudadanos junto con una tan posible como imposible abstención del voto del Partido Popular. Cuando la violencia reaparece en la calle, urge cortar la beligerancia entre los partidos políticos. Porque lo realmente grave no es que unos jóvenes griten contra la supuesta dictadura de Pedro Sánchez, sino que también se escuche ese grito en el parlamento de boca de Casado.