Tentativa de inventario

El jabalí de Macarena

Macarena Olona, candidata de Vox, arranca la campaña electoral este jueves en Granada.- EFE

Lo improbable siempre anda al acecho. Un jabalí emergía este viernes de aguas mediterráneas (por lo general predecibles) dispuesto a embestir una realidad que le era ajena y lo que es peor, veraniega. El infortunio quiso que en su trayectoria el animal se topara con una señora de Cuenca remojando plácidamente el pinrel junto a la orilla. La bañista, de 67 años, se recupera de heridas leves ocasionadas por la acometida silvestre. El jabalí, del que no ha trascendido ni edad ni origen, corrió peor suerte y fue abatido minutos después por la policía local mientras propagaba el caos en un camping aledaño.

El infausto final del jabalí evidencia la importancia del contexto. En esa lucha íntima que libramos cada día por la pertenencia (a algo, a alguien), el cuadrúpedo tenía las de perder. La bañista de Cuenca, pese a su evidente deslocalización geográfica, estaba en el lugar indicado para ejercer sus labores de bañista, a saber; moderado esparcimiento acuático, sombrilleo, visionado general del acontecer playero, ingesta de ciruelas y demás vainas. Al jabalí, en cambio, no se le ofrecía nada, es más, su aparición en escena, extemporánea y fuera de lugar, le otorgaba un halo si me apuran mitológico.

Los abanderados del 'machine learning' nos hablan de un futuro –cada vez más cercano– en el que el estudio algorítmico de la realidad y sus patrones nos permitirá prever movidas, anticipar contingencias desfavorables y tomar cartas en el asunto. Advierten, eso sí, que difícilmente podrán predecir la irrupción de un jabalí anfibio en una playa mediterránea. Lo insólito no les compete, aducen. Y es que su disposición azarosa se ríe del algoritmo. Sin embargo todos, en algún momento de nuestra vida, hemos sido esa señora de Cuenca, todos fuimos rebasados por lo extraordinario cuando menos lo esperábamos.

A mí me ocurrió la otra noche. Fue una suerte advenimiento. Me hallaba en casa después de una dura jornada de trabajo, preparé un bocata salchichón, abrí una lata y puse el 24 horas. Todo parecía ir conforme a lo esperado. En esas que emerge al otro lado la líder ultra Macarena Olona en ligero contrapicado, era noche cerrada en Granada y me interpeló con palabras de cierta envergadura; se encomendó a Isabel la Católica, a Cristobal Colón y a una gloriosa hispanidad que se había propuesto resucitar. Sentí la llegada del jabalí. Me acosté convertido en bañista de Cuenca.