El desconcierto

Vuelva usted en febrero

Los tiempos cronológicos no coinciden siempre con los políticos. Al igual que el siglo XX se adelantó en casi toda una década a su final oficial,  al desaparecer el comunismo como fuerza política, ocurre con este 2020. Habrá que esperar al 14 de febrero, día de San Valentín, para celebrar el Año Nuevo político tras mes y medio del Año Nuevo temporal. Hasta que se cierren las urnas catalanas no será posible comer las doce uvas políticas. O sea, no se despejarán las principales incógnitas que aún rodean el incierto futuro del gobierno progresista de Pedro Sánchez. Pese a haberse liberado del agobiante corsé presupuestario, que le dificultaba su libertad de movimiento, debe todavía añadir cuarenta y cinco días al annus horribilis que ha sido 2020. Por eso, el vuelva usted en febrero es hoy la respuesta de políticos, jueces, sindicalistas y empresarios.

No está en juego su presidencia gubernamental, ni tampoco la del gobierno que dirige en solitario, ni mucho menos la mayoría parlamentaria sobre la que se sustenta hoy en la Moncloa. Más aún, esta docena de meses han sido testigos de la extraordinaria habilidad de Pedro Sánchez para no caer en las numerosas trampas que le han tendido tanto enemigos como adversarios. Ahí están las encuestas que señalan al PSOE como el eje de las fuerzas de progreso de la sociedad española. Cuando la pandemia está llevándose gobiernos por delante, como el de Donald Trump, el socialismo continúa siendo el partido hegemónico de la sociedad española en medio de un  tenso vendaval político sin precedentes.

Nada ayuda más a  Pedro Sánchez que esa combinación de racionalidad económica neoliberal e irracionalidad política tardo neofranquista que caracteriza al Partido Popular y a casi toda la derecha española. Ver hoy a Pablo Casado volver a utilizar el corona virus, ahora en su versión británica, contra la Moncloa resulta patético, descalifica a un líder político y hunde  a uno de los dos partidos sobre los que descansa el sistema constitucional. Después de dos fracasos políticos consecutivos, en primavera y otoño, una tercera ofensiva en invierno con las vacunas,  el líder popular consolida a  Pedro Sánchez en la Moncloa al impedir la articulación de una necesaria alternativa política al gobierno progresista.

La penúltima esperanza de Pablo Casado reside, una vez más, en Cataluña,  a través del enfrentamiento de la identidad republicana formal de los de Esquerra con el proyecto independentista real de Junts per Catalunya. Tanto en la inmediata campaña electoral, donde el Partido Popular ve bastante viable introducir hoy una cuña política en la actual mayoría sobre la que se sustenta la Moncloa, como después de los resultados electorales, tras los cuales sería igualmente posible, según, claro está, las cifras que deparen las urnas. De momento, los sondeos favorecen a los republicanos , aunque los más recientes señalan que los independentistas van recortando in crescendo  la distancia.

Es por ello que la  actual renovación del Consejo General del Poder Judicial, prácticamente pactada, espera la fumata blanca. Si hasta Bildu no manifiesta interés alguno por su presencia en dicho órgano, según declaraciones de Otegi a este diario, no se ve bien por qué aún no se ha anunciado dicho pacto. Parece evidente que el PP necesita que se cierren antes las urnas catalanas para anunciarlo, sin el coste que supondría si lo hiciera en medio de su contienda electoral con los de Vox. Igual sucede ahora con la negociación social donde la capacidad laboral negociadora de la ministra Yolanda Díaz, una de las mejores ministras del gobierno, choca con la resistencia empresarial a negociar sin  que se despeje la incógnita catalana. No es casual, por ello, que también CCOO y UGT esperen a febrero para la movilización social. Lo dicho, vuelva usted en febrero

Será el 14 de febrero el día en que termine 2020 y comience 2021. Entonces sabremos los resultados de las urnas catalanas junto con el nuevo gobierno de la Generalitat. Lo que desvelará, al fin,  si se mantiene o se amplía la actual mayoría del gobierno de Sánchez.  Porque el PP, tras haber fracasado en derribarlo, busca delimitarlo al máximo reduciendo cuanto sea posible su base parlamentaria y social. O sea, para  poder presentarlo como el gobierno de media España enfrentada a la otra media España. Dicho de otro modo, avanzar  en la polarización social imprescindible para conseguir mañana la involución política que nos lleve a la Monarquía preconstitucional.