Tentativa de inventario

Peluso, Tanganas y la función copulativa

Fotograma del videoclip 'Ateo' de Nathy Peluso y C. Tangana grabado en la Catedral de Toledo

Ya se vale. Desde este viernes está permitido menear el bullarengue en la pista de baile. Así lo decretó la presidenta IDA en su tablao predilecto; el plató de El Cascabel, espacio televisivo integrado por expertos bailongos en ritmos carpetovetónicos y palmeros ultra. Una medida que esta columna dominical, a favor siempre de lo corpóreo y sus deleites, recibe con sumo regocijo y contenida algarabía. Se retoma por tanto la actividad dancística en establecimientos propicios para ello, siempre que los sujetos danzantes respeten la distancia reglamentaria y cuenten con el bozal correspondiente. Descarten, por tanto, la posibilidad de entregarse al refriegue carnal en la dancefloor. Habrá que conformarse con una suerte de danza introspectiva, como metida hacia dentro, germánica. Una danza apenas insinuada, próxima a la pantomima. Los devotos de la bachata, los entusiastas del torrencial lúbrico que desprende el reggaeton, los siempre audaces cumbieros, tendrán que esperar. No es tiempo para ellos. Tampoco para los ingenuos que pretendan emular la calentura sacrílega protagonizada por La Peluso y el Tanganas en la Sala Capitular de la Catedral de Toledo. Calentura, por cierto, que ha generado un conato de incendio entre el deán y el arzobispo, a favor y en contra del contoneo. 

Dicen los que saben de movidas coreográficas que bailamos como vivimos. Lo cual, si me permiten, tampoco es que sea una reflexión de una gran sutileza intelectual. De hecho roza la boutade; bailamos como vivimos porque orinamos, soñamos y tendemos la ropa como vivimos. Ni más ni menos. Pero no es eso. O no sólo. La premisa podría tener otra capa. La danza, al menos la ejecutada de forma simultánea por dos seres bailongos, genera lo que los expertos denominan una "sintaxis cinética", combinatoria específica entre dos cuerpos en movimiento que se sirven de la función copulativa –en el caso del Tanganas y la Peluso es más que patente– para poner en marcha una suerte de diálogo. Pues bien, la nueva normalidad, que según los más avezados pensadores ha venido para quedarse, parece haber sentenciado dicho diálogo, fomentando lo que viene siendo el soliloquio bajo los focos. Lo cual es una pena. Pero no es el fin. Como dice un proverbio japonés, "somos necios bailemos o no. Por lo tanto, deberíamos bailar".