Una mirada a un mundo en crisis

La historia de Hassan, el niño talibán

12 de febrero 2020, Kabul

Es el segundo miércoles de febrero y me encuentro en Kabul. Durante el tiempo que estoy en la capital de Afganistán me cruzo con Hassan (nombre ficticio para preservar la identidad y seguridad de nuestro protagonista) y tengo la gran oportunidad de conocer su historia que me gustaría compartir.

Conozco a Hassan a través de un amigo que reside actualmente en Kabul, Human (seudónimo usado también por motivos de seguridad). Los dos participan en un proyecto comunitario en una barriada de la capital. Human me comenta que conoció a Hassan cuando éste tenía trece años y trabajaba en la calle limpiando zapatos. Hassan tiene que intentar conseguir algunos ingresos para su familia ya que es el mayor de cinco hermanos y su padre murió en un ataque suicida en la puerta de una mezquita. Cuando conozco a Hassan, que ahora tiene diecisiete, me fascina su entereza y capacidad de resiliencia cuando me cuenta su historia. Pero para mi sorpresa, esta parte es solo una minucia en comparación con lo que me cuenta unos días más tarde…

https://www.youtube.com/watch?v=I4v291JEtIw

"¡Hassan lleva desaparecido dos semanas! Hace muchos días que no le veo cuando cruzo por la calle dónde normalmente estaba trabajando. ¿Está aquí en casa?" – le pregunta exaltado Human a la madre de Hassan. Ésta le responde que su tío se lo ha llevado junto a sus dos hermanos a estudiar a una escuela coránica (madrasa) en una zona remota del país muy alejada de Kabul y que no van a volver. Human no da crédito.

Esto ocurría hace ahora cuatro años cuándo hacía poco tiempo que Human había conocido a Hassan y éste tenía por aquel entonces trece años.

Muchos niños son llevados a escuelas religiosas en Afganistán donde son forzados a estudiar el Corán y se les radicaliza para unirse de bien jóvenes a la guerra santa. Ésta es una práctica muy habitual de los talibanes que están presentes en prácticamente la mitad de las provincias del país a día de hoy. En los territorios controlados por los talibanes, sobretodo en aquellas zonas controladas por imames (líderes religiosos) más radicales, se acostumbra a suprimir las escuelas convencionales y los niños son obligados a asistir a las madrasas y las niñas a quedarse en casa cuidando de la familia y ayudando en tareas del hogar.

Se cree que los talibanes aparecieron por primera vez en las escuelas religiosas financiadas principalmente por Arabia Saudita, que predicaba una rama dura del islam. El término "talibán" o "talib" significa estudiante o buscador de conocimiento. Es decir que en sus inicios los talibanes no eran un grupo armado, sino un grupo de "puros estudiantes religiosos" – me comenta Human, que es un gran conocedor y apasionado de la historia del país.

Los talibanes tomaron el control de la capital de Kabul en 1996. Dos años después, llegaron a gobernar la mayor parte del país, estableciendo una forma radical del islam e instalando castigos forzados como ejecuciones públicas, amputaciones y borrando a las mujeres de la vida pública. Los hombres dejaron que sus barbas crecieran y se obligó a todas las mujeres a llevar burka. Además, se prohibió la televisión, la música y el cine, entre muchas otras cosas.

Con la invasión del país por parte de Estados Unidos en 2001 los talibanes fueron derrocados del poder, pero actualmente se encuentran muy extendidos a lo largo del país, sobretodo fuera de la capital. El Gobierno de Afganistán controla el 54% del territorio, mientras que los insurgentes (talibanes y otros grupos armados) dominan un 12% y el restante 34% está en disputa, según datos de Atalayar.

Los resultados muestran que alrededor de quince millones de personas —la mitad de la población— viven en áreas controladas por los talibanes o en las que el grupo tiene presencia y ejecuta ataques regularmente, según datos de la BBC en 2018.

Hassan me cuenta que fue llevado a la fuerza por su tío a una de estas madrasas, en una zona en fuerte conflicto. Estuvo allí durante tres meses y luego lo llevaron junto a sus hermanos a otra zona más tranquila donde estuvo en otra madrasa durante nueve meses. La intención de su tío, un alto rango talibán, era que Hassan luchara en la Guerra Santa. Éste nos comenta que en la segunda madrasa había alrededor de 300 niños y jóvenes de entre siete y veinte años.

¿Cómo es el proceso de adoctrinamiento en el movimiento talibán?
"Entre los siete y catorce años los niños son forzados a memorizar versículos del Corán y otros libros religiosos. A medida que crecen van teniendo que memorizar más y más libros. A partir de los quince están preparados para unirse al rango talibán. Cuando esto pasa, lo primero que te enseñan es a usar un arma ya que a partir de ahí el único objetivo es luchar en la Guerra Santa y matar infieles, es decir todo aquel que no siga bajo la óptica talibán la sharía o ley islámica".

