El desconcierto

El disputado voto de Bildu

En la recta final de la aprobación de los Presupuestos 2021, el debate no está centrado en su contenido sino en sus apoyos parlamentarios. Setenta y dos horas después de que el mismo Arnaldo Otegi anunciara su voto en contra de las enmiendas a la totalidad, la totalidad de la discusión gira en torno a la coalición EH Bildu. En el seno del Gobierno y de la oposición, en el mismo interior del PSOE, se discute sobre el importante paso dado por la izquierda abertzale y sus posibles consecuencias. Nunca cinco escaños de un grupo reducido habían dado tanto que hablar, polemizar y sentenciar en el Congreso de los Diputados. Aunque en realidad el disputado voto de Bildu apenas es algo más que un comodín que se usa contra Pedro Sánchez.

A los que, desde la oposición, buscan el acoso y derribo del Presidente del Gobierno, les viene como anillo al dedo conspirativo el voto de Bildu. Tanto como a los que intentan, desde el gobierno, que Ciudadanos no vote los Presupuestos de Pedro Sánchez. No digamos de aquellos que se la tienen jurada a Sánchez desde que cayó de pié cuando fue defenestrado desde la ventana de Ferraz. El objetivo de los que ponen aparentemente el grito en el cielo porque Bildu se ha atrevido a votar en el Congreso de los Diputados, lo que buscan en realidad es que caiga Pedro Sánchez, así como otros apuestan por evitar que le tienda la mano Inés Arrimadas. Por ello no hay bofetada dirigida a Sánchez que no aterrice en el rostro de Otegi.

Llama la atención que un partido de izquierdas, y Bildu lo es, sorprenda por su voto contra una enmienda a la totalidad de unos Presupuestos que dedican un 54% al gasto social. Nada es más lógico y normal; lo que sería llamativo sería justo lo contrario. Aunque podemos estar seguros de que en esta hipótesis improbable ninguno de estos críticos políticos se escandalizaría y no rechazarían apoyarse mañana en Bildu como ya ha ocurrido en Euskadi. Nadie rechaza en el parlamento un voto favorable porque, además, tampoco podría impedirlo. Bildu votó sobre lo que se votaba. Ni más ni menos. Si hoy han sido convertidos en un espantapájaros para cercar a Pedro Sánchez o alejar a Inés Arrimadas es ajeno a su voluntad.

Buena parte de la responsabilidad de la controversia creada  sobre el disputado voto de Bildu cabe atribuirla a la Moncloa al enmarcarlo en un cuadro de honor un tanto confuso, profuso y difuso. Al presentarlo a bombo y platillo, ha alimentado la impresión de que la izquierda abertzale había llegado a un pacto como el de la Comunidad de Navarra donde la presidenta socialista Chivite gobierna con el apoyo abertzale. Cuando no es así, ni de lejos. Pero esa solemnidad con la que se informó sobre el voto a una enmienda fue percibida como una intervención de la izquierda abertzale en el debate interno del Gobierno progresista e incluso del mismo Partido Socialista Obrero Español.

¿Qué más quería Casado que añadir a su coctelera política, bien repleta de pandemia y catalanes, una buena dosis abertzale de Bildu? Ni corto ni perezoso, ha recuperado el material utilizado contra la presidencia de Zapatero, en la época de la negociación con ETA, cuando la realidad es que no ha habido negociación del Gobierno con Bildu. De repente, el arsenal antiterrorista se ha desparramado sobre la política, como si la violencia, desaparecida hace una década, estuviera presente en el escenario político. Con la intención, bien clara, de que Sánchez pague en votos contantes y sonantes del Partido Socialista los cinco escaños de Bildu. La ecuación del PP es evidente: Bildu más las urnas del 14 de febrero en Cataluña igual a deterioro electoral del PSOE.

Quienes persiguen la involución del mal llamado Régimen del 78 hacia una Monarquía preconstitucional, la misma que ya existió entre la muerte de Franco en 1975 y las elecciones de junio de 1977, juegan a enfrentar los tres mapas políticos de Euskadi y Cataluña con los del resto de España. Al no coincidir sus correlaciones de fuerzas sociales, esperan que sus antagónicos desarrollos permitan en un momento dado contraponerlos si logran volver a unificar a toda la derecha. Esa crucial batalla política en Madrid, inexistente en Barcelona y Bilbao, va a ser en el futuro bastante determinante de la evolución o involución del conjunto de todo el Estado español.