Principio de incertidumbre

La expropiación silenciosa

Como en España los chistes se parecen ya tanto a los dramas, no sabe uno nunca bien si lo cortés es reír en un entierro o llorar en un bautizo. Pasamos el día tensos y temerosos de quedar fuera de lugar, masticados por un titubeo mandibular permanente, mueca-arriba-mueca-abajo, que nos expone a contracturas de risorio y cigomático, cuando no del buccinador u otros músculos faciales que no conviene lastimarse en plena reducción de servicios sanitarios y alza permanente de los supuestos de despido.

Envuelta la patria en esta crisis existencial del gesto, estaría bien que los ministros se doctorasen en el oficio de las plañideras. Es preciso una señal protocolaria que marque cuándo el país debe liberar el lagrimal o apretar el esfínter. No conviene dejar estos supuestos al azar, si aspiramos a la excelencia en esto de cohesionar España. Porque el lunes, mientras comparecían los ministros Soria y Margallo tras el anuncio de la expropiación a Repsol, los españoles estábamos con el rostro a medio hacer, en un alarde de cubismo picassiano. Risa o llanto. ¿Nos molesta o no nos molesta?, nos preguntábamos. "Nos molesta, nos molesta", se apresuró a aclararnos el señor Margallo. Y ya todo el mundo pudo llorar a gusto, sabiendo que estaban molestos.

Porque los miembros del Gobierno han salido a defender a Repsol como si fueran espartanos de cómic. A grito pelado y marcando teta de gimnasio, con amenazas un puntito macarras y una expresividad de dolor guerrero a lo Braveheart que no se ha sentido en tres meses de desguace del Estado del bienestar.

A España se la está expropiando, sí, pero no en las oficinas privadas de Repsol, sino en el capital humano que vaga en fila de a uno por las fronteras como si fueran fantasmas. Desde que comenzó la crisis han abandonado el país más de 325.000 españoles, según el Censo electoral de Españoles Residentes en el Extranjero (CERA). Y según las estimaciones de Población del INE, más de 27.000 lo han hecho en el primer trimestre de 2012. En total hay más de un millón y medio de españoles rodando por el mundo. Es una expropiación zombi; de expropiadores de cerebros educados en España  que luego se ven obligados a trabajar fuera por no encontrar una oportunidad en casa.

¿Y quién nos expropia? Pues según el CERA la misma Argentina (¡más madera!), donde se han establecido más de 70.000 españoles desde 2008; nos expropia Francia, Alemania, Reino Unido, Brasil… hasta se puede ver a un pobre diablo inscrito en Tayikistán (al que saludamos desde aquí), que pareció cerrar los ojos y elegir cualquier sitio al azar sobre un atlas. Ésta es la verdadera expropiación a la que nadie da respuesta. La expropiación que ningún ministro ordena llorar. Una auténtica expropiación silenciosa.

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