El desconcierto

Las dos mayorías de Sánchez

Sánchez es un hombre con buena suerte, con baraka. El debate, y la posterior votación de los Presupuestos, lo evidencia bien en su máxima expresión. Tras haber prorrogado dos años los de Cristóbal Montoro, hoy dispone de dos mayorías posibles para aprobar en diciembre los de la ministra de Hacienda Montero. La amplitud de la derrota de las siete enmiendas totales lo certifica sin lugar a dudas. De hecho, los Presupuesto están aprobados a falta solo de saber su soporte parlamentario. Bien con la mayoría aritmética con la que el presidente del Gobierno pudo entrar en la Moncloa, o con la mayoría geométrica con la que el Gobierno puede ampliar y consolidar su anterior triunfo electoral. Ese fue ayer el eje esencial del debate en el Congreso de los Diputados.

La discusión no se centró en las intervenciones de la ministra Montero y de Casado, como es habitual en todos los debates presupuestarios del Gobierno con la oposición, sino en las de Gabriel Rufián e Inés Arrrimadas. Uno a favor de la no ampliación de la mayoría de Pedro Sánchez, la otra a favor de un claro acuerdo transversal que amplíe el respaldo parlamentario de Sánchez. Ambos apelando a la Moncloa para que elija pronto un partenaire político: Esquerra Republicana de Catalunya o Ciudadanos, mientras que la portavoz de Gobierno les conminaba a no vetarse y a marchar juntos por la senda constitucional, en estos tiempos de incertidumbre creciente creada por la presente pandemia del coronavirus.

La objeción de Rufián, Ciudadanos es un partido de derecha con el que no se dabe pactar, se vuelve contra sí mismo, dado que ha gobernado con toda la derecha catalana y todavía continúa haciéndolo. ¿Por qué es pecado mortal ir de la mano de Inés Arrimadas, en Madrid, y pecado venial marchar junto a Torra en Barcelona? Sin olvidar que un apoyo parlamentario a Sánchez no es lo mismo que un gobierno de coalición con  Carles Puigdemont. Por otra parte, la condición cierta de derechas de Ciudadanos puede ser mucho más una ventaja que una desventaja en coyunturas como la española, sobre la que se cierne la sombra de la involución. Lo que inevitablemente significa que el peso político de Ciudadanos es ahora determinante.

La incalificable puñalada de Albert Rivera a Inés Arrimadas, acusándola de indignidad, revela la necesidad del PP de impedir cualquier acuerdo entre la izquierda y la derecha. Dos bloques sociales enfrentados avanzando hacia la confrontación final. Justo lo que persigue también Vox. O lo que es lo mismo, borrar los pactos de la transición que ayudaron a que los españoles terminaran con sus históricos demonios familiares. Esta zancadilla política de un Albert Rivera, rencoroso con sus colegas que intentan jugar el papel centrista en Ciudadanos, desvela el interés del Partido Popular de empujar a Inés Arrimadas de nuevo hacia el trío de Colón, justo cuando está a bofetadas con Pablo Casado, Abascal y Rivera.

Igual ocurre con la algarabía interesada en torno al voto de ayer de Bildu. El escándalo se organiza no por un gobierno, una coalición, ni siquiera por un pacto, sino por una simple votación sobre los Presupuestos. Quienes ayer negociaron con ETA, Aznar y Zarzalejos, se llevan hoy las manos a la cabeza porque la izquierda abertzale vota con un gobierno progresista. Ni gobierna, ni pacta, ni negocia. Arnaldo Otegui, uno de los mejores líderes políticos de todo el Estado español, ha aprovechado la ocasión, tanto para reforzar la imagen de Bildu, como para romper el monopolio que el PNV ostenta en la relación de Euskadi con España; si es que, como bien advierte el líder abertzale, las cosas no se tuercen. Aún está fresca la tinta del non nato pacto sobre la derogación de la reforma laboral que Bildu firmó con la socialista Lastra.

La votación de ayer fue una nueva derrota de Pablo Casado. ¿Cuántas lleva en lo que llevamos de año? Sin embargo, esta es especial y marca un ahora y  un después en la presente legislatura. Cuando el PP anuncia hoy una nueva recogida de firmas sobre la ley de Educación de la Ministra Celaá, repitiendo el esperpento de Rajoy contra el Estatut de Cataluña, indica que sus perspectivas solo pueden pasar por tensar la tensa cuestión catalana en las vísperas de las elecciones autonómicas del 14 de febrero. Regresan a lo mismo de siempre. Solo que les será más fácil o difícil, según sea el desenlace de esta contradicción interna entre quienes sostienen a Pedro Sánchez. A mayor apoyo parlamentario, menos posibilidades, a menor apoyo parlamentario, más posibilidades.