El desconcierto

El as de oro de Sánchez

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, interviene en una sesión plenaria en el Congreso de los Diputados, a 23 de marzo de 2022, en Madrid (España).- Eduardo Parra / Europa Press

Se ha hecho esperar más de lo necesario, pero el plan Sánchez para una economía de guerra llega hoy tras la aprobación del Consejo de Ministros. Limitado en el tiempo, sólo un trimestre, en las medidas, poco más de un prólogo, y en sus apoyos, no ha sido negociado aún con los demás grupos parlamentarios, constituye, sin embargo, un evidente giro acorde con los tiempos bélicos que recorremos de la mano de la OTAN en Ucrania desde hace algo más de un mes. Falta ahora que se debata este real decreto en el Congreso de los Diputados, aunque nadie espera que el cabreo de los partidos políticos, por el ninguneo al que han sido sometidos, pueda desembocar en una votación  adversa.

Desde aquel primer "Rusia es culpable", de 1941, al de nuestros días, media una larga dictadura que no necesitaba de consenso social alguno dada la asfixia implacable  a la que estaba sometida toda la sociedad española. Si entonces no se debatió el coste de aquella guerra, ya que se cargó únicamente sobre las espaldas de los más débiles, ahora el debate sobre la financiación bélica es ineludible, ya que sin respaldo de los agentes económicos el estallido social estaría a la vuelta de la esquina. El amplio rechazo de los españoles a la invasión rusa no anula la necesidad de que los agentes sociales y partidos políticos completen las medidas siempre desde la evidencia de que la guerra consolida al gobierno de turno.

La oposición al Gobierno de Sánchez empieza a padecer un desconcierto similar al que vivieron el conde de Barcelona, padre del Rey emérito, y el PSOE al comienzo de la guerra fría con Rusia, a finales de los años 40. Los países aliados, que después integraron la OTAN, dieron entonces prioridad a la estabilidad política en España en beneficio de Francisco Franco, como se la otorgan hoy en evidente beneficio de Pedro Sánchez. Ese enorme portaaviones geopolítico que es España recobra ahora  su extraordinario valor cuando las grandes potencias se enfrentan por poderes como en el río Dnieper. Máxime cuando nuestro país forma parte del bloque atlántico por decisión mayoritaria del parlamento y del pueblo español. Quien ocupa pues la Moncloa juega con el as de oro de la OTAN en su mano.

Tres jugadas en una semana. El continuo envío de armas a los ucranianos, corrigiendo el error infantil de estar en la guerra sin estarlo, la rectificación sobre el Sáhara, despejando una calima política heredada del franquismo. Y, por último, la excepcionalidad energética de España, que ha dejado en pañales a la derecha, y que viene a confirmar el juicio de Olaf Scholtz sobre Sánchez : "lo ha hecho muy bien ". Tanto que toda la oposición, descontenta por una u otra razón, no puede ir más allá de una cierta crítica relativa, en voz baja, porque podría implicar también un cuestionamiento de la OTAN. Les queda la palabra, pero ya han perdido el posible voto negativo, porque esta triple  carambola  de  Sánchez, sobre la mesa de juego atlantista, les ha dejado sin esa papeleta

Ahí está el desconcierto de  Núñez Feijóo obligado a dar el sí a  una política de estado nada más llegar a la dirección de un Partido Popular recién salido de una crisis, las dudas de la vicepresidenta Yolanda Díaz sobre su propio proyecto que acaba de aplazar, o  el  significativo apoyo del nacionalismo vascocatalán.  Algunas primeras consecuencias políticas que reflejan un hondo movimiento hacia un horizonte de amplia política de pactos, como los de la Moncloa, con o sin gobierno de concertación. Una salida política que dependerá de si hay o no una prórroga de esta economía de guerra, del tipo de medidas consensuadas que se se adopten, de la evolución de la guerra y, por supuesto, de los criterios que tome la organización atlantista sobre  un gobierno OTAN como es el presidido por Pedro Sánchez.