El desconcierto

¡Piove, porco goberno!

Antes de que el gallo cante tres veces, Pablo Casado gritará ¡Piove, porco goberno!, como se suele decir en Roma, cuando comience el diluvio anunciado para el miércoles por los meteorólogos. Si Filomena la facturó en la cuenta de resultados políticos de Pedro Sánchez, ahora, que vienen lluvias torrenciales, las apuntará igualmente en el haber de la Moncloa. En 2021 continúa pues con el mismo estilo de oposición política que durante 2020. A pesar de que el balance del año terminado no cosecha más que llanto y crujir de dientes para el Partido Popular, predomina en su líder un singular instinto masoquista. Seguramente calcula que agitando el caballo de la Pandemia, avanzando el alfil catalán, y el doble enroque del Gobierno, conseguirá dar jaque mate a Sánchez.

A la vista está que, tras votar contra el estado de alarma, ahora parece preconizarlo, aunque tampoco es seguro dado que el oportunismo que le caracteriza aconseja siempre guardar una carta de la baraja. Al fin y al cabo, los movimientos del caballo del corona virus pueden ir en tantas direcciones que dificultan cualquier demagogia sobre la pandemia. Por lo tanto, toca ahora mismo cabalgar al galope sobre las vacunas. La letanía es bien conocida y va acompañada del rosario privatizador encubierto allí donde disponen de poder autonómico. En Madrid, rompeolas del Partido Popular, hoy se propone abiertamente privatizar la Sanidad Pública y el primer ensayo se hace con la vacunación.

El alfil catalán, el retraso al mes de mayo de las elecciones del 14 de febrero, ha complicado la estrategia de la Moncloa. No hay más que constatar como aplauden los nacionales de Barcelona junto con los patriotas de Madrid para comprobarlo. La cuestión de los indultos probables y de la posible reforma del artículo del Código Penal sobre la sedición, así como la renovación del Consejo General del Poder Judicial, ya pactada entre el PSOE y el PP, se ven aplazadas hasta después del 30 de mayo. El santoral podría tener algo que decir, porque sustituir el San Valentín del día de los enamorados por el de la patrona de Artillería, Santa Bárbara, para que voten los catalanes, no es buena señal.

El doble enroque del Gobierno, socialistas de un lado y morados del otro, es la esperanza permanente de Casado, aunque el año transcurrido podría indicar que puede desvanecerse. El mutuo enroque, más fuerte que ayer y menos que mañana, nunca va a romper una coalición con mala salud de hierro. Ni las pensiones, ni la reforma del mercado laboral, ni el precio de la energía eléctrica, conducirán a ambas fuerzas a ese suicidio político que sería regalarles el poder al Partido Popular. Podemos no frenaría su caída electoral, que señalan todos los sondeos, sino que la aumentaría en  una ruptura. La experiencia de Madrid, donde hoy gobierna el PP gracias a que los socios de coalición de la Moncloa decapitaron a Manuela Carmena, es un serio aviso a navegantes. A  lo hecho, pecho.

La principal ventaja de Sánchez es que tiene enfrente a un parvenu de la política. Si Casado fue un insensato en el 2020, al intentar dar jaque mate a la Moncloa en cuatro movimientos, mucho más lo va a ser ahora, en este 2021, con solo dos movimientos. Sustituir el mate del pastor con el mate del loco, solo posible con un ignorante del tablero de ajedrez, evidencia bien la extraordinaria crisis política que vive hoy la sociedad española. Ni el caballo de la pandemia, ni el alfil catalán, ni el doble enroque gubernamental, van a llevarle a la Moncloa. Sin un drástico cambio en la apertura de la partida contra Sánchez, lo que seguramente pasaría por sustituir a la reina Casado, el Partido Popular está condenado hoy a continuar siendo el caballo de Troya de Vox, un posicionamiento que les guste o no beneficia a la Moncloa.