Opinion · Otra economía

¿Gobernar con los socialistas?

Fernando Luengo
Economista y miembro del círculo de Chamberí de Podemos
@fluengoe
Blog de economía crítica: Otra economía

 

Conviene aclarar, para empezar, que, cuando se escriben estas líneas, la dirección del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) no parece dispuesta a gobernar con Podemos, al menos no es esta su primera opción. De hecho, en el juego a múltiples bandas al que estamos asistiendo en estos días, en el que desempeña un papel importante la configuración de los gobiernos municipales y autonómicos, los dirigentes socialistas están manejando la posibilidad de sacar adelante la investidura con el apoyo, activo o pasivo, del Partido Popular y de Ciudadanos; una operación que todavía esta abierta y que apoyan los poderes económicos y políticos.

Los máximos responsables del PSOE, en sucesivas tomas de posición pública, han rebajado considerablemente las pretensiones de la jefatura de Podemos en el sentido de formar un gobierno de coalición, donde ambos partidos estuvieran representados en proporción a su respaldo electoral. El equívoco e impreciso término “gobierno de cooperación”, aparcando el de coalición, más explícito e inequívoco, y el ofrecimiento de que, en el mejor de los casos, los miembros de Podemos podrían acceder a responsabilidades de segundo nivel, en ningún caso formando parte del Consejo de Ministros, es una prueba de las reservas y el desdén con el que el equipo de Pedro Sánchez ha respondido a la propuesta de Podemos.

Entretanto, los grandes medios de comunicación deslizan con insistencia el mensaje de que el estancamiento de las negociaciones se explica, sobre todo, por la intransigencia de Pablo Iglesias, al exigir su presencia en el gabinete ministerial. Esta pretensión, que el PSOE -y las elites económicas- consideran inaceptable, justificaría que los socialistas miraran a su derecha para gestionar la investidura o, si esta no fuera posible, precipitaran la repetición de las elecciones. De ambos escenarios -este es el mensaje que se traslada a la opinión pública- serían responsables el incontenible personalismo del Secretario General de Podemos y la intransigencia de su grupo dirigente.

Un paso más, acaso decisivo, en la operación política de acoso y derribo contra la formación morada. En realidad, aquí ya no se trata de elecciones ni de pactos ni de gobiernos, sino de poner contra las cuerdas a un actor político, Podemos, que, con todas las carencias y errores (que no han sido pocos) ha puesto sobre la mesa problemas hasta ahora ignorados o postergados; por ejemplo, la pobreza energética y los desahucios, la garantía de las pensiones públicas, la lucha contra la discriminación de género, la transición energética, el aumento de los salarios y la lucha contra la exclusión social. Y los poderosos, instalados en su cómodo y hasta ahora intocable universo de privilegios, preservado por los partidos tradicionales, han tomado nota y están reaccionando, poniendo en marcha una compleja estrategia que no tiene otro propósito que mantener el estatus quo. Este es el mar de fondo que no hay que perder de vista en la refriega postelectoral.

En este contexto, el objetivo de los responsables de Podemos, proclamado una y otra vez, es formar un gobierno de coalición con el PSOE, con el argumento de que el margen de maniobra para aplicar políticas progresistas sería mayor estando presentes en el consejo de ministros. Las negociaciones con este partido -opacas, más que discretas- apuntan en esta dirección.

¿Hemos valorado el coste político y electoral que supondrá ser solidarios de las decisiones que adoptaría ese gobierno, insuficientes o, directamente, en abierta colisión con planteamientos básicos de Podemos? Es verdad que el PSOE, forzado por la presencia de Podemos y ante la necesidad de frenar su declive electoral, ha recuperado, al menos en parte, su perfil socialdemócrata. Pero, al mismo tiempo, cuando ha llegado al gobierno, ha congelado o aplazado sine die las propuestas más progresistas que incluso aparecían en su programa. Este partido, hay que tenerlo muy presente, acepta que el eje central de las políticas económicas gire en torno a la reducción del déficit y la deuda pública, da por buena, en lo fundamental, la lógica neoliberal de las reformas estructurales y en Europa se alinea claramente con las tesis conservadoras.

Nuestra (improbable) presencia en un gobierno de coalición añadiría un plus de confusión a nuestro electorado actual y potencial a la hora de defender e impulsar un proyecto diferenciado del que articula el PSOE. En mi opinión, una de las razones por las que una parte de nuestros votantes ha apoyado a este partido en las últimas elecciones o se han quedado en su casa es que nuestras señas de identidad han sido cada vez menos reconocibles. Creo preferible que, como condición para apoyar la investidura, Podemos, preservando su independencia política, debería negociar con la dirección socialista un paquete de medidas para llevarlas a cabo a lo largo de la legislatura, cuyo cumplimiento sería la piedra angular de nuestra acción política, dentro y fuera de las instituciones. El debate de este programa de emergencia -en los círculos, con los movimientos sociales y con la ciudadanía- lanzaría el reconfortante mensaje de que importan, más que los sillones, el contenido de la acción política.