Tentativa de inventario

Bacanal 'ayuser'

Ganó la libertad. Se impuso con solvencia. Deambulo cautivo y desarmado por Villa-libre de Madrid con la certeza de que cuando vengan mal dadas, cuando todo parezca desmoronarse, habrá una taberna abierta para mí, tendré unas rabas que llevarme a la boca y una cervecita que acompañe ese fritanga bueno que se derrama por el gaznate, que cae alegremente por el esófago y que, ya en el bajo vientre, promueve lo que viene siendo el regüeldo; ese eructillo con sustancia en el que incurren una y otra vez los del te lo dije, los del yo ya lo sabía, y los del se veía venir. Sintomatología asociada a un exceso de cuñadismo y a una mala digestión de la derrota.  

Porque lo cierto es que perdimos. Se podría decir que fuimos arrollados por la libertad. No queda otra que transitarla, dejarse deslumbrar por el brillibrilli libertario que expide nuestra sufrida Villa. Toca decir adiós al estado de alarma y dar la bienvenida a un estado nuevo, todavía embrionario, pero que ya nos ha deparado la primera de las alegrías; una horita más de jarana tabernaria. Tiempo de añadido en el que llevar a cabo lo que se lleva a cabo cuando no queda tiempo y vas más pedo que Alfredo, a saber; disputas más o menos airadas, el chupitillo de rigor, el esta la pago yo, los aspavientos, intentos temerarios de seducción, congas improvisadas, la llamadita.

Es hora también de lanzarse a los caminos y escrutar los rostros que obraron el milagro. De asumir que uno de cada tres transeúntes apostó por la libertad. De verles encaramados a un semáforo, bamboleantes, conscientes de que el tiempo se acaba y de que veinte toneladas de chatarra china nos recuerdan lo frugal y azaroso que es todo. La finitud del viaje. Un viaje que interrumpió el BOE y que ahora nos fue devuelto. Es hora de entender que la libertad, por encima de una bandera, un eslogan o una pulsera, es también el anhelo de muchos y el privilegio de unos pocos. La internacional nihilista ha llegado. Alegre esa cara.