Un mail sobre la huelga

Hola I.,

pues no sé si lo que puedo contarte sobre el día de huelga tiene algún valor o te puede servir de algo. Lo viví todo con absoluta indiferencia, no conseguí salir en ningún momento de esa sensación.

Tampoco voy a cometer el típico error de teórico de creer que mis sensaciones son el termómetro del mundo, pero lo cierto es que no puedo descartarlas sin más. ¿Desde dónde podría pensar entonces?

Los amigos anduvimos bastante despistados y no dimos con los lugares interesantes, luego nos contaron que hubo momentos intensos en la mani que empezó en Legazpi y varios otros. La gente está muy contenta en general, pero yo no conseguí conectar con la situación.

No sé, igual ponemos atención en algo cuando no lo entendemos bien y nos plantea un problema, pero ayer todo el repertorio de lenguajes y gestos me sonaba ya-visto (aunque desde luego era masivo y circulaba energía, sin duda más que en la huelga de 2010). A mi -y más después del 15-M- me dejan frío las plastic flags, detesto los bloques identitarios, la retórica de la clase obrera me suena a hueco, no me va la división del mundo en huelguistas y esquiroles… Como ves, tengo problemas con el dispositivo “huelga general” 🙂

Huelguistas y esquiroles. Claro que hay momentos en los que el mundo se corta en dos y hay que elegir dónde se está. Atreverse a polarizar cuando llega el momento, eso es irrenunciable. Pero también pienso en mi vida y la veo más como una mezcla cotidiana de piquetero y esquirol, algo menos heroico, más ambiguo y contradictorio, gestos que reproducen la realidad y algún otro que lo cuestiona, y entonces me pregunto si nuestras polarizaciones públicas no deberían tal vez acompañarse de algún movimiento de apertura hacia el otro -que sería como una invitación íntima al diálogo con esa otra parte de uno mismo.

Creo que vivimos en un mundo común y ni los peregrinos de las JMJ ni los votantes del PP van a desaparecer como resultado de no sé qué lucha final. ¿Cómo convivir? Vamos, lo que te quiero decir es que no me sale insultar a nadie ni obligar a ninguna tienda de abanicos a cerrar, la verdad. Y seguramente por eso aprecio tanto el espíritu 15-M que desafía a los poderes, polariza y dice NO a lo que no queremos en nuestras vidas sin montar ninguna trinchera, sino abriendo un espacio de diálogo e invitación al 99%. Pero igual ahora vienen otros tiempos…

Un amigo se me acercó ayer y me dijo: “los modos de hacer 15-M han perdido la iniciativa, a partir de ahora la vieja política pondrá el escenario y en todo caso nosotros encontraremos intersticios por donde colarnos”. Otro amigo nos regañó muy sabiamente: “vais paseando por aquí sin enteraros absolutamente de nada y ya estáis haciendo diagnósticos definitivos sobre el giro radical de la situación y tal y cual”. Y tiene toda la razón, pero como es el único juego al que sabe uno jugar… Bueno, prudencia, vamos a esperar, escuchar, ver… A ti te cuento todo lo que me pasó por la cabeza porque sé que lo vas a saber leer como las impresiones de un momento, sólo fragmentos para seguir pensando.

Pero ya sabes lo que creo: las “radicalizaciones” suelen ser de lo menos radical que hay. Todo se vuelve muy obvio, los bandos están claros, el mundo se ordena demasiado. Me gusta pensar más en una radicalidad que pase por hacerse preguntas de fondo sobre la vida que llevamos, por desordenar(nos) y problematizar(nos), no sólo confrontar, por elaborar esas preguntas de forma compartida y colectiva, en torno a experimentaciones prácticas, por extenderlas a todo el mundo. Lo que tenemos que parar es el sentido de nuestra vida y no tanto las tiendas de abanicos. Y la verdad no sé qué preguntas me hace esta huelga sobre el trabajo, el dinero, la riqueza, etc.

¿Igual es que el clima 15-M anda un poco desorientado y nos agarramos a fórmulas más hechas y contundentes (en lo retórico, claro, porque  en  la práctica son pura impotencia) como si ellas sí que nos fuesen a “llevar a algún sitio y dar resultados”? Podría ser, es bien difícil sostener el desgarro entre el tiempo acelerado de destrucción de todo del capitalismo y nuestro “vamos lentos porque vamos lejos”, no? Pero mi idea es que si el 15-M irrumpió con tanta fuerza no fue gracias a los movimientos sociales preexistentes, sino precisamente a su debilidad. Otras maneras de hacer se abrieron paso porque las que había mostraban sus límites y no saturaban todo el espacio. ¿No tendríamos que volver a hacer un poco de vacío para dejar paso? No sé, ahora me parece difícil…

No reenvíes este mail, o sólo a amigos de confianza, no pongo la mano en el fuego por nada de lo que te digo ;), quiero hablar con más amigos a ver cómo lo vivieron, también en Barna, ya te cuento, seguimos!

Un abrazo,

Amador

Traducción al alemán, por Walter Beutler

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Un par de mails recibidos a propósito del mail publicado:

Hola, solo comentarte, a raíz de tus reflexiones en Publico sobre la huelga general,
un dato a mi entender significativo:
la notable escasez de cartelitos caseros, hechos por cada manifestante,
tan característicos de las marchas del 15M….
la democracia semiótica ha cedido paso al dirigismo semiótico de toda la vida
(unas pocas consignas jaleadas desde los altavoces sindicales, por las pancartas institucionales)
la manifa alternativa que salió de Legazpi me sorprendió por su alta concurrencia,
pero me deprimió su “mudez”
y sabemos que cuando uno se calla otros toman la palabra en su nombre…

saludos
pablo pérez

Qué gracia leer en tu entrada del sábado: “sin montar ninguna trinchera”, porque precisamente el #29M aquí en Santiago se montaron tres barricadas. Tres. Me enteré ya de vuelta, en casa. Vi la foto de una de ellas en el periódico “carca” que tenía la página actualizada -curiosamente el 29 la información actualizada estaba casi únicamente en los medios que se dedicaban a minimizar la huelga y fotografiar las humaredas [contraproducente permitir este monopolio de la información un día de Huelga General, ¿no?].  Me molestó mucho lo de las barricadas. Era tan de mentira todo,  parecía casi una instalación y no sólo una desgastada metáfora bélica descontextualizada. Las radicalizaciones son de lo menos radical que hay, sí. No encajaba nada con cómo había discurrido la manifestación, o con lo que yo había visto, en la parte del final, entre familias con niños, chicos jóvenes, pancartas a la vista de la CNT y la CUT dispersas, cantos esporádicos y silbatos. Decías indiferencia… bueno en mi caso no lo fue, pero tengo que reconocer que me dejó muy a medias. Puede que se tratara también de mí, que no estaba muy convencida. Me faltaba una pizca de pasión.

noelia m.