El desconcierto

La derrota de la izquierda catalana

Pere Aragonés, próximo president de la Generalitat, en una imagen de archivo.- EFE

¿Cuál habría sido la reacción si, en noviembre de 2019, Pedro Sánchez hubiera formado un gobierno de coalición con Pablo Casado en lugar del que formó con las restantes fuerzas progresistas? Exactamente esto es lo que acaba de ocurrir ayer mismo en Cataluña. El anuncio del acuerdo entre la derecha de Carles Puigdemont y la izquierda de Oriol Junqueras, en lugar de una Generalitat basada en el pacto de las izquierdas. Pese a que las dos primeras siglas, en las elecciones del 14 de febrero, eran progresistas y cabía una mayoría de progreso, la derecha catalana vuelve a conseguir que un partido que  aún se autoproclama de Esquerra impida que gobierne la izquierda catalana.

En ninguna otra comunidad autonómica se da una subordinación de la izquierda a la derecha tal y como sucede en Cataluña. En Euskadi, también existen dos fuerzas independentistas, pero Bildu nunca se ha supeditado al PNV. Y en Galicia, el Bloque Nacional Galego tampoco se ha subordinado a la derecha galleguista. Igual ocurre con el PSOE en las restantes quince autonomías. En todas y en cada una de ellas, cada vez que la izquierda podía gobernar ha gobernado. Esquerra es un caso bastante insólito en el panorama político, probablemente porque tiene bien poco de izquierda y mucho de populista. Así, mientras descalifica siempre la más mínima posibilidad de pacto del PSOE con la derecha española, ahora se entrega de pies y manos a la derecha catalana.

Un botón de muestra de esta capacidad de atracción de Puigdemont es como el molt honorable Aragonés acaba de entregar la cartera de Economía a la derecha catalana de conocida trayectoria neoliberal. No puede ser casual, además, que la gestión de los cuantiosos fondos europeos que va a recibir Cataluña serán también gestionados por Elsa Artadi desde su despacho en la consejería de Economía. Bien en línea con Madrid, donde Isabel Ayuso colocará en la Puerta del Sol a un consejero económico también ligado a los más importantes lobbies de la derecha. Lo paradójico y grave de Cataluña es que, mientras en la capital del Estado la izquierda ha sido barrida en las urnas, en la ciudad condal Esquerra comparte el poder con la derecha, tras haber sido la segunda fuerza electoral, obviamente, tras el PSC.

El descaro de esta peculiar izquierda catalana llega a tal punto que se alinea junto al PP, Ciudadanos y Vox en  Bruselas, en el círculo parlamentario Renew, para endurecer las condiciones que se nos exigen para poder recibir los Fondos Europeos. O sea, toda la derecha de España, más la derecha del parlamento europeo, y Esquerra, todos bien avenidos para bloquear, retrasar o condicionar los 140.000 millones de euros que el Gobierno de Sánchez ha negociado. Evidentemente, el tecnócrata Carles Aragonés no se despega un ápice de  los intereses dominantes. Eso sí, bastante bien adobados de una retórica patriotera made Junts per Catalunya, siempre acompañada de la oportuna fraseología socialpopulista contra la derecha española al servicio de la derecha catalana.

Mala noticia para Pedro Sánchez. Tras padecer la ofensiva del PP en Madrid suma ahora la de la derecha catalana, cuando, además, se va quedando sin el potencial apoyo de un Ciudadanos en vías de desaparición. No le va a a ser nada fácil al presidente recorrer los 32 meses que le quedan de legislatura. Con amigos como Esquerra le sobran los enemigos, pero no le queda otra que poner buena cara al mal tiempo. Su experiencia le enseña lo bien que simulan y disimulan. La realidad es muy testaruda e indica claramente que el gobierno progresista que preside se sostiene hoy, paradójicamente, sobre la derecha catalana a través de Esquerra.