El desconcierto

¿Puede Casado negociar en nombre del Partido Popular?

La parálisis de las conversaciones para la renovación del Consejo General del Poder Judicial, cuando se daba por hecho el acuerdo, evidencia la dificultad de Casado para representar al Partido Popular en la negociación con el Gobierno de Sánchez. Lo de menos es el pretexto aducido, el veto a un magistrado, porque el problema real consiste en una seria crisis de identidad de los populares. Tras el doble fracaso de las dos embestidas contra la Moncloa, utilizando como ariete el corona virus, más el sorpasso de Vox en las urnas catalanas, con un PP en caída libre, la interrogante es acuciante: ¿giro al centro derecha, pactando con Sánchez; o viraje a la derecha, con el escapulario de Colón como bandera de combate?

La ausencia de una respuesta a esta pregunta explica los bandazos de Pablo Casado desde que se hiciera cargo de los mandos del Partido Popular. Lunes, miércoles y viernes con Rajoy; martes, jueves y sábado con Aznar. O lo que es lo mismo, un vaivén permanente entre Núñez Feijóo y Cayetana Alvárez de Toledo. Carece de un proyecto sólido, de una línea clara y de una dirección firme. Los virajes son tan constantes como las coyunturas que los originan. Luego,si ningún rumbo es firme, ¿cómo creer en alguno de ellos si el propio Casado los ignora? En estas condiciones, nadie, en nombre del Partido Popular, está en condiciones de poder negociar un triple pacto institucional.

La  única excepción habida del acuerdo, el Consejo de Administración de RadioTelevisión Española, no hace más que confirmar la regla. Primero, porque el Gobierno ha retirado su propuesta de concurso público para dirigir el Ente que había seleccionado un equipo directivo; segundo, que otros partidos se hayan sumado al reparto de cuotas de los periodistas ad hoc no mejora sino que empeora aún más la imagen de los medios de comunicación públicos; y tercero, el abandono del proyecto inicial de la Moncloa coloca a RTVE al pié de todos los caballos de las cadenas privadas. Cuarenta años después de la transición, salvo los breves períodos de Fernando Castedo y Luis Fernández, RTVE continúa bajo el modelo profesional de 1956.

Los cambios de cromos en el Consejo General del Poder Judicial son harina de otro costal. Pactado en agosto pasado, vuelto a pactar en febrero de este año, se rompe a minuto y medio de que publique la nueva lista de vocales. Con uno u otro pretexto, cuando todo parece estar hecho, nada está hecho. Ciertamente, cuestiones como Cataluña e indultos en capilla llevan hoy al Partido Popular a dilatar lo máximo posible la gestación de este pacto sobre el Poder Judicial; pero el factor determinante, hoy por hoy, es el profundo debate interno dentro de los populares, que retrasa la adopción de un criterio sostenible sobre la alternativa política que debe encabezar la oposición al Gobierno Sánchez.

Ni está claro lo que quiere Pablo Casado, si es que él lo sabe, ni tampoco lo que desea el Partido Popular, que se mueve en ese escenario opaco entre centro derecha e involución. Dicho de otro modo, entre una Monarquía constitucional o una Corona preconstitucional. Mientras no salgan de esta clara contradicción, en tanto que no surja un dirigente con autoridad moral, los posibles pactos con la Moncloa serán algo así como el parto de los montes. Hasta entonces, nadie podrá servirse de los acuerdos con el gobierno Sánchez. El orden de los factores altera el producto. Tras la urgente clarificación interna del Partido Popular, llegará el pacto institucional con la Moncloa. No al revés. Por eso Casado se ha visto obligado a romper hoy el papel que llevaba medio año negociando.