Opinion · Solución Salina

Italia como ‘vomitorio’ de los españoles

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Roma es tal vez la corresponsalía más golosa de Europa, con permiso de la maravillosa Londres y la plomiza Bruselas. Italia, pese a no ser una superpotencia, siempre ha dado juego: Berlusconi, el Papa y, siendo república, hasta una monarquía laica (Gianni, el difunto rey; los Agnelli como dinastía de sangre azul). Luego, la verbena popular de futbolistas y veline. Nanni Moretti y Roberto Benigni. Los intelectuales sesudos. Mónica Bellucci. La Ferrari. Italia no son sólo estos tópicos, pero quienes mandan en nuestros periódicos siempre están dispuestos a ceder espacio a la flora y fauna trasalpina.

España, a ojos de un extranjero, puede ser sol y toros, aunque en Burela el cielo esté encapotado y escaseen hasta los cuernos de las vacas. Para otros es tomatina, paella, Barsolona o Penélope. Todo Almodóvar es España pero no toda España es Almodóvar. Antes sólo salíamos en la prensa extranjera si unos desgraciados cometían un atentado. Luego vino Adrià, La Roja y tal. Nos creímos Europa cuando todavía éramos una democracia en fase anal. Dice muy poco de nosotros haberle dado históricamente la espalda a Portugal, complejo de nuevo rico que en realidad no lo era, no lo somos.

Menos mal que nos queda Italia para purgar nuestras miserias. Berlusconi como gran ejemplo, el chivo expiatorio de nuestros males. Le cuento esto a un amigo y me responde que no es de recibo comparar Italia con España, por muchos defectos que tengamos, pues no invalida los suyos. Sin embargo, no me arredro y escribo esto a vuela pluma, pues creo que cuando criticamos a nuestros primos latinos lo hacemos imbuidos por una autoridad moral que no me explico de dónde ha salido. Son unas notas urgentes sin rigor alguno, contienen imprecisiones y son rebatibles desde la primera línea. Creo, en todo caso, que la idea se entiende. Y sí, están locos esos romanos, eppure:

 L’Italia è un bordello. O sea, vemos Italia como una casa de putas, pero ignoramos que es un laboratorio político, por muy caótico que sea. Entendemos que la situación es ingobernable, como si el bipartidismo español fuese modélico, olvidándonos de cómo partidos con un puñado de parlamentarios han condicionado gobiernos socialistas y populares.

– Del Piove, governo ladro! al Piove, maledetto Berlusconi! Muchos italianos cobijan a un pequeño Berlusconi en su interior. Si no fuese así, no se entendería su cosecha de votos, antes y ahora. Pero Il Cavaliere (desafortunado apodo) llega al poder después de que los electores soportasen a la putrefacta Democracia Cristiana, que impidió el acceso del Partido Comunista Italiano al poder, y al no menos maloliente ¡socialista! Bettino Craxi, que puso pies en la polvorosa tunecina cuando el proceso Manos Limpias. No me extiendo, porque por mucho que lo haga terminaré quedándome en la superficie. Berlusconi, en definitiva, llega en un momento en el que los italianos estaban hasta la coronilla de los partidos tradicionales, corrompidos y corruptos hasta la médula. No sorprende tanto eso como que, años después, siga arrastrando a un tercio de los votantes. España no estuvo tan lejos de tener a un Berlusconi: Mario Conde cayó en desgracia cuando todo el mundo le hacía la ola y Jesús Gil se conformó con Marbella y alrededores. Una mezcla de ambos, aderezada con una pizca de la gracia de Arévalo, harían un Caballero a la medida de los españoles. En cuanto a la corrupción de los partidos, aquí campa a sus anchas y seguimos votando a los (mismos) candidatos que nos sirven en papeleta.

¡Qué vienen los tecnócratas! ¡Oh, qué vergüenza tener un Gobierno dirigido por un robot como Mario Monti! Sí, es una obscenidad, pero lo decimos como si a nosotros nos gobernase Rajoy. Ja.

– D’Alema, dì una cosa di sinistra! Que si la izquierda en Italia está acabada, que si el candidato es viejo o joven… En primer lugar, el Partido Democrático no es izquierda (aunque sea hijo o nieto del PCI) sino socialdemocracia, una formación que nació con la intención de montar un partido a la americana en el que cupiesen progres y democristianos sociales. Si con Berlusconi en caída libre (hasta las elecciones) no han conseguido más respaldo, apaga y vámonos. Por su parte, la izquierda D.O.C. (comunistas irredentos, verdes y otras hierbas) se ha estrellado. Pero veamos el caso español: del PSOE hay poco que contar (Rubalcaba, candidato electoral y bla, bla, bla); en cuanto a Izquierda Unida, pienso en los resultados de las municipales madrileñas tras el 15-M y parece que en Madrid, en España, no había pasado nada en la antesala de la cita electoral. Luego, en las generales, subió, pero partía de un diputado. ¿No debería haber roto el techo electoral de Anguita? ¿Goza realmente de buena salud la izquierda (y no hablo del PSOE, que tampoco) en España?

El efecto Grillo. Unos ven al cómico como un outsider exaltado y otros como un payaso populista. Nuestros medios hablan de él como el adalid de la antipolítica. Tal vez lo sea de la antiantipolítica, si entendemos que Berlusconi encarna la primera. En sus horas bajas, escribí este perfil que refleja cómo Berlusconi engendró la política posmoderna con un partido sin ideología que sustituía la propaganda por la publicidad, usando como plataforma su red televisiva y poniendo en práctica la ecuación poder económico más poder mediático, igual a poder político.

Volviendo a Grillo, me impresiona menos la irrupción de su Movimiento 5 Estrellas en el Parlamento que cualquier hito de la reciente historia de la política italiana. A saber: la Democracia Cristiana se blinda en el Estado y, para evitar que se cuele en éste el Partido Comunista, llega a aliarse hasta con otros cuatro partidos y ceder la presidencia del Consejo de Ministros a un tipo como Bettino Craxi, mentor de Berlusconi, para seguir controlando el poder; el terrorismo de Estado, los años de plomo y la operación Gladio (en realidad, tres en uno); las reelecciones de Berlusconi cuando ya se sabía quién y cómo era; la inoperancia del centro izquierda cuando tuvo voz y mando; la contradicción de que un partido xenófobo y separatista (Liga Norte) pactase con otro posfascista y centralista (Alianza Nacional) para aupar y mantener a Berlusconi en el poder; todos ellos hincándose ante la troica al aceptar a Mario Monti como jefe de la tribu y luego Bersani (candidato del Partido Democrático, de centroizquierda) guiñándole el ojo derecho al tecnócrata ante la posibilidad de un pacto de gobierno…

En fin, el sorpasso de Grillo no debería sorprender si tenemos en cuenta que los electores están hasta los mismísimos cojones, aunque es verdad que el porcentaje de votos ha sido inesperado: un cuarto, a la altura de Bersani y por encima de Berlusconi, quien tal vez haya encontrado en Grillo un antagonista a su medida. En cuanto a España, el premio al político revelación goes to… ¿Rosa Díez?

La mafia. Las organizaciones criminales se han infiltrado en las instituciones italianas como el colacao en una magdalena. ¿Pero no es España el United Colors of Benetton de las mafias? ¿Son impermeables a ellas nuestras instituciones?

La economía. Sumergida, igual que aquí, con la diferencia de que el Made in Italy vende en el extranjero y la marca España… ¡Y pensar que hace cinco años presumíamos de que, por primera vez, nuestro país superaba a Italia en PIB por habitante! O sea, en la riqueza dividida entre la población, lo que me lleva a pensar en aquella ocurrencia de Gabino Diego en Los peores años de nuestra vida: en el mundo hay más mujeres que hombres, por lo que toca a equis mujeres por hombre. En teoría, claro, porque como la vida sexual de Gabino era más bien escasa, el pobre terminó concluyendo que si el no folla nada será porque otros se hinchan. Económicamente, tanto monta…

La juventud. Frente al estereotipo de superficiales, muchos jóvenes italianos llevan décadas organizándose, a izquierda y derecha, política y culturalmente. Con cada vez más excepciones, están a años luz en lo que se refiere a centros sociales, autogestión, lucha, etcétera.

– Con la Iglesia hemos topado. ¡Oh, pacatos italianos, sometidos al influjo secular de la curia romana! Algo tendrá que decir al respecto la sociedad española, con sus másteres en Cruzadas, Inquisición, Nacionalcatolicismo y La Conferencia Episcopal ante el siglo XXI. Quien esté libre de pecado, pues eso.

Podríamos seguir hablando de cultura, gastronomía, empresa, etcétera, pero creo que es suficiente. Por cierto, vomitorio no es el lugar, recipiente o país donde se vomita, pero no he encontrado un palabro más resultón. Salve.

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