Tentativa de inventario

Terraplanismo cacerolo

Una bandera preconstitucional ondea durante la manifestación de VOX en Málaga.- REUTERS

Alguien dejó sobre una máquina de aire acondicionado, junto a la repisa de una ventana, un par de zapatillas aireando con sus respectivos mocasines y un cenicero con forma de inodoro. El abandono fue prepandémico, lo sé bien porque si en algo he perseverado durante el confinamiento y su progresiva desescalada es en el avistamiento y seguimiento de movidas intrascedentes. El picoteo de una paloma cochina sobre el tejado, el triste destino de un catálogo de Ikea abierto en canal sobre un patio abandonado, la paulatina degradación de un cactus mohíno; creo que se hacen una idea.

El hallazgo, que como les digo se remonta a la vieja normalidad, ha podido testimoniar una vertiginosa secuencia de acontecimientos altamente inverosímiles incluso para un par de babuchas y un cenicero-retrete. Del estado de alarma y sus consabidas cinco prórrogas a una emergencia sanitaria sin precedentes en nuestro país, pasando por el abril más lluvioso de los últimos 50 años. El pequeño urinario se inundó decenas de veces, también las deportivas, ni rastro de los calcetines que antes asomaban ufanos y que ahora –se viene la conjetura– no serán más que un gurruño mohoso en su interior.

Quizá el terraplanismo cacerolo al que asistimos sea lo último que presencien. Quizá la mano que en su día les abandonó a la intemperie regrese de su segunda residencia y les devuelva la alegría del uso. La vida parece haberse quedado en suspenso para entenderla y protegerla mejor; para escudriñarla. De ese ensimismamiento surgen ideas peregrinas como pensar que unas deportivas renacen cuando corren, o que un cenicero del chino se alegra de reencontrarse con la ceniza. Como si lo inerte recobrara vida con el uso. Un viejo portaminas, un tostador que creímos averiado, una cacerola, un aguilucho, un yugo, unas flechas…