“Sería deseable una moratoria de la Ley Biden-Sinde”

¡El entrevistador entrevistado! Versión completa de la entrevista de Jesús Miguel Marcos a Amador Fernández-Savater, aparecida el domingo 16 de enero de 2011 en el diario Público.


Estos son los hechos y son de sobra conocidos: el editor Amador Fernández-Savater, colaborador de Público, participó el pasado 7 de enero en una cena organizada por la ministra de Cultura para hablar de las descargas en Internet. Conocido activista de los movimientos del copyleft y la cultura libre, cinco días después Fernández-Savater colgó en el blog de la editorial un texto en el que contaba lo ocurrido en la cena, a la que también asistieron personajes del mundo de la cultura tan conocidos como Álex de la Iglesia, Antonio Muñoz Molina, Alberto García Álix, Juan Diego Botto y Luis Gordillo, entre otros. La conclusión del artículo, que provocó un brutal tsunami de enlaces y comentarios en internet, era contundente: “Es el miedo quien gobierna, el miedo conservador a la crisis de los modelos dominantes, el miedo reactivo a la gente (sobre todo a la gente joven), el miedo a la rebelión de los públicos, a la Red y al futuro desconocido”.

¿Cómo has vivido el gran debate generado por tu texto sobre la cena con Sinde?

Para mí, es increíble haber escrito algo en lo que tantísimas personas se han sentido reconocidas. Estoy asombrado, emocionado, agradecido, feliz. Se habla de una pérdida de importancia de la palabra escrita en el mundo de la comunicación rápida y de la Red. Pero yo pienso que en realidad están apareciendo nuevos usos y lugares de la palabra. Creo que mi voz ha podido suscitar confianza y apoyo entre gente tan heterogénea porque no me identifico personalmente con ningún espacio ideológico o de poder (la izquierda o la derecha, la élite intelectual, un gran medio de comunicación, etc.). Y cada vez más personas nos sentimos así, “fuera de lugar”. Es un desplazamiento histórico muy emocionante, muy interesante.

Hubo quién le acusó de falta de ética por haber revelado los detalles de una cena privada

Era una cena-reunión convocada por la ministra de Cultura y pagada con dinero público, no sé qué tiene de privada.

La ministra le llamó al día siguiente, ¿qué le dijo?

Me dijo que estaba afectada por lo que se estaba moviendo, que entendía que la Red es un bien precioso para mucha gente y por tanto un tema muy sensible. Yo traté de explicarle que, efectivamente, la Red no sólo es para muchos de nosotros una herramienta útil, sino un espacio de vida e incluso una parte importante de nuestro cerebro. También le insistí en el papel decisivo que pueden tener hoy las políticas públicas para evitar otro escenario desastroso de reconversión industrial, si son valientes y empiezan a pensar más en los creadores y trabajadores culturales, y menos en la industria cultural.

¿Le ha llegado alguna otra reacción de los asistentes?

Me llama la atención que todo lo que ha tenido que responder al texto el director de la Academia de Cine haya cabido en un Long Tweet. Creo que mi texto expresa una preocupación muy generalizada en la sociedad y Álex de la Iglesia se la ha despachado en diez líneas. No me parece muy buena señal.

¿Cómo valora las voces de los creadores presentes en la cena?

No me interesa el ensañamiento personal, la carnaza ni el sensacionalismo, sino describir afectos e ideas presentes en aquella cena-reunión. Para mí, pensar no tiene que ver con cargarse de razón, dar caña al de enfrente o desahogarse insultando, sino más bien con aprender a mirar la realidad por uno mismo, huir de los estereotipos y buscar un lenguaje propio. Creo que he sido respetuoso con los demás invitados a la cena y por eso la gente ha sido muy respetuosa conmigo de vuelta en los centenares de comentarios al texto. Son los estereotipos denigratorios que salpican por todos lados este debate los que nos impiden escucharnos al hablar y escucharnos al pensar.

Usted hablaba de que palpó el miedo. ¿No es hasta cierto punto comprensible que se tenga miedo ante la extraordinaria revolución que vivimos?

Creo que no podemos dejar que la industria cultural ni sus portavoces interpreten y administren el miedo que legítimamente puede suscitar un tiempo de incertidumbre como este. En la cena, me pareció increíble que la gente se arrogara el derecho a hablar en nombre de “los artistas y los creadores”. ¡La industria cultural no es lo mismo que la cultura ni que los autores! Distinguir estas cosas me parece un ejercicio muy liberador. Creo que para los creadores y los trabajadores culturales ha llegado la hora de decir muy claramente: ¡No en nuestro nombre! No a las soluciones represivas. No a las leyes que amenazan la naturaleza profunda de la Red, esto es, el libre intercambio. No al miedo como educador.

¿Cuál sería la mejor forma para dialogar con ese miedo, que es además el miedo de los poderes fácticos, tanto políticos como económicos?

Aprendamos a ser agradecidos con quien comparte. También materialmente, económicamente. Un pequeño ejemplo de lo que digo: Wikipedia acaba de recaudar 16 millones de dólares en 50 días. La gente ha agradecido y recompensado su modelo abierto y distribuido. El agradecimiento a quien comparte podría ser también la clave de una política pública. Por ejemplo, España es uno de los países del mundo con más producción copyleft y Creative Commons. ¿Pero qué apoyo institucional hay? Casi nulo. Todas las energías se van en defender a la industria con más leyes represivas.

¿Sorprendido por el eco que ha tenido su texto en la prensa?

La prensa se ha limitado a hacerse eco del texto y de su repercusión (a reproducirlo, etc.). Pero por lo que sé, a nadie se le ha ocurrido preguntarle por ejemplo a la ministra: “señora ministra, ¿hay razones para estar tan preocupados como dice este señor que debemos estar?” O “Visto el rechazo masivo que suscita su Ley más allá del búnker de la industria cultural, ¿su ministerio piensa única y exclusivamente en insistir con Ley pase lo que pase y caiga quien caiga?” Preguntas así son las que yo busco. Hay quien se queja de que la prensa y los periódicos van a desaparecer. Y yo me pregunto de qué sirven si han perdido completamente su función de vigilancia de los poderes y de expresión de la sociedad. Si esa función la tenemos que buscar en los blogs y en Wikileaks, si la prensa va hoy detrás de lo que pasa en la Red, ¿para qué la queremos? ¿Por qué debo yo comprarme un periódico o pagar por consultar su página web? Si la prensa quiere reinventar un modelo de pago razonable primero debería demostrar que tiene alguna función en la defensa de la sociedad.

¿Qué opina de la ‘Ley Sinde’?

Es una chapuza de ley, basada en el miedo, la ignorancia y el solo recurso a la fuerza bruta, que se ha ganado a pulso un rechazo masivo en la sociedad.

¿Qué propone?

Sería deseable un gran movimiento en la sociedad que exija una moratoria de la Ley Biden-Sinde. Ya no basta con hacerle unos cuantos arreglillos a oscuras. Mi propuesta sería abrir un gran debate público entre los autores y creadores mismos. Sin los intermediarios. Sin la industria. Porque con la industria no se puede hablar: sólo es una máquina de hacer dinero, de precarizar el trabajo y de acumular poder. No, sería un debate entre los mismos creadores y trabajadores culturales. Un diálogo directo que nos permita escucharnos y entendernos sin la mediación y la interferencia de los representantes que hablan en nuestro nombre.

¿La prensa debería tener un papel en ese debate?

Pienso que la prensa y los periodistas podrían tener quizá un papel especialmente activo en la exigencia de una moratoria, como ya lo tuvieron en la redacción del famoso “Manifiesto en defensa de los derechos fundamentales de Internet”. Así podrían recuperar esa función crítica que debe ser la suya. Por su lado, las políticas públicas podrían facilitar las condiciones para ese tipo de debate, siempre y cuando dejen de lado su afán recurrente de tutela e instrumentalización. Y por supuesto en el debate estarían presentes la multiplicidad de agentes implicados desde hace años en el movimiento por una cultura libre, sin los cuales nada de esto sería posible ni tendría sentido.