Tentativa de inventario

El torico de Sánchez

Pedro Sánchez llega a la comparecencia en el Palacio de La Moncloa.- EFE

Cabe la posibilidad, no es descartable, que nos diesen torico por liebre. Así lo ha determinado el grupo de expertos que ha analizado las entrañas del Torico de Teruel tras su infausta caída del pasado domingo. Los científicos han concluido, no sin cierto estupor, que el Torico de Teruel podría no ser el original, el de 1855, sino un sucedáneo. Al parecer la "aleación férrica" del torico despeñado no existía cuando el aupado, el que presidía la plaza a la que da nombre, fue modelado. Ya hay quien apunta, de hecho, que durante la Guerra Civil se procedió a darle el cambiazo aprovechando el desconcierto reinante.

Que las cosas no son lo que parecen es algo que ni cotiza. Que una azarosa caída destape el fraude que habitamos es el signo de estos tiempos de mascarada y fuego fatuo. En los pequeños deslices, en esos desbarres cotidianos, en lo no-dicho que acaba siéndolo, es donde se libra la batalla por la integridad, la credibilidad o la reputación. Llámenlo equis. Pero el torico debe ser por dentro lo que se supone que es por fuera. De lo contrario, el torico incurre en fraude y a su audiencia, el personal de a pie, no le queda otra que entonar el ya legendario 'emosido engañado'.

Pienso mucho en el torico estos días. En sus patejas rotas sobre la calzada. También en la posibilidad de ser uno y no varios. De mostrar por fuera lo que se supone que se es por dentro. Puro bronce o puro hierro. O pura aleación de movidas. Pero que no haya fraude. O al menos que no sea una caída la que lo desvele. Ayer, según cifran varias ONG, murieron 37 personas cuando intentaban saltar la valla en Melilla. Al presidente Sánchez le bastaron un par de frases para revelar de qué material está hecho. No fue necesario un grupo de expertos. El torico quedó al descubierto. "Extraordinario trabajo". "Bien resuelto".