¿Cómo es la vida para los niños en la madrasa?
"Nos levantaban a las 4:00h de la mañana y rezábamos durante una hora.
A partir de las 5:00h hacíamos clase hasta las 7:00h. Y después nos daban un pequeño desayuno: te y pan.
De 7:30h hasta las 10h mas lecciones. A las 10h teníamos que ir a dormir durante una hora más o menos. Si no dormías, te pegaban.
Cuando nos levantábamos, comíamos y de nuevo rezábamos.
A las 15.30h nuevas lecciones. Después de ahí hay descanso hasta las 19h, donde podíamos ir por las zonas alrededor de la escuela, pero nunca alejarnos mucho de allí. De 19h hasta las 21h clases de nuevo. Luego cena y de nuevo rezo.
A las 22h nuevas lecciones hasta las 00h. Y después a dormir.

Así día tras otro, sin descanso. Es una tortura…" – me comenta Hassan con los ojos fijos en el suelo. En su mirada y voz temblorosa puedo sentir claramente que ese tiempo sigue muy presente todavía en su interior.

Hassan tocando un muro derruido por un reciente ataque suicida en Kabul
Hassan tocando un muro derruido por un reciente ataque suicida en Kabul

Le pregunto a Hassan cómo salió de allí y cómo es que ahora vive de nuevo en Kabul. Su cara cambia totalmente y veo cómo el miedo se apodera de él. Es algo de lo que no quiere hablar y sobretodo no quiere dar detalles por motivos de seguridad. Básicamente me cuenta que consiguió escapar junto a sus hermanos. Y que tuvieron mucha suerte. Suerte que muchos de los niños que intentan escapar, no tienen…

Hassan no se siente seguro en Kabul y sabe que en cualquier momento pueden volver a obligarlo a vivir bajo el yugo de los talibanes, pero intenta ser optimista y vivir el día a día de la manera más positiva posible. Al decir esto dibuja una pequeña sonrisa en su cara mostrando orgullo de si mismo.

Hassan quiere compartir conmigo uno de los días más crudos de los que vivió en la escuela coránica.

Eran las dos de la tarde de un día de primavera. Él y su hermano estaban en la escuela y un mullah (comandante religioso) de alto rango había ido a visitar la madrasa y estaba dando un mitin a algunos de los estudiantes. Hassan se encontraba en su clase habitual y de repente empezaron a escuchar bombardeos y helicópteros fuera de la escuela. Su profesor les dijo que corrieran y que escaparan a una determinada área del poblado en dónde hay algunas casas con refugio antiaérea.

Salieron apresuradamente y durante los siguientes minutos siguieron escuchando la caída de las bombas y las explosiones muy cerca de ellos. Los talibanes empezaron a disparar contra los aviones y helicópteros. Normalmente no hay despliegue de tropas terrestres por parte de EEUU o la OTAN porque saben que no pueden acceder a esas áreas a pie.

Cuando Hassan llegó a una de las casas entró en el refugio. Eran unos sesenta niños en una habitación muy reducida. Los bombardeos seguían sonando muy cerca de ellos y el techo de la casa temblaba. El sonido de las bombas continuó durante las siguientes seis horas. Estuvieron allí toda la noche sin poder dormir.

Al día siguiente descubrieron que alrededor de unas cien personas habían sido asesinadas durante el ataque, incluyendo el mullah que había ido a dar la charla. Entre los muertos se encontraban algunos de los niños que estudiaban en la escuela y personas del poblado.

Esta historia ocurrió hace ahora cuatro años, cuándo Hassan tenía trece, y es solo un ejemplo entre miles. Una experiencia que ha marcado su vida para siempre. Tal y como él lo define "una cárcel para niños que te consume día a día". Una manera de destrozar la infancia de muchos niños afganos que se ven inmersos en una guerra en la que no han pedido luchar.

Hassan sigue, como la mayoría de jóvenes afganos, esforzándose día a día por conseguir una vida digna a la vez que intenta cambiar su comunidad participando en proyectos de voluntariado y activismo. Actualmente sigue trabajando para ayudar a su familia y está estudiando en el instituto preparándose para la universidad, la cual por cierto es gratuita en Afganistán.

"Como joven afgano que vive en medio de una guerra y que perdió la fe en la humanidad en aquel tiempo, quiero hacer llegar mi mensaje a la gente joven de cualquier lugar: pase lo que pase, no perdáis nunca la esperanza y escoged un buen camino para vivir.
No podemos combatir la guerra con guerra. He visto muchas muertes y tengo claro que la alternativa a la guerra es hablar unos con otros. Si queremos traer la paz necesitamos reconocer nuestra humanidad, incluso la de nuestro peor enemigo".

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