El desconcierto

La correlación de fuerzas en cuarenta segundos

En tan sólo cuarenta segundos, los que duró el lapsus de Meritxell Batet al contabilizar erróneamente el voto de los diputados sobre la reforma laboral, tanto el Gobierno como todos sus socios entrevieron con exactitud las graves consecuencias de su doble equivocación política. De la inesperada derrota parlamentaria de la Moncloa a la abrupta quiebra de la paz social, pasando por la congelación de los 140.000 millones de euros de los Fondos Europeos. Desde el hundimiento de la Primera República nunca como hoy todas las fuerzas progresistas habían "demostrado como no hay que hacer política", en acertado juicio de Federico Engels sobre el anarquismo. En esos segundos captaron que  habían leído muy mal la correlación de fuerzas.

Mala lectura del Gobierno al creer que existía otra alternativa distinta a la de la investidura, mala lectura de sus socios al creer que era gratis total el votar contra la reforma laboral de la ministra Díaz. El voluntarismo de Sánchez, como el aventurismo de Rufián, desembocaron en esos cuarenta segundos en los que a ambos no les llegaba la camisa al cuello. Ni era concebible el voto prometido de UPN, ni el proyecto del Gobierno era un proyecto personal. Una apreciación correcta de la correlación de fuerzas les hubiera llevado a defender lo acordado por los agentes sociales, tal y como lo habían pactado CCOO, UGT y la CEOE. Que haya sido el azar y no la necesidad el factor determinante de la votación evidencia un serio problema político.

Afortunadamente, Dios escribe con renglones torcidos y el diputado Casero ha votado a favor del Gobierno quizás para compensar el engaño de los de UPN a la Moncloa. Para mayor cachondeo, la mala tentación del PP de atribuir a la informática un error humano reitera la progresiva estulticia que envuelve, por desgracia, al primer partido de la oposición. No ha podido ser más torpe la actuación de Casado and cia. Tanto al oponerse a lo firmado por la CEOE como al secundar la postura contraria de los nacionalpopulistas antistema de Vox.  Es imposible encontrar una sigla homóloga en la Unión Europea. Su actuación contraria a la reforma laboral es un compendio de disparates.

No hay más beneficiario de este vodevil parlamentario que VOX. Conviene no olvidar que cuarenta años de propaganda franquista sobre la sociedad española, insistiendo en la denuncia sobre la "politiquería y los politicastros", reaparece hoy ante el total descrédito de una clase política que ha hecho el ridículo en la votación sobre la reforma laboral. Y que el especial protagonismo de Casado, tanto sobre los diputados navarros como sobre el error informático del diputado Casero, viene como anillo al dedo de Abascal en su cerco al PP. En el próximo fin de semana, después del recuento de las urnas de Castilla y León, se tendrá un primer dato sobre la repercusión de ese vodevil en el seno de la derecha.

Paradójicamente, quien sale reforzado es Sánchez. No hay más que ver las orejas al lobo, como se la vieron en esos cuarenta segundos, y se terminan los tiquismiquis de los socios. Puede pronosticarse que este Gobierno llega al 2023 por muchos problemas que se susciten. Esos cuarenta segundos equivalen a dos años seguros en la Moncloa. La correlación de fuerzas indica hoy que la contradicción principal reside en el dilema democracia o involución y que, como acaba de indicar la votación laboral, no saber leerla es tanto como ayudar a quienes buscan retroceder a la Monarquía preconstitucional habida entre octubre de 1975 y junio de 1977. Conviene no olvidarlo y no volver a jugar a la ruleta parlamentaria. Casero no hay más que uno y es irrepetible.