Otra economía

¿Nueva hoja de ruta en Unidas Podemos? Ojalá

La ministra de Derechos Sociales y Agenda 2030, Ione Belarra; la vicepresidenta segunda y ministra de Trabajo y Economía Social, Yolanda Díaz; y la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, a su llegada a unas jornadas informativas sobre la futura ley de vivienda en el Congreso de los Diputados, a 18 de octubre de 2021, en Madrid, (España).- EUROPA PRESS

Suena bien la música: Unidas Podemos (UP) apuesta por trabajar desde ahora mismo por la unidad de las izquierdas; unidad que, de materializarse, se concretaría en la formación de un 'Frente Amplio'. Y suena aún mejor si tenemos en cuenta que, según las últimas encuestas, las derechas estarían muy cerca de alcanzar una mayoría suficiente para formar gobierno. Un escenario que, sólo de imaginarlo, produce vértigo; con una creciente derechización del Partido Popular (PP) y una fuerte presencia de la extrema derecha, nos precipitaría a una histórica regresión económica, social y medioambiental.

Pero, ¿cómo se pretende lanzar ese proceso? ¿Cuál es la sustancia del mismo? Poco se sabe al respecto o poco sabemos los que no estamos en las bambalinas donde se tejen las decisiones políticas. Me formulo estas preguntas, no obstante, porque supongo, o quiero suponer, que la idea motora no es sumar siglas y repartir los primeros puestos de las candidaturas (los que tienen opciones de salir elegidos). Esto ya lo hemos vivido en otras ocasiones y sabemos que no funciona, tiene un recorrido limitado y termina provocando en la gente más decepción que ilusión, por asemejarse a "lo de siempre".

El paso que se quiere dar puede ser trascendental si va acompañado de un amplio debate, que pasa necesariamente por abrir una reflexión sobre las políticas implementadas por el gobierno de coalición y el papel de UP en el mismo. Por parte de este partido, hay mucha autocomplacencia al respecto y poca autocrítica, siempre con la excusa de que tiene una representación minoritaria en el Gobierno.

Es verdad que, frente al Partido Socialista Obrero Español -que intenta hacerse con una parte del electorado de centro que puede quedar huérfano ante la deriva extremista del PP-, encarna las propuestas más ambiciosas y progresistas en materia social y laboral. Pero al mismo tiempo hay que decir que también es corresponsable de la implementación de políticas que se están quedando muy cortas o directamente colisionan con los principios del gobierno de coalición y, desde luego, con las políticas que tendría que tomar uno decididamente progresista en la crítica situación que estamos viviendo.

El debate que podría abrir las puertas a la formación de un 'Frente Amplio' tiene que definir una hoja de ruta, estableciendo los desafíos que urge acometer, los recursos que es necesario comprometer y los plazos en los que se quieren alcanzar los diferentes objetivos. Claro está, no se trata de lanzar un debate "teórico" en el que sólo estarían interesados los "iniciados". Tiene que estar necesariamente acompañado de una estrategia y una voluntad política coherente con la misma, destinadas a vincularse con tejido social activo -sin pretender ocuparlo ni someterlo a los criterios partidistas- y con los que padecen las consecuencias de la crisis.

Todo ello supone un giro copernicano respecto al estilo de hacer las cosas que se ha impuesto en UP en los últimos años, muy parecido al que rige en los partidos tradicionales. Avanzar en esa dirección no se consigue con proclamas genéricas y retóricas del tipo "tenemos un pie en las calles y otro en las instituciones", cuando lo cierto es que ha sido en estas últimas donde se han volcado la mayor parte de los esfuerzos y recursos.

Sería bueno en este punto reconocer que ha llovido mucho desde el 15M, que las fuerzas del cambio se han debilitado desde entonces y que las elites se han reorganizado y han tomado la iniciativa. El posicionamiento de los grandes grupos económicos para beneficiarse de los fondos europeos y la timidez con la que se aborda la progresividad de la estructura fiscal son dos buenos ejemplos de ello.

La situación es realmente inquietante: estamos viviendo una etapa de desmovilización social y de descrédito de la política, de los políticos y de las instituciones de la que sólo sacarán réditos las derechas. Aunque muchas de sus propuestas constituyen una notable regresión social o directamente son esperpénticas, sirven para atizar el descontento y la desafección, capital político para las próximas elecciones.

Todo ello obliga, en mi opinión, a hacer las cosas de otra manera.