La crisis

“Frustración e injusticia. Una herida que comporta un duelo todavía abierto después de 5 años”.

Son las palabras que utiliza nuestra amiga Aisha Yarazeth (nombre ficticio para mantener su anonimato) cuando nos cuenta su vivencia. Aisha es una chica de origen palestino nacida en Barcelona. Después de terminar sus estudios universitarios decide ir a vivir un tiempo a la tierra de su familia. Allí se asienta, genera vínculos personales, familiares y de militancia. Muy vinculada a la resistencia popular palestina nos cuenta que hace 5 años fue expulsada de la tierra dónde vivía hasta el momento, de su casa, por tener origen palestino y estar vinculada con el activismo político, dentro y fuera de Palestina. Una implicada más de la diáspora que ha provocado el estado de Israel y sobretodo de especial furia con aquellas personas con pasaporte europeo, como Aisha, ya que son una mayor amenaza para desmontar el discurso victimista y “democrático” que utiliza Israel. Un discurso, nos comenta Aisha, que pretende esconder la flagrante vulneración de los tratados internacionales y los derechos humanos así cómo la actitud racista y colonizadora hacia el pueblo palestino por parte de un estado que se define a sí mismo como una de las pocas democracias de oriente medio.

Una mujer con la bandera palestina en una protesta contra Israel en la frontera con Gaza. REUTERS/Ibraheem Abu Mustafa
Una mujer con la bandera palestina en una protesta contra Israel en la frontera con Gaza. REUTERS/Ibraheem Abu Mustafa

Tanto a Aisha como a muchas de sus compañeras de lucha de la diáspora y de las que permanecen en tierras palestinas les entristece enormemente la instrumentalización política de un discurso distorsionado dónde se presenta a Israel como víctima y se criminaliza la lucha palestina con términos como terrorismo. Palabras con una connotación y condicionamiento que no reflejan la realidad de un pueblo reprimido que busca defender su identidad y su tierra por todos los medios posibles, sobretodo pacíficos. Elemento que muy a menudo no se tiene en cuenta o no se contempla en las categorizaciones comentadas anteriormente.

A Aisha le dictaminaron una deportación de entre 5 y 10 años, sin concreción exacta del tiempo que debía transcurrir para que pudiera regresar a la tierra de sus orígenes.

“Es muy común el uso del maltrato psicológico para romper a las personas emocionalmente”, nos comenta. “No hay día que pase que no piense en esto. Por el vínculo personal, familiar y de identidad personal que para mí es muy importante”.

Piensa mucho en el día que decida volver. En si podrá entrar y en cómo estará su tierra en ese momento, familia, amigos, compañeras de lucha…Tiene miedo del cambio que haya podido sufrir su región y por el evidente endurecimiento de las políticas de ocupación de Israel y de la situación de apartheid instaurada.

Le preguntamos qué le falta a su lucha, qué necesitaría para poder avanzar. Nos comenta que uno de los principales problemas actualmente es la falta de apoyo internacional, tanto por el reconocimiento de la situación de racismo y flagrante abuso a la población Palestina, como la poca intencionalidad en hacer cumplir al estado de Israel los tratados internacionales y el respeto de los derechos humanos.

Aisha es escéptica sobre el devenir del conflicto actual y sigue luchando desde aquí para dar a conocer la realidad de su tierra y de su gente. Esperando que al menos, pronto la dejen volver a casa.

Pienso en Aisha y en su situación. Y aunque no soy nadie para comparar, inevitablemente lo hago. Pienso en mi situación personal, mis privilegios, mis pocas perdidas y las facilidades que he tenido por mi contexto…Creo que por suerte, a gran parte de mi generación nos han enseñado que es bueno y necesario una visión crítica sobre nosotros mismos y todo aquello que nos rodea. Sobre nuestra situación en el mundo y la de los demás. Y sobretodo y más importante, el porqué de dicha situación y qué hacemos cada uno de nosotros para cambiarla en coherencia a nuestros valores y principios.

En mi caso en particular esta crisis existencial y personal me ha llevado a plantearme los privilegios de que disponemos la mayoría de personas actualmente en occidente. La insensibilización derivada delante de muchas situaciones que ocurren a nuestro alrededor y que merecen ser conocidas y escuchadas. Así como la necesidad de intentar, por poco que sea, contribuir a transformar la situación actual.

Este pues es el inicio de un proyecto basado en tres principios básicos:

  • El relato de injusticias y represiones que se viven en distintas partes del mundo, como el caso de Aisha.
  • El drama humanitario de las personas refugiadas, con especial atención al papel de las mujeres en dichas situaciones y contextos.
  • La gestión de las situaciones comentadas anteriormente que se hace desde occidente, tanto a nivel personal como colectivo y gubernamental. Analizar qué se transmite, cómo y porqué.
Niños en el campo de refugiados y migrantes de Moria, en la isla griega de Lesbos. REUTERS/Elias Marcou
Niños en el campo de refugiados y migrantes de Moria, en la isla griega de Lesbos. REUTERS/Elias Marcou

Iremos repasando estas tres premisas con un caso concreto de cada una para aterrizar y plantear las primeras preguntas antes de la partida hacia nuestro primer destino, los campos de personas refugiadas de Lesbos en Grecia el próximo 7 de febrero.

Desde aquí, vamos a realizar una mirada a un mundo en crisis para acercarnos a distintas realidades en conflicto e intentar entender un poco más las peculiaridades de algunas de las situaciones más tensas e injustas que existen hoy en día y de las cuales, la mayoría de nosotros somos grandes desconocedores. Lo haremos desde el terreno, viajando a distintos lugares del mundo y destinando todo el tiempo posible en cada sitio para poder recoger al máximo las sensibilidades y peculiaridades de cada conflicto y situación, evitando quedarnos solo con una foto estática del momento.

Es por casos como el de Aisha que me siento impulsado a emprender este proyecto. Para aprender de su situación y deconstruirnos conjuntamente desde nuestra posición de privilegio. Para aprender a tener una mirada crítica de la realidad de nuestro entorno y ser más críticos con nosotros mismos y el mundo que nos rodea.

¿Compartimos este camino?