Opinion · Otra economía

Gobierno de coalición y consulta a las bases de Podemos

Fernando Luengo
Economista y miembro del círculo de Chamberí de Podemos
@fluengoe
Blog de economía crítica: Otra economía

La decisión adoptada por la dirección de Podemos de dar la palabra a los inscritos para que decidan la posición que debe tomar el partido en la investidura era muy necesaria. La participación o no en un gobierno de coalición (o de cooperación) con el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) es un asunto de gran trascendencia política que justifica la activación de este protocolo de participación previsto en los estatutos. Una diferencia sustancial con los partidos tradicionales donde todo lo importante se lo guisan y se lo comen unos pocos. Los términos en que se plantea la consulta son, sin embargo, confusos y tendenciosos.

Dos son las alternativas entre las que hay que elegir. La primera, “la buena”, la que recomienda la dirección del partido, defiende la necesidad de un gobierno de coalición con el PSOE (sin los subterfugios de la “cooperación”), sustentado en un acuerdo programático y en una composición acorde con los resultados obtenidos por ambos partidos en las elecciones generales.

Este es un principio básico que, si se dieran las condiciones para formar un gobierno de coalición, tendría que presidir sin duda las negociaciones. Pero es evidente que, cuando se escriben estas líneas, los dirigentes socialistas no están por la labor; ni tampoco los grandes poderes financieros, empresariales y mediáticos, que no se desvían ni un ápice de su hoja de ruta: descabezar a Podemos y llevarle políticamente contra las cuerdas. Con la excusa de que primero hay que hablar del programa, han lanzado una formidable campaña de intoxicación contra la dirección de Podemos, especialmente contra Pablo Iglesias, al que están sometiendo a un ninguneo inaceptable.

El PSOE juega a todas las bazas, incluida la abstención del Partido Popular y de Ciudadanos (¿con qué contrapartidas?), con tal de mantenerse en el poder. El escrito de los diputados socialistas que facilitaron con su abstención el gobierno de Rajoy -¡ojo, un gobierno formado por un partido que ha sido condenado en los tribunales por corrupción!- pidiendo el mismo gesto para facilitar la investidura de Pedro Sánchez resulta simplemente bochornoso, ¿se puede llegar tan bajo en la política? ¿se puede ser más rastrero? Pues sí, se puede. Por lo demás, estoy convencido que esta iniciativa ha contado, sólo ha podido ver la luz con el visto bueno de la actual dirección del PSOE, que, sin ningún escrúpulo, lanza la red en todas las direcciones… ¡a ver qué pesca!

Pero ¿por qué razón el (improbable) gobierno de coalición sería la alternativa a seguir, el buen camino? De entrada, me parece inaceptable que la redacción de la pregunta invite, con descaro, a votar en esa dirección. No me parece de recibo, vulnera un principio básico de imparcialidad. El debate político al que se invita a los inscritos está claramente, deliberadamente condicionado. Actuando de esta manera, la consulta presenta las trazas de un plebiscito (desgraciadamente, no es la primera vez que esto sucede en Podemos).

Por razones que he apuntado en otro artículo (https://blogs.publico.es/fernando-luengo/2019/06/29/gobernar-con-los-socialistas/), no soy partidario, en esta coyuntura, de un gobierno de coalición que contara con nuestra participación (lo cual no debe interpretarse con que rechazo por principio, aplicando una categoría universal e inmutable, compartir gobierno con el PSOE). Creo que no es una buena alternativa, entre otras razones, porque, en aspectos fundamentales, la dirección socialista ha defendido y defiende políticas que se alinean con el establishment (y no se trata de asuntos periféricos e irrelevantes), porque no son pocos los ejemplos de fragante incumplimiento de compromisos que figuraban como prioridades a aplicar de inmediato, porque las presiones de los poderes facticos ante un más que previsible empeoramiento de las condiciones económicas en un futuro próximo acentuará el perfil conservador de la gestión gubernamental, porque, de una manera u otra, formar parte de ese gobierno nos haría corresponsables de las medidas que adopte, y porque, en parte, la evidente pérdida de apoyos que ha experimentado Podemos tiene que ver con que nuestro proyecto ha quedado cada vez más diluido y desdibujado en el espacio político que ocupa el PSOE.

En estas condiciones, creo que debería abrirse un debate -en Podemos y entre la ciudadanía, con los movimientos sociales y con las organizaciones sindicales- y unas negociaciones con los responsables socialistas en torno a un programa de emergencia a desarrollar a lo largo de la legislatura, manteniendo nuestra independencia política. Nuestro apoyo a la investidura y al gobierno, que en ningún caso sería un cheque en blanco ni nos ataría de pies y manos para desarrollar nuestra actividad en las instituciones y en las plazas, estaría supeditado al cumplimiento de ese programa.

¿Dónde está reflejada esta posición en la consulta? No aparece o lo hace de manera deliberadamente confusa. La segunda alternativa es “la mala”, la que, tal y como están redactadas las dos opciones, se desaconseja votar, la que consiste en facilitar la investidura de Pedro Sánchez, que formaría un gobierno monocolor, ofreciendo colaborar en niveles administrativos de segundo rango, sin participación directa en el gobierno. Se menciona, sin embargo, la existencia de un acuerdo programático, supongo que entre Podemos y el PSOE. ¿Cuáles serían los ejes de ese acuerdo? ¿Tendría el mismo contenido que el que recogería la primera opción o sería distinto? ¿quizá menos ambicioso? Ni idea.

La dirección de Podemos invita a los círculos a que abran un debate encaminado a tomar una posición ante la investidura. Pero, como acabo de señalar, los términos en los que se formula la consulta claramente condicionan el resultado de la misma y, creo que deliberadamente, cierran en lugar de abrir ese debate. Deberíamos ser conscientes de la evidente despolitización y vaciamiento de los círculos como consecuencia de un largo proceso donde un buen número de decisiones, que en ocasiones implicaban cambios sustanciales en las orientaciones políticas, han sido tomadas desde “arriba”, comunicándose a los de “abajo”.

Y la consulta no corrige ese problema. Más bien al contrario, puede agravarlo, ante la sensación (evidencia para mí) de que, una vez más, se solicita legitimar unos contenidos y unas maneras de hacer política que tienen inquietantes paralelismos con las prácticas de los viejos partidos. El debate político de los contenidos del plan de emergencia y, más allá de la coyuntura, de nuestra propuesta de cambio más estratégico, y los nexos entre ambos planos, debería ser una piedra angular de la repolitización de los círculos y de nuestra inserción en los tejidos sociales, ciudadanos y sindicales. Esto es mucho más que una consulta improvisada y sesgada. Es otra cosa